Junio 18
Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación (Romanos 10:1).
Pablo ora pidiendo que Dios convierta a Israel. ¡Él ora por la salvación de ellos! No ora por tener sobre ellos una influencia infructuosa, sino eficaz. Así es como nosotros también deberíamos orar.
Debemos tomar las promesas de Dios, dadas en el nuevo pacto, e interceder a Dios para que las cumpla en nuestros hijos y vecinos, y en todos los campos misioneros del mundo.
- Dios, quita de su carne el corazón de piedra y otórgales un nuevo corazón de carne (Ezequiel 11:19).
- ¡Circuncida sus corazones para que te amen! (Deuteronomio 30:6).
- Padre, pon Tu Espíritu dentro de ellos y hazlos caminar en Tus estatutos (Ezequiel 36:27).
- Concédeles el arrepentimiento y el conocimiento de la verdad para que escapen del lazo del diablo (2 Timoteo 2:25-26).
- ¡Abre sus corazones para que crean el evangelio! (Hechos 16:14).
Cuando creemos en la soberanía de Dios, es decir, en el derecho y poder de Dios para elegir y después traer a los pecadores endurecidos a la fe y la salvación, somos capaces de orar sin contradicciones y con grandes promesas bíblicas por la conversión de los que están perdidos.
Dios se deleita en este tipo de oración porque le atribuye a Él, el derecho y el honor de ser el Dios bondadoso y soberano que Él es en la elección y la salvación.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 208–209.
