Marzo 4
Haré con ellos un pacto eterno, de que Yo no me apartaré de ellos para hacerles bien…Me regocijaré en ellos haciéndoles bien… (Jeremías 32:40-41).
Esta es una de esas promesas de Dios a las que acudo una y otra vez cuando estoy desanimado. ¿Se te ocurre algo más alentador que el hecho de que Dios se regocija en hacerte bien? No solo te hace bien. No solo se compromete a hacerte bien, por glorioso que sea. Sino que se regocija en hacerte bien. “Me regocijaré en ellos haciéndoles bien”.
Él no cumple a regañadientes Su promesa de hacer que todo coopere para bien para nosotros (Romanos 8:28). Es Su gozo hacernos bien; y no solo a veces: ¡siempre! “Yo no me apartaré de ellos para hacerles bien”. No hay fallas en Su compromiso ni en Su alegría al hacer el bien a Sus hijos: a aquellos que confían en Él.
Eso debería alegrarnos.
Aunque algunas veces es difícil estar alegre. En ocasiones, nuestra situación es tan difícil de tolerar que simplemente no podemos mostrar ningún gozo. Cuando eso me ocurre, trato de imitar a Abraham, quien “creyó en esperanza contra esperanza” (Romanos 4:18). En otras palabras, miras tu situación desesperanzada de frente y dices: “¡No eres tan fuerte como Dios! Él puede hacer lo imposible. Y sé que le encanta hacerlo por quienes confían en Él. Así que, desesperanza, no tendrás la última palabra. ¡Yo confío en Dios!”.
Dios siempre ha sido fiel en proteger esa pequeña chispa de fe en mí, que con el tiempo (no inmediatamente) se enciende para convertirse en una llama de felicidad y confianza plena. Y Jeremías 32:41 tiene gran parte en ese gozo.
¡Cuánto me alegra que aquello que hace más feliz al Dios Todopoderoso sea hacernos bien, a ti y a mí! “Me regocijaré en ellos haciéndoles bien”.
