Sin duda, las cosas suelen estar bastante agitadas en estos días mientras te preparas para celebrar la Navidad, pero Dios es bueno, y hay muchas oportunidades para el crecimiento espiritual que Él no quiere que pases por alto.
Lo interesante de esta época del año es que todos, incluidos los no creyentes, suelen disfrutar escuchar canciones sobre Jesús y ver “nacimientos”. Esto convierte a diciembre en un tiempo estupendo para compartir el evangelio con nuestros familiares no creyentes y ayudar a los miembros regenerados de nuestra familia a crecer en su fe. Sin embargo, aunque la historia de la encarnación está presente en el ambiente de casi todas las tiendas, con mucha frecuencia parece incapaz de cambiar corazones. Cada año, las mismas emisoras de radio ponen “Oíd un son en alta esfera”, “Allá en el pesebre”, “María, ¿sabías?”, “Noche de paz” y “Al mundo paz”, todo ello sin señales de avivamiento. Y aunque la Navidad es una de las dos ocasiones en que la mayoría de las personas que no se congregan consideran asistir a un servicio de adoración, al día siguiente regresan de inmediato a sus vidas sin Cristo.
¿Cómo celebrar la Navidad?
Pregúntate esto: ¿celebrar la Navidad de la misma manera que todos los demás ayudará a que nuestras familias y amigos vean la luz del evangelio y crezcan a la imagen de nuestro Señor? Yo no lo creo, y me gustaría compartir contigo una pequeña práctica adicional que puedes incorporar a tu celebración navideña y que quizá ayude a todos en tu vida, a tener una comprensión más realista del bebé en el pesebre. Y para quienes ya seguimos a Cristo, estos pasos pueden profundizar nuestra adoración y alabanza al recordarnos la importancia de la encarnación.
Por supuesto, pon el árbol, envuelve los regalos, bebe chocolate caliente y mira Mi pobre angelito. Tómate todos los días libres que puedas y pasa mucho tiempo con tu familia. En resumen, sigue celebrando la Navidad como siempre lo has hecho, pero haz este cambio: no te quedes en el pesebre.

Creo que la manera cómo muchos cristianos celebran la Navidad, a veces se percibe ante el mundo como un truco de magia mal ejecutado. Quizás no lo hayas considerado, pero he pasado gran parte de mi vida estudiando el ilusionismo; incluso lo practiqué profesionalmente durante algunos años. Mi punto es este: en la magia de escenario o callejera, hacer que algo aparezca o desaparezca es solo una fracción del truco. Los ilusionistas aficionados hacen aparecer algo de la nada y confían en el artilugio o la técnica para asombrar al público; a menudo la reacción es suficiente para que el mago inmaduro siga dependiendo del truco. Pero los espectáculos verdaderamente asombrosos tienen capas y matices, historias y discurso. El artilugio o la técnica es solo una pequeña parte de la actuación prevista.

Ahora bien, aunque la encarnación es infinitamente más que un simple truco de magia, apliquemos el principio de esta metáfora a la Navidad. Sí, Cristo vino a esta tierra en una impresionante manifestación del poder y la sabiduría divinos cuando nació de una virgen, en cumplimiento de antiguas profecías… pero eso fue solo el acto inicial de la historia celestial de Dios. Jesucristo no vino a esta tierra simplemente para nacer de una virgen en un establo. Vino a vivir una vida perfecta, morir una muerte sacrificial, resucitar y ascender al Padre para comprar la redención del género humano. El nacimiento virginal simplemente confirmó Su venida y preparó el escenario para todo lo que seguiría, pero, lamentablemente, no celebramos esos acontecimientos durante la Navidad. Dejamos el resto de la historia sin contar hasta la Pascua. Y cuando llega la Pascua, que suele ser menos celebrada, gran parte del mundo ya ha dejado atrás la natividad y no logra ver la conexión. Así que lo que todos necesitamos esta Navidad es el resto de la historia. Comienza con el nacimiento, pero dedica tiempo en tus celebraciones a señalar la vida santa que Jesús vivió. Si no se hubiera dedicado a obedecer perfectamente al Padre, nunca habría podido llevar nuestro pecado en la cruz. Y si hubiera permanecido muerto, jamás habría podido redimirnos del dominio de Satanás.

El propósito de la Navidad
¿Lo ves? Hay un propósito en la natividad. Fue el acto inicial de la preparación del Cordero para el sacrificio. Pero cuando nuestra celebración navideña se detiene en el pesebre, terminamos adorando solo a un bebé: no al Salvador victorioso del mundo, no al gran Yo Soy en forma humana. Creo que esta es una de las razones por las que la Iglesia católica romana ha puesto demasiado énfasis en María y le ha otorgado un estatus que nunca debió tener (ni ella habría deseado). Cuando nos enfocamos únicamente en el nacimiento virginal, se vuelve fácil admirar, venerar y seguir a los adultos del relato, porque es realmente difícil identificarse con un bebé. Pero José, María, los pastores y los sabios no son más que sombras en comparación con el adulto, en que aquel Bebé, llegaría a convertirse. Sin embargo, cuando celebramos la natividad y luego miramos hacia la cruz, los personajes mortales se desvanecen y nos quedamos con nada menos que el glorioso y completo milagro de Emanuel: ¡Dios con nosotros!

Así que, si este año te gustaría enfocar tu celebración navideña en algo más que el pesebre, aquí tienes tres cosas que puedes intentar:
- Consigue un devocional de Adviento y síguelo en los días previos a la Navidad.
- El día de Navidad, lee el relato navideño. A la mayoría le gusta el de Lucas 2:1-20. Por supuesto, comenzar desde el inicio del Evangelio de Lucas y leer hasta Lucas 2:52 ofrece el relato más completo del tiempo previo a Su nacimiento y de Su niñez.
- Luego, entre el segundo y el décimo segundo día de Navidad, adéntrate en los Evangelios para ver Su vida, muerte y resurrección. Podrías leer solo dos capítulos al día durante esos once días y terminar todo el Evangelio de Juan para el 6 de enero.
Cuando nos enfocamos en algo más que el pesebre, nosotros y quienes nos rodean, tenemos la oportunidad de ver el cuadro completo y responder a la encarnación de Cristo con fe, adoración y un cambio genuino.
