Un llamado al esposo: cultivar el corazón de su esposa

El esposo debe “convivir” con su esposa, pero eso va mucho más allá de la simple coexistencia. Es una vocación.
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El llamado de un esposo con respecto a su esposa puede entenderse en términos del mandato original que Dios dio a los hombres: cultivar y cuidar. La enseñanza de Pablo sobre el matrimonio enfatiza la conformidad del ministerio de un esposo con el de Cristo por la iglesia. Las esposas deben someterse a sus esposos porque el esposo tiene un papel limitado, pero genuinamente semejante al de Cristo en el matrimonio. Es decir, así como Cristo edifica a Su pueblo, un esposo cristiano debe edificar y alentar a su esposa. Este es el componente de “cultivar” en el papel de un esposo: su llamado a mantener un ministerio sustentador de amor hacia su esposa.

Vemos este llamado en la declaración de Pablo de que Cristo trabajó para “santificar” a la iglesia, “habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra” (Ef 5:26). Santificar algo es “hacerlo santo”. Luego, Pablo explica que Cristo quería presentarse la iglesia a Sí mismo “en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada” (Ef 5:27). Esto nos dice que la primera preocupación de un esposo por su esposa debería ser su bienestar espiritual: su relación con el Señor y la fuerza y el poder de su fe. Pablo no está diciendo que los maridos deban presionar violentamente a sus esposas a que actúen con base en alguna idea de cómo es que una esposa cristiana debe actuar. Más bien, el esposo debe considerar a su esposa cristiana como santa a los ojos de Dios, y debe tratarla, en palabras de Pedro, teniendo en cuenta que es “heredera como ustedes de la gracia de la vida” (1P 3:7).

El esposo está llamado a edificar y alentar a su esposa. / Foto: Pexels

En resumen, un esposo está llamado a edificar la fe y la esperanza de su esposa en Cristo a través de su ministerio de la Palabra de Dios en la vida de ella. Pablo dice que Jesús “purificó” la iglesia, Su pueblo, “por el lavamiento del agua con la Palabra” (Ef 5:26). Esto pudiera parecer confuso, ya que Jesús nos limpió con Su sangre expiatoria. Pero Pablo se está refiriendo aquí a la forma en que Jesús pidió que se predicara Su mensaje del evangelio, para que a través de la fe en Él, la gente pudiera ser limpiada y perdonada. Del mismo modo, dice Pablo, un esposo cristiano debe ministrar las promesas del evangelio en la Biblia para alentar a su esposa.

La enseñanza de Pablo sobre el matrimonio se complementa con un pasaje paralelo de Pedro, un pasaje que, en todo caso, es todavía más claro y directo. Después de ordenar a las mujeres que se sometan a sus maridos, Pedro se vuelve hacia los hombres: “Ustedes, maridos, igualmente, convivan de manera comprensiva con sus mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas” (1P 3:7).

El esposo cristiano está llamado a fortalecer la fe y la esperanza de su esposa mediante la Palabra. / Foto: Lightstock

Pedro responde una pregunta que todos debemos hacer cuando nos enfrentamos a las enseñanzas de Pablo sobre el ministerio de la Palabra de Dios de un esposo: “¿Qué se supone que debo decirle? ¿Cómo puedo saber qué de las Escrituras alentará a mi esposa?”. Pedro responde de tres maneras. Primero, dice, convive en estrecha comunión con tu esposa. Segundo, préstale atención y conoce lo que está sucediendo en su interior. En tercer lugar, él insiste, actúa de una manera que evidencie que la aprecias profundamente. Consideremos cada uno de estos importantes mandatos para los esposos.

Convivir

Primero, Pedro dice: “Maridos… convivan de manera comprensiva con sus mujeres”. La mayoría de los hombres responden: “Muy bien, ya puedo quitar eso de la lista: ¡Vivimos en la misma casa!”. Pero, por supuesto, ese no es el punto de Pedro. Más bien, debes convivir con tu esposa. La palabra para “convivir” es la palabra griega que significa “comuna” de donde viene el sustantivo comunidad. Pedro dice que los maridos deben convivir con sus esposas en una sola vida compartida.

