Junio 24
No sean perezosos en lo que requiere diligencia. Sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Romanos 12:11
Imagina una cocina en una antigua granja británica, en la que se pone una sartén en la estufa, llena de agua burbujeando. Esa es la imagen que Pablo proporciona aquí con respecto al compromiso espiritual. En esencia, está diciendo que en Cristo debemos mantener la olla espiritual hirviendo. No debemos estar caliente un momento y frío en otro, no debemos ser entusiastas en un momento y perder fuerza al siguiente.
Una vez que la gracia de Dios se ha apoderado de nosotros, hemos sido transformados por Cristo y hemos recibido Su justicia por fe, debemos aplicar esa justicia a nuestra vida. Parte de esta justicia aplicada es hacer la obra de Jesús con cierto entusiasmo divinamente inspirado, divinamente mandado.
Es fácil, sin embargo, ser propenso a la pereza y caer en la tibieza espiritual. El libro de Proverbios tiene mucho que decir, a menudo con un tinte de humor, sobre los peligros y los resultados de una vida perezosa. Un proverbio describe a un hombre que es tan perezoso que habiendo puesto su cuchara en el tazón del que está comiendo, no puede levantarla de nuevo (Pro 19:24; 26:15). Otro describe la pereza en un hombre que se entierra bajo sus cobijas y se queda allí: «Como la puerta gira sobre sus goznes, así da vueltas el perezoso en su cama» (v. 14).
Por el contrario, la meta final del celo empoderado por el Espíritu es servir al Señor. ¡Qué importante es para nosotros tener ese objetivo en mente! Cuando lo hacemos, reconocemos cómo incluso la actividad más trivial (saludar a un cliente, limpiar un desastre en casa, lavar los platos, enseñarse unos a otros, tomar notas, poner una inyección, hablar con nuestros hijos, cualquier cosa) puede convertirse en un acto espiritual de adoración. Incluso la parte más rutinaria de nuestro día puede reflejar nuestro entusiasmo divino.
¿Qué lleva tu celo espiritual al punto de ebullición en estos días? ¿Servir a Cristo en el mundo? ¿Compartir tu fe con un colega o extraño? ¿Cuidar a tus padres ancianos? ¿Apoyar la obra de Cristo en todo el mundo? Sea lo que sea, no cedas en tu celo. Mantén el agua hirviendo sirviendo al Señor en cada momento de cada día en respuesta a la gracia que Él derrama sobre ti en cada momento del día. Ven a Él cada mañana y pídele que se asegure de que no te cansarás. Entonces en todas las cosas Su nombre será proclamado, y Él será glorificado.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
