Octubre 13
A fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efesios 2:7).
Para mí, la imagen más asombrosa que la Biblia ofrece de la segunda venida de Cristo está en Lucas 12:35-37, que describe el regreso de un señor de una fiesta de bodas de esta manera:
Estén siempre preparados y mantengan las lámparas encendidas, y sean semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad les digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.
Sin duda, somos llamados siervos, y eso significa que debemos hacer exactamente lo que se nos dice. Pero lo maravilloso de esta imagen es que el “señor” insiste en servir. Quizás esperábamos esto durante el ministerio de Jesús en la tierra, ya que dijo: “Ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Pero Lucas 12:35-37 es una imagen de la segunda venida, cuando el Hijo del Hombre vendrá en la gloria cegadora de Su Padre “con Sus poderosos ángeles en llama de fuego”, como dice 2 Tesalonicenses 1:7-8. ¿Por qué se representaría a Jesús como un camarero en la segunda venida?
Porque la esencia misma de Su gloria es la plenitud de la gracia que se desborda en bondad hacia los necesitados. Por eso Efesios 2:7 dice que Su objetivo es “mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.
¿Cuál es la grandeza de nuestro Dios? ¿Qué lo hace único en el mundo? Isaías responde: “Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención, ni el ojo había visto a un Dios fuera de Ti que obrara a favor del que esperaba en Él” (Isaías 64:4). No hay otro dios como este. Él nunca renuncia a Su rol de benefactor inagotable para Su pueblo, siempre dependiente y feliz.
