Agosto 1
Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9).
El plan de Dios en el sufrimiento es magnificar el valor y el poder de Cristo. Esto es gracia, porque el gozo más grande de los cristianos es ver a Cristo magnificado en nuestras vidas.
Cuando el señor Jesús le dijo a Pablo que no le quitaría la “espina en la carne”, sustentó la fe de Pablo explicándole el porqué. El Señor le dijo: “Te basta Mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Dios estableció que Pablo fuera débil para que Cristo pudiera ser visto como fuerte en beneficio de Pablo.
Si nos sentimos y parecemos autosuficientes, nosotros recibiremos la gloria y no Cristo. Por eso, Cristo escoge lo débil del mundo “para que nadie se jacte delante de Dios” (1 Corintios 1:29). Y a veces, debilita a los que parecen fuertes, de modo que el poder divino sea más evidente.
Sabemos que Pablo experimentó esto como gracia porque se regocijó en ello: “Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).
Vivir por la fe en la gracia de Dios, significa estar satisfechos con todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Por tanto, la fe no retrocede ante aquello que revela y magnifica todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Eso es lo que nuestra debilidad y el sufrimiento hacen.
