Octubre 12
«Y que los nuestros aprendan a ocuparse en buenas obras, atendiendo a las necesidades apremiantes, para que no estén sin fruto». Tito 3:14
No estás aquí por casualidad, sino por elección de Dios. No te inventaste a ti mismo, ni tuviste ninguna parte en tu propia creación. Fuiste formado en el vientre de tu madre (Sal 139:13). La mano de Dios te formó para ser la persona que eres; Él te creó en el momento exacto que Él deseaba, y Él te ha colocado en este punto de la historia para que tú, en Cristo, por gracia, a través de la fe, puedas hacer buenas obras, aquellas que Él ha planeado que hagas (Ef 2:10).
En otras palabras, has recibido gracia sobre gracia para que puedas hacer el bien.
Si bien el concepto de «ocuparnos en buenas obras» puede no ser nuestro primer pensamiento cuando consideramos el impacto en nosotros mismos de la gracia transformadora de Dios, fue prácticamente lo primero en la lista del apóstol Pablo. En su carta a Tito, escribe que Dios, en Jesús, «se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras» (Tit 2:14, énfasis agregado). Este énfasis aparece varias veces a lo largo de la carta, culminando en la exhortación final de Pablo: «que los nuestros aprendan a ocuparse en buenas obras».
El celo particular de Pablo por las buenas obras fue y es completamente contracultural, tanto en su época como en la nuestra. Vivimos en un mundo que está lleno de tentaciones a perseguir vidas egocéntricas de ocio. Entonces, ¿cómo debemos imitar a Pablo y sobresalir en las buenas obras?
Primero, debemos tener claro que nuestra búsqueda de buenas obras no gana el favor de Dios. No hacemos el bien para ser salvos, sino porque somos salvos. Sin la gracia como fundamento, el llamado a la vida virtuosa es puro externalismo y nos agotará o nos inflará. Segundo, necesitamos recordar que nuestra búsqueda de buenas obras agrada a Dios; vivimos «no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones» (1Ts 2:4). Por lo tanto, debemos estar marcados por una bondad que honra a Dios y exalta a Cristo como testimonio vivo de nuestra gran salvación.
Nuestra capacidad de hacer el bien, dice Pablo, también es un comportamiento aprendido. Estamos llamados a «aprender a ocuparnos en buenas obras». Nuestras acciones no deben ser solo el resultado de un aumento emocional u ocurrir solo cuando nos apetezca. En cambio, debemos esforzarnos diariamente para hacer la obra del reino que Dios ha planeado para cada uno de nosotros, y hacerlo intencional y habitualmente. Y debemos mirar a aquellos más adelante en su fe que viven este tipo de vida y buscar aprender de ellos.
En Cristo, todos tus días y todas tus obras pueden ser buenos para alguien y para algo. Aprende a comenzar cada día pidiendo Su ayuda para hacer el bien a los demás como respuesta a Su gracia hacia ti, confiando en que Él te permitirá dar evidencia de tu fe por tus acciones.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
