¿Has considerado recientemente cuán corta es la vida?
El propósito predominante de la literatura de sabiduría es impulsar al pueblo de Dios a pensar. Esta sección de la Escritura con frecuencia nos instruye a maravillarnos ante el carácter de Dios, a contemplar Sus caminos y a recordar Su fidelidad. Además, esta sección nos desafía a buscar la sabiduría de la Palabra de Dios (Sal 1:1-2), a caminar en el temor del Señor y ofrece muchas advertencias a aquellos que rechazan y descuidan los mandamientos y caminos de Dios (Pro 1:28-33).
Aunque hay muchos temas en la literatura de sabiduría que son dignos de examen, el que consideraremos aquí es la brevedad de la vida. En Job 7:6-7, Job dice: “Mis días pasan más veloces que la lanzadera de telar… mi vida es un soplo”.
En Eclesiastés, el hombre más rico y sabio de todos, el rey Salomón, ampliará las palabras de Job al describir la vanidad y la futilidad de la vida. Además, Salomón detallará que la duración de nuestras vidas, aunque es conocida por Dios, es completamente desconocida para nosotros: “Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como peces atrapados en la red traicionera y como aves apresadas en la trampa, así son atrapados los hijos de los hombres en el tiempo malo cuando este cae de repente sobre ellos” (Ec 9:12).

La vida misma es como un susurro hablado al viento o como una vela que, tras ser apagada, deja un humo persistente por solo un breve momento y luego desaparece para siempre. El hermano de Jesús testificaría más tarde sobre estas mismas realidades en el Nuevo Testamento: “Ustedes no saben cómo será su vida mañana” (Stg 4:14).
Como cristianos, estamos comprometidos a vivir para la gloria de Dios, pero para hacerlo, debemos evaluar y examinar eficazmente la fragilidad y la naturaleza fugaz de la vida. En sus resoluciones, Jonathan Edwards valoró correctamente la escasez del tiempo y oró para que el Señor grabara en su conciencia la necesidad de ver nuestro tiempo aquí en la tierra con un profundo sentido de mayordomía. Teniendo en cuenta la brevedad de los días del hombre y la naturaleza eterna de su alma, Edwards oraba: “Señor, estampa la eternidad en mis pupilas”. Edwards se negó a vivir para lo temporal e insistió en hacer esta resolución personal: “He decidido no hacer nunca nada que me daría miedo hacer si fuera la última hora de mi vida”. Edwards fue un hombre inusual en este sentido y por eso fue usado por Dios de una manera inusual.

¿Alguna vez te has hecho la pregunta: “Cómo puedo vivir bien mi corta vida”?
Para responder a esa pregunta brevemente, consideraremos el salmo 90. Aunque es el número noventa en su ubicación, este es el primer salmo en escribirse y el único escrito por Moisés. ¿Qué calificaría a Moisés de manera única para escribir un salmo sobre la brevedad, la transitoriedad y la fragilidad de la vida?
Bueno, para responder a esa pregunta, debemos considerar una tarea diaria de Moisés durante un tercio de su vida: vagar por el desierto… haciendo funerales. Si recuerdas, el pueblo de Israel había desobedecido a Dios y, como resultado, se les ordenó vagar por el desierto durante cuarenta años hasta que muriera toda una generación. Moisés, el pastor de dos millones de personas, hizo más funerales que cualquier otra persona en la historia de la humanidad. Cada día era un recordatorio dramático de la brevedad de la vida y del destino inevitable del hombre. El desierto se convirtió en un campo de huesos. Todos esos funerales… todas esas muertes funcionaron como un recordatorio constante para el pueblo de Dios: “Vas a morir”.

James Montgomery Boice señaló acertadamente: “Este salmo es probablemente el pasaje más grande de la Biblia que contrasta la grandeza de Dios con la fragilidad del hombre”. En el Salmo 90, después de considerar la eternidad, la soberanía y la justicia de Dios en los primeros once versículos, Moisés llega al punto culminante del salmo en el versículo doce: “Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal 90:12). Moisés mira a su alrededor y todo lo que ve son lápidas. Este drama vívido se desarrolló ante los ojos del pueblo de Dios durante cuarenta años e impulsó a Moisés a suplicar a Dios, pidiendo que Él instruyera al pueblo “a contar sus días”.

