Agosto 10
“Jonás se levantó, pero para huir a tarsis, lejos de la presencia del señor. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Pero el Señor desató sobre el mar un fuerte viento, y hubo una tempestad tan grande en el mar que el barco estuvo a punto de romperse”. Jonás 1:3-4
No tenemos el control de la creación. Pero Dios sí, y por eso es digno de toda nuestra alabanza y adoración.
El control divino sobre los océanos —de hecho, sobre toda la creación— fue un motivo de alabanza constante en los escritos de los salmistas. Cuando leemos los Salmos, descubrimos una y otra vez que el pueblo de Dios se deleita en alabar Su poder soberano sobre el orden creado: Su control sobre los mares, incluso sobre el flujo y la corriente de sus mareas.
En el Salmo 33, por ejemplo, vemos que “Él recoge en un cántaro el agua de los mares, y junta en vasijas los océanos” (v. 7, NVI). Es una imagen dramática, y forma parte de la excelencia y la gloria de Dios. De la misma manera que nosotros podemos mover y verter un galón de limonada, Dios Todopoderoso es capaz de recoger fácilmente los océanos del mundo y ponerlos en tinajas. Por lo tanto, ¡qué correcto y adecuado es que adoremos a nuestro Dios Creador con asombro y reverencia!
Asimismo, la autoridad de Dios sobre la creación nos anima a confiar en Su cuidado providencial. Más adelante en la historia de Jonás, descubrimos que el Señor “dispuso… una planta”, “dispuso… un gusano” y “dispuso un sofocante viento del este” para cumplir Sus planes para Jonás y para el pueblo de Nínive (Jon 4:6-8). Qué diferente es esto de la mentalidad pagana tanto en la época de Jonás como en la nuestra. Los tripulantes del barco de Jonás consideraban el mar como una fuerza primitiva incontrolable a cuya merced estaban todos cautivos. Del mismo modo, hoy nos enfrentamos a la idea de que la “Madre Naturaleza” es una fuerza indomable y despiadada. Pero la verdad es que todas las cosas, incluido todo el orden creado, son siervos de Dios (Sal 119:91). No estamos abandonados a la deriva en el mar de la causalidad o azotados por fuerzas ciegas e impersonales. No, Dios “cuenta el número de las estrellas, y a todas ellas les pone nombre” (Sal 147:4).
Solo el soberano Señor Creador puede reunir los mares en montones y ordenar a toda la creación que cumpla Sus órdenes. Y no solo eso, sino que elige dirigir Sus mandatos para el bien de Su pueblo. El gran viento que Dios lanzó sobre el mar mientras el barco de Jonás navegaba hacia Tarsis no pretendía ser una maldición para él, sino un llamado para que volviera a la obediencia fiel a su Dios. De lo que Dios envió a Jonás, Dios también lo salvó. Qué notable: Dios convocó el inmenso poder de una tormenta simplemente para traer de vuelta a casa a un hijo descarriado.
En verdad, todas las cosas están dispuestas para la gloria de Dios y el bien de Su pueblo, incluyéndote a ti. Es a este Dios a quien alabamos, en quien confiamos y a quien encomendamos nuestras vidas. Que esta verdad esté hoy en tus labios: “Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera, y Su grandeza es inescrutable” (Sal 145:3).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
