Abril 22
«Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos». Juan 18:5
En el huerto de Getsemaní, mientras los soldados se acercaban para arrestar al hombre que los líderes judíos habían decidido que debía morir, la figura central era, por supuesto, el Señor Jesús. Pero Judas desempeñó un rol clave, y nos enseña una severa lección.
La traición de Judas a Cristo revela una profunda hipocresía arraigada en una negación más profunda. Su traición sirve como advertencia de cómo un corazón, aunque aparentemente cercano a Dios, se endurece al recorrer el camino de la incredulidad, un camino marcado por la traición de la confianza y las compañías corruptas.
El huerto de Getsemaní no era un huerto cualquiera. Los discípulos parecían conocerlo bien. Para Jesús y los doce era un lugar de comunión, descanso y, sin duda, de muchos recuerdos felices. