Él hace todo lo que le place

Dios hace todo lo que le place, con plena libertad y sin ser forzado por nada ni por nadie. Incluso la muerte de Cristo en la cruz fue un acto de Su buen agrado.
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Escucha este devocional en formato podcast:

Septiembre 1

Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place (Salmo 115:3).

Este versículo nos enseña que cada vez que Dios actúa, lo hace de un modo que a Él le agrada.

Dios nunca se ve obligado a hacer algo que desprecia. Nunca está entre la espada y la pared, donde la única alternativa es hacer algo que aborrece.

Él hace todo lo que le place. Por tanto, en cierto modo, Él tiene placer en todas Sus acciones.

Esto debería ponernos de rodillas delante de Dios y hacernos alabar Su libertad soberana, que en un sentido, muestra que Él siempre actúa con libertad, de acuerdo con Su “buen agrado”, según dicta Su propio deleite.

Dios nunca es víctima de las circunstancias. Nunca se ve forzado a actuar en alguna situación en la que tenga que hacer algo en lo que no se regocija. Él no puede ser burlado. Nadie puede dejarlo acorralado o atrapado, ni forzarlo a nada.

Aún en el momento de la historia cuando llevó a cabo lo que, en cierto modo, le costó más que ninguna otra cosa, pues “no negó ni a Su propio Hijo” (Romanos 8:32), Dios fue libre e hizo lo que le agradó hacer. Pablo dice que el sacrificio que Jesús hizo al morir fue “ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Efesios 5:2). El más grande de los pecados, la más atroz de las muertes y el acto más difícil de Dios, todos fueron agradables al Padre.

En el camino al Calvario, Jesús tenía legiones de ángeles a Su disposición. “Yo doy Mi vida… Nadie me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad [por Su buen placer]” (Juan 10:17-18), “por el gozo puesto delante de Él” como dice Hebreos 12:2. En el único punto de la historia del universo cuando Jesús parecía estar atrapado, en realidad, Él estaba totalmente en control de la situación, haciendo exactamente lo que quería hacer: morir para justificar a impíos como tú y yo.

Por tanto, contemplemos asombrados y maravillados. Debemos estremecernos también, porque no solo nuestra alabanza de la soberanía de Dios, sino también nuestra salvación mediante la muerte de Cristo por nosotros, dependen de esta verdad: “Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place”.


Devocional tomado del sermón “Psalm 135 and the Pleasure of God in All He Does”.

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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