Junio 22
Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).
Hay una santidad práctica sin la cual no veremos al Señor. Muchos viven como si esto no fuera cierto.
Hay cristianos profesantes que viven vidas tan contrarias a la santidad, que un día escucharán las terribles palabras de Jesús: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad” (Mateo 7:23). Pablo les dice a creyentes profesantes: “Si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir” (Romanos 8:13).
Así que hay una santidad sin la cual nadie verá al Señor. Aprender a luchar por esa santidad mediante la fe en la gracia venidera es sumamente importante.
Existe otra manera de buscar la santidad que resulta contraproducente y nos conduce a la muerte. Pablo nos advierte contra servir a Dios de otra manera que no sea por fe en Su gracia habilitadora. Dios no es “servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:25). Cualquier esfuerzo por servir a Dios que no dependa, en ese mismo acto, de Él como la recompensa de nuestro corazón y el poder de nuestro servicio, lo deshonrará como un dios pagano necesitado.
Pedro describe la alternativa a ese servicio autosuficiente a Dios: “El que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (1 Pedro 4:11). Y Pablo dice: “No me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí” (Romanos 15:18; ver también 1 Corintios 15:10).
Momento tras momento, la gracia llega a capacitarnos para llevar a cabo “toda buena obra” que Dios nos asigne. “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).
La batalla por las buenas obras es la lucha para creer en esta gracia venidera.