Los esposos deben interesarse por las cosas que le interesan a la esposa. / Foto: Unsplash

Los esposos deben interesarse por las cosas que le interesan a la esposa (la esposa debe hacer lo mismo). La pareja debe pasar tiempo juntos y vivir a un mismo ritmo. Con esto en mente, me parece importante que, en la medida de lo posible, un esposo y una esposa se acuesten juntos y se levanten juntos. Es extremadamente valioso para una pareja hablar y orar por la noche antes de dormir, y comenzar el día con ánimo y oración. Pedro sugiere claramente que un esposo que vive en comunión con su esposa estará en mejores condiciones para ministrarle.

Prestar atención

Al elaborar su punto, el apóstol dice que los hombres deben convivir con sus esposas “de manera comprensiva”. Este pasaje contiene una de mis mayores frustraciones respecto a la traducción bíblica. El texto original no dice que los hombres deben simplemente “ser comprensivos”, como algunas versiones traducen. Pedro no solo les dice a los maridos que bajen la tapa del inodoro (aunque esta no es una mala idea). El texto griego en realidad dice que los maridos deben convivir con sus esposas “con conocimiento” o “sabiamente”. En otras palabras, un esposo debe saber qué está pasando con su esposa.

El esposo debe conocer a su esposa y prestar atención a lo que vive. / Foto: Unsplash

Este es un examen que doy a los esposos que desean ser más fieles en el ministerio a sus esposas. Si te detengo en cualquier momento, ¿podrías darme un bosquejo de la agenda de tu esposa para ese día? ¿Podrías identificar al menos un problema importante que esté en su mente y que cargue su corazón, haciéndola sentir miedo, frustración o preocupación? Estas son las cosas que Pedro tiene en mente. La mayoría de los esposos no tienen ni la menor idea de lo que sucede con las agendas de sus esposas, y mucho menos qué desafíos están cargando sus corazones.

Una buena manera de averiguarlo es preguntar. Un esposo pudiera decir: “Querida, quiero ministrarte hoy, así que ¿puedes decirme si algo está cargando tu corazón?”. Ahora, si él ha estado en comunión con ella, como decía el versículo, probablemente ni siquiera tendrá que preguntar. Pero si tiene duda, debe preguntar. La realidad es que un marido debe saber lo que está sucediendo en el corazón y la mente de su esposa si quiere ministrarla fielmente en oración y con la Palabra de Dios.

El esposo debe conocer las preocupaciones de su esposa para apoyarla fielmente con la oración. / Foto: Envato Elements

Dar honor

Pedro también les dice a los maridos que vivan “dándole honor” a la esposa (1P 3:7). El punto aquí no es simplemente que un esposo sea cortés y educado con su esposa, aunque este es ciertamente un buen consejo. La palabra para “dándole honor” podría expresarse mejor como “apreciándola” (la palabra griega aquí, “timé”, se usa para asignar un alto precio a los objetos en el mercado). Un esposo debe transmitirle a su esposa que la valora mucho, que ella es preciosa para él.

¿Regalarle flores o joyas es la mejor manera de hacer esto? Mi experiencia dice que estas son formas relativamente fáciles de comunicar lo valiosa que es una esposa. Pero creo que la principal manera es a través de los dos primeros mandatos de Pedro: nuestro tiempo y atención. Recomiendo que un esposo simplemente le pregunte a su esposa: “¿Qué te hace sentir que te valoro?”, y que tome en serio lo que ella le diga.


Este artículo fue extraído del libro El mandato masculino, de Richard Phillips, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes adquirir el libro aquí.

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Richard Phillips

Richard D. Phillips es Ministro Principal de la histórica Segunda Iglesia Presbiteriana en Greenville, SC. Es autor de treinta y cinco libros y frecuentemente habla en conferencias sobre la Biblia y la Teología Reformada. Ha sido el presidente de la Conferencia de Filadelfia sobre Teología Reformada desde 2000 y es co-editor de la serie Reformed Expository Commentary (P&R). El Dr. Phillips es profesor adjunto en el Seminario Teológico de Westminster , donde es miembro de la Junta de Síndicos. También es miembro de la Junta Directiva de Alliance of Confessing Evangelicals , el Council of The Gospel Coalition y el Council of the Gospel Reformation Network . Sus títulos incluyen un DD del Greenville Presbyterian Theological Seminary , un M.Div. del Seminario Teológico de Westminster , un MBA de la Universidad de Pennsylvania y un BA de la Universidad de Michigan. Él y su esposa, Sharon, tienen cinco hijos y viven en Greenville, SC. Rick es un ávido seguidor de los deportes de la Universidad de Michigan y disfruta leyendo ficción histórica.

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