Agosto 29
«Alaben ellos el nombre del Señor, porque solo Su nombre es exaltado; Su gloria es sobre tierra y cielos». Salmo 148:13
Dios se ha dado a conocer a nosotros dando a conocer Su nombre. Cuando pensamos en el nombre de Dios, debemos pensar en Su naturaleza: Su esencia, Su carácter y Sus atributos. Su nombre lo distingue de todos y de todo lo demás, y representa todo lo que Él es.
El encuentro de Dios con Moisés en la zarza ardiente, registrado para nosotros en Éxodo 3, subraya la relación entre el nombre de Dios y Su carácter. Cuando Moisés se acercó a la zarza, Dios le ordenó que se quitara el calzado, ya que estaba pisando tierra sagrada. En el diálogo que siguió, después de que se le ordenara ir al Faraón y exigir la liberación de los israelitas, Moisés preguntó comprensiblemente: «Si voy a los israelitas, y les digo: ‘El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes’, tal vez me digan: ‘¿Cuál es Su nombre?’, ¿qué les responderé?». ¿Cuál fue la respuesta de Dios? «Yo soy el que soy» (Ex 3:13-14).
Dios utiliza el verbo ser —»Yo soy»— para comunicar Su nombre. Al usar este verbo, Él distingue entre Él mismo y todos los dioses falsos, que deberían llamarse «No soy». Los ídolos son hechos por manos humanas o, en nuestros días, a menudo dentro de nuestros corazones. Los artesanos los hacen de madera, piedra o marfil y los colocan en pedestales. Sin embargo, inevitablemente se caen y hay que enderezarlos de nuevo. Un ídolo exige nuestro servicio, pero no puede salvar. Nunca cumple lo que promete.
Pero para el Creador de los confines de la tierra, es justificable y correcto que se le conozca como Yo soy, porque Él no es como nadie. No fue creado. Él es completamente auto-existente. Se satisface por completo a Sí mismo. No necesita a nadie ni a nada. Lo que siempre ha poseído, lo sigue poseyendo. No conoce ni principio ni fin. Cumple todas Sus promesas. Es el Dios de vida y poder ilimitados.
Debemos exaltar Su nombre, y solo Su nombre, porque para eso fuimos creados. Todos nosotros luchamos por no inclinarnos ante los ídolos, esas cosas creadas que adoramos y por las que hacemos sacrificios porque pensamos que nos dan vida. Pero si queremos adorarle como es debido, nuestros ídolos deben caer ante Él. Él es el único Creador, el único Yo soy, el único que gobierna la tierra y el cielo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
