El amor no hace mal

Recordemos que no solo cosas malas salen del corazón, también las palabras y emociones más sinceras y amables salen de ahí.

Si algo digno tenemos los cristianos, es el Espíritu Santo que mora en nosotros. No podemos jactarnos de nada valioso que hagamos, que seamos, que digamos si no es aquello que Cristo ha hecho en nosotros. Así que realmente lo bueno que ve la gente en nosotros, en realidad es Jesús y solo Él.  Este acto de mostrar a Cristo, debe ser una norma que como cristianos, mostremos al prójimo. Continuamente estamos predicando sobre el trato a los demás, entonces ¿por qué nos olvidamos de esto cuando tratamos con nuestros hermanos? Todo va bien, mientras no toquemos temas de doctrina, porque acá, parece olvidarse este asunto del amor.      Si bien, tenemos puntos de vista diferentes en cuanto a temas secundarios, esto no debe causar una división ni contienda con nuestros hermanos. Todo tema que se mantiene en la periferia de nuestra fe es uno que puede llevarse en un sano debate, no hay necesidad de atacarnos y mucho menos ofendernos o tratarnos como «herejes». El hecho que podamos tener un fruto llamado «dominio propio» debería recordarnos constantemente la necesidad de mantenerse humilde en todo momento.   Humildes para aprender del otro, para escucharlo, para disentir o concordar, pero, principalmente para convivir en santidad. Leí hace poco, algo que aplica bien al tema de los debates, que éstos constan de «un verdadero esfuerzo por parte de ambos interlocutores por entenderse en vez de hacer preguntas por el mero afán de refutarlas».[1] ¡Cuán importante es escucharnos!    Debemos comprender, que, si partimos de una misma base, de un mismo credo, de una misma Escritura, de un mismo Dios; no tendríamos por qué entrar en acaloradas discusiones porque uno piensa que el infierno es ardiente y lleno de gritos y para el otro es simplemente la ausencia total de Dios.  Si estamos viviendo en los días finales, o aún falta mucho para que Jesús vuelva. Si son mil años literales o no… ¿No podemos debatir estos temas sin insultar o condenar al otro?  Entiéndase, que estoy hablando de temas periféricos, temas que de ninguna manera ponen en duda nuestra salvación, o que ameriten una seria exhortación o incluso, una re-evangelización.   Alguna vez alguien me comentó que era malo discutir, incluso debatir entre hermanos. Creo que ese también es un extremo. Como seres humanos dotados de un cerebro y de un discernimiento, es un impulso natural el querer aprender e investigar a fondo temas de nuestro interés, y ¿qué mayor tema de interés entre cristianos que las Escrituras? Pienso que está bien que las estudiemos, que escudriñemos y que generemos este tipo de análisis y debates sobre doctrinas, pienso que un debate es sano entre cristianos porque podemos retroalimentarnos o conocer otros posibles escenarios. Siempre y cuando no lleguemos a la ira o al enojo. ¿Por qué nos es tan difícil aceptar un punto de vista distinto?  Creo que es algo que todos hemos cometido en algún momento de nuestro crecimiento cristiano. Gracias a Dios que nos va moldeando y disciplinando. Dios es paciente y misericordioso con nosotros, y nos dota de un carácter más amable y amoroso el cual debemos procurar. A veces nos enfocamos mucho en recordarnos sobre el amor al prójimo y nos olvidamos de que nosotros somos ese prójimo también.   Es más sano tener una amistad real con un hermano en Cristo, es más nutrido nuestro crecimiento si nos aprendemos a comunicar. Es más honroso poder debatir sobre nuestras percepciones y opiniones bajo un fundamento lleno de amor y respeto, que estar enfureciéndonos. ¿Cómo nos mirará Dios cuando reaccionamos con ira y ofendemos a nuestros hermanos?   ¿Dónde queda 1 Juan 4:8? «El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor». Esto aplica a las correcciones que debemos hacer cuando alguien inevitablemente se equivoca sobre algún tema. Y espero que seamos lo suficientemente maduros y humildes para aceptar las correcciones cuando las necesitemos, somos hombres, no somos infalibles: pero sí somos Hijos de Dios y somos guiados por Él hacia Su verdad.  Tratémonos con amor, con respeto, no le quitemos a nadie su valor porque pensamos distinto. Recordemos que somos piezas de barro siendo moldeadas por Dios, nuestro alfarero fiel y, con eso en mente, dirijámonos a nuestro hermano en sumisión, respeto y amor. Pablo dice: «El amor no hace mal al prójimo» (Ro. 13:10 NBLA).  Recordemos que no solo cosas malas salen del corazón, también las palabras y emociones más sinceras y amables salen de ahí. Procuremos el bien de nuestro hermano, procuremos tener discusiones sanas, debates profundos sin pecar.  Que nuestro corazón viva en una continua entrega al Señor.     1 Werner Wilhelm Jaeger. “Cristianismo primitivo y paideia griega”, (Fondo de Cultura Económica, 2020); pg. 41. 

Priscila Fonseca

Priscila es conocida como la Bibliotecaria de la Apologética en la comunidad hispana. Estudia la Licenciatura en Teología Aplicada en el Seminario Bíblico de México, y ha sido ponente de varias conferencias apologéticas. Además es traductora de textos teológicos y apologéticos en Worldview Media, bloguera y creadora de «Encuéntrame en el Cielo», y profesora en RTM Academy. Colabora con Papiro 52 y HarperCollins México en la difusión de literatura cristiana. Vive en México junto a su esposo Cristian.

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