¿Qué significa contar nuestros días?
Contar nuestros días no significa que cuantifiquemos correctamente la cantidad de días en un año o en nuestra vida proyectada, sino más bien medir el día de hoy a la luz de la eternidad.
Recuerdo haber leído la historia de una leyenda del boxeo que ganó la medalla de oro olímpica en 1968 y luego dominó durante años, ganando finalmente el campeonato de peso pesado en 1973. Además, como vemos con frecuencia hoy, el logro atlético de este hombre fue acompañado de una inmensa riqueza. Lamentablemente, este legendario boxeador se declaró en quiebra en 1983. Lo había perdido todo. ¿Qué podía hacer? Ya era demasiado viejo para volver al boxeo competitivo. ¿Estaba condenado financieramente? Bueno, gratamente, este prolífico boxeador dio un giro a finales de sus cuarenta y recuperó todo el dinero que había perdido y luego hizo millones más. Lo hizo, no boxeando, sino comercializando parrillas eléctricas portátiles, tituladas apropiadamente: George Foreman Grills (cambió el título de boxeador por el de la marca). El boxeador, que una vez lo perdió todo, ahora tiene un patrimonio de más de 300 millones de dólares gracias a sus famosas máquinas para hacer paninis.

Las fortunas pueden perderse y reconstruirse, pero nadie puede recuperar el ayer. Una vez que el tiempo se ha ido, se ha ido para siempre. Consideramos el número en nuestras cuentas de jubilación, pero ¿has considerado el número fugaz de tus días? Moisés sabe que el tiempo mismo es como arena que se filtra entre nuestros dedos. Podemos intentar aferrarnos al tiempo, pero cuanto más intentamos capturarlo, más nos evade. A la luz de esta realidad, Moisés suplica a Dios que le conceda una perspectiva adecuada de la transitoriedad de la vida.
Curiosamente, administrar nuestro tiempo y vivir para la gloria de Dios no comienza con una larga lista de tareas pendientes; comienza con un profundo sentido de satisfacción en la misericordia de Dios. Moisés le ruega a Dios en el versículo catorce: “Sácianos por la mañana con Tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días” (Sal 90:14).

Nuestras vidas suelen estar condicionadas para responder a la brevedad de nuestra existencia con un renovado sentido de disciplina moralista. La disciplina en sí es algo bueno, pero para administrar bien nuestras cortas vidas, Moisés nos invita a establecer un nuevo compromiso matutino orando para que Dios nos sacie con Su misericordia.
Después de considerar la misericordia de Dios en el versículo catorce, Moisés le pedirá a Dios en el versículo diecisiete: “Y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma” (Sal 90:17). El salmista no nos conduce hacia la desesperación; nos conduce hacia una dependencia de la gracia y el amor de Dios.
¿Cómo podemos vivir bien nuestras cortas vidas?
Corriendo a la fuente de la satisfacción: la misericordia de Dios. Además, debemos suplicar a Dios que ponga Su mano de gracia sobre nuestras vidas. Moisés entendió correctamente que, aparte del favor, la gracia y la bondad del Señor, nada en nuestras vidas tendrá un significado duradero. C. T. Studd dijo una vez: “Solo una vida, pronto pasará; solo lo que se hace por Cristo durará”. Esto es muy cierto; solo lo que se hace por Cristo durará. Pero Moisés nos lleva un paso más allá: solo aquello que se hace por Cristo y es confirmado por Cristo durará verdaderamente.

La Escritura nos impulsa a pensar. Específicamente aquí, Dios, por medio de Su Palabra viva y activa, nos invita a considerar estas preguntas: ¿estás contando tus días a la luz de la eternidad? ¿Has considerado la brevedad de esta vida y la perpetuidad de la siguiente? Si no es así, haz la oración de Moisés: “Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal 90:12).
Publicado originalmente en For The Gospel.