La Biblia no es un libro. Sé que hablamos de la Biblia como si fuera un libro. Sé que alabamos a Dios por darnos Su libro. Sé que compramos nuestras Biblias en las librerías. Pero no es un libro, no realmente. Hemos confundido su naturaleza con su forma.

La Biblia es una colección de libros. Es una colección de todo lo que Dios quiso comunicarnos mediante palabras inerrantes e infalibles. El apóstol Pedro lo describe bien: “Pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2P 1:21). Dios habló, los hombres escribieron. Los hombres escribieron las palabras exactas de Dios, exactamente como Él las exhaló. Durante 1.600 años, estos hombres las escribieron como historias, como cartas, como profecías y como poesía. Escribieron todo lo que Dios habló hasta que dejó de hablar.
¿Qué debía hacerse con todos estos escritos? La respuesta era obvia: recopilarlos y unirlos para formar un canon, las obras completas de un solo autor. En tiempos de Moisés, la Biblia eran palabras pronunciadas, memorizadas y transmitidas por tradición oral. En tiempos de Jesús, la Biblia era una colección de pergaminos. En tiempos de Pablo, la Biblia era esa misma colección de pergaminos a la que se añadieron cartas escritas a mano. Pero en todas sus formas siempre ha sido la Biblia.

Hoy conocemos la Biblia como el buen Libro solo porque durante los últimos siglos el libro ha sido el medio dominante por medio del cual nos encontramos con ella. Pero no siempre ha sido así, y no siempre será así. Como el medio dominante ha cambiado, también lo ha hecho su forma. Hoy es el buen Libro, pero antes fue el buen Códice y antes de eso, el buen Pergamino.
He aquí por qué te digo todo esto: la Biblia trasciende la forma, trasciende los medios. No solo eso, sino que cualquiera que sea la forma, cualquiera que sea el medio, ha demostrado ser dominante. La razón por la que tenemos tanta confianza en que ha sido transmitida fielmente a lo largo de la historia es que ha sido ampliamente copiada y difundida en todas sus formas.

Dentro de poco, la Biblia dejará de ser el buen Libro para convertirse en la buena App. A medida que la información migre a los medios digitales, la Biblia también lo hará, como ha sucedido con todos los demás medios literarios. Pero por medio de nuestro pequeño vistazo a la historia sabemos que no tenemos nada que temer de la apificación de la información, es decir, al proceso de digitalizar información. Desde el nacimiento de la imprenta, la Biblia ha sido el libro más dominante. No tenemos motivos para dudar de que, con el tiempo, será la aplicación dominante. Y cuando las aplicaciones hayan tenido su día y pasemos a lo que sea que venga después, la Biblia permanecerá y dominará.
Cuando un medio deja paso a otro, hacemos bien en recordar lo que la Biblia es en realidad. No es un libro, sino algo mucho mejor y mucho más trascendente. Son las palabras perdurables de Dios mismo.
Publicado originalmente en Challies.