Cómo enseñar historia de la iglesia a tu congregación

La historia de la iglesia es una materia común en los seminarios. ¿Por qué es importante que los pastores conozcan la historia eclesiástica? ¿Por qué es importante también para todos los cristianos? ¿Qué peligros existen cuando se desconoce la historia de la iglesia?
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Hay una variedad de razones para estudiar la historia de la iglesia, para que los pastores sepan algo de la historia y puedan comunicar un mínimo de esta a sus congregaciones. Básicamente, debemos estudiar la historia del cristianismo o de la iglesia para entender quién somos, cómo llegamos a este momento en la historia, y porque creemos lo que creemos. A veces el cristiano piensa que hubo un salto directamente de la iglesia del primer siglo a su propia iglesia local. Pero no es así. Han pasado dos mil años de debates teológicos, guerras religiosas, persecuciones, esfuerzos misioneros, momentos de decaída y de avivamiento en la iglesia, y millones de vidas fieles de cristianos comunes y corrientes. Por eso, necesitamos entender y enseñar la historia de la iglesia:

  • Nuestra fe (nuestras creencias, doctrinas, experiencia y práctica) no es simplemente una filosofía. Nuestra fe está basada en la obra de Dios en la historia; o sea, su acción en tiempos y lugares particulares. Si nuestra fe no es histórica, no vale más que cualquier otra filosofía humana. 

  • Creemos que la iglesia no es una creación humana. Sí, tiene aspectos humanos e institucionales. Sí, sabemos que muchas veces la iglesia y los cristianos han fallado miserablemente, pero las faltas de la iglesia no significan que Dios ha fallado. Más bien, la historia refleja la gracia de Dios hacia nosotros, la iglesia, y el privilegio y la responsabilidad que tenemos de caminar con el Espíritu Santo en la obra de redención. Cuando uno estudia la historia de la iglesia a veces hay momentos que dan vergüenza y a veces hay momentos de orgullo santificado. Más que todo hay una apreciación de cómo Dios ha obrado a veces por medio de cristianos fieles y, a veces, ¡a pesar de cristianos en error! Estudiar la historia nos recuerda que Dios es el creador y dueño de la historia.
Estudiar la historia de la iglesia permite a los pastores conocerla y comunicar lo esencial a sus congregaciones. / Foto: Lightstock
  • Nuestra tarea tiene que ver con la historia. Al contrario de otras religiones y filosofías, el cristianismo no rechaza la historia, no trata de escapar la historia, ni tampoco dice que Dios niega relacionarse con la historia y el mundo material. Al contrario, Dios actúa y obra en la historia, desde la creación hasta la restauración escatológica. Vivimos en la historia, una historia con propósito y dirección. Nuestra tarea es histórica; o sea, la gran comisión y el gran mandamiento tiene que ver con personas reales en un mundo y un destino reales e histórico.

  • Sabemos que somos parte del cuerpo de Cristo histórico y necesitamos saber cómo la iglesia entendió y aplicó la Biblia en tiempos pasados. Por supuesto que podemos confiar en la Biblia que tenemos ahora. Podemos y debemos leerla, estudiarla, y predicarla con toda confianza. Sin embargo, las conclusiones doctrinales que creemos no las recibimos en un vacío histórico. Lo que creemos es un resultado de siglos en los cuales cristianos fieles también leyeron y aplicaron la Biblia. A veces necesitamos reproducir la experiencia de ellos; a veces necesitamos corregir o evitar lo que ellos creyeron e hicieron. No queremos cometer el error del “presentismo”, o sea, tener la arrogancia de creer que solo nosotros realmente sabemos y entendemos la fe. Al contrario, tenemos la bendición de 2.000 años de debate, controversia, y eventos históricos. Estamos parados sobre los hombros de millones de cristianos fieles de tiempos pasados. Estudiamos la historia para entender quién somos y por qué lo somos.
Sabemos que somos parte del cuerpo de Cristo histórico y necesitamos saber cómo la iglesia entendió y aplicó la Biblia en tiempos pasados. / Foto: Lightstock

¿Hay algunos períodos o eventos históricos en particular que las personas laicas deben conocer?

Si uno hace esa pregunta a una docena de historiadores ¡recibirá dos docenas de respuestas! Yo diría que hay cuatro períodos para conocer y entender:

  • Los primeros cinco siglos. Fueron estos siglos de persecución, de las primeras defensas de la fe, del primer avance cristiano, y de los primeros concilios de la iglesia donde se definió las doctrinas ortodoxas que todo cuerpo cristiano cree.

  • La era de la Reforma. Todo grupo protestante y evangélico puede encontrar algo de su trasfondo histórico y doctrinal en esta era de Lutero, Zuinglio, Calvino o los anabautistas. 
Todo grupo protestante y evangélico puede encontrar algo de su trasfondo histórico y doctrinal en la era de la Reforma. / Imagen: Meister Drucke
  • El gran siglo de las misiones: el siglo diecinueve. Esta fue la era cuando la iglesia protestante/evangélica redescubrió la importancia de la gran comisión como mandamiento a todo cristiano y toda iglesia.

  • Ahora mismo. A veces no pensamos en nuestro propio tiempo como “historia”. Sin embargo, todo cristiano, y especialmente pastores, deben estar estudiando los eventos actuales y la cultura en que viven y ministran. La iglesia no será derrotada, pero si puede ser temporalmente atacada, influenciada, desviada y confundida por todo lo que está ocurriendo en el mundo. Estamos viviendo en la historia. ¿Qué dirán de nosotros como iglesia en cien, doscientos y más años?

¿Cómo podría un pastor incorporar la historia de la iglesia en su predicación? ¿En qué maneras pueden las iglesias enseñar a sus miembros sobre la historia de la iglesia?

Esto es realmente un desafío. A muchas de las personas no les interesa la historia y, a veces, eso fue porque no tuvieron buenos maestros de historia. Tristemente, muchos pastores tampoco son buenos maestros de historia. Un pastor podría ofrecer cursos o vistazos de la historia en estudios, pero dudo que muchos asistirían. Lo mejor, y lo más difícil, es incorporar ejemplos e ilustraciones históricos en los sermones. También se podría tener breves “momentos históricos” en los boletines, en el sitio web, o comunicado por medios sociales. De esta manera se está ofreciendo momentos importantes de la historia en bocadillos más agradables. Como dije, esto es más difícil que simplemente ofrecer un curso en historia porque hay que buscar y seleccionar eventos y personajes que realmente ilustran el sermón. ¡La ilustración histórica debe ayudar a la congregación a entender mejor el sermón, no distraerlos ni confundirlos! 

Enseñar historia en la iglesia es un reto, pero integrarla con breves ejemplos e ilustraciones en los sermones puede ayudar a que ilumine el mensaje sin distraerlo. / Foto: Lightstock

Concluyendo, simplemente quiero decir que la historia le ayuda a uno entenderse mejor. Si uno conoce la historia de su familia (padres, abuelos, bisabuelos) le ayuda a entender porque creen y actúan tal como lo hacen. Si uno quiere entender porque su patria es como lo es, hay que estudiar su historia. Si uno quiere entender, apreciar, y aun dar gracias por lo que es su iglesia local, su denominación, y la iglesia universal de Cristo… bueno, hay que estudiar, aprender, conocer, y apreciar su historia.

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Terry Coy

Terry Coy

Terry Coy es de Oklahoma City, pero fue criado en Chile donde sus padres fueron misioneros bautistas por 35 años. Ha estado casado con Sandy por 50 años. Tienen dos hijas y cinco nietos. Vive en el área de Fort Worth, Texas. Recibió su MDiv y el PhD en Teología Sistemática del Southwestern Baptist Theological Seminary. Sirvió por 25 años con la Asociación Bautista de Tarrant (Fort Worth) y luego la Convención de Bautista del Sur en Texas. Ahora sirve como profesor y director interino del programa de estudios hispanos del Southwestern Baptist Theological Seminary.

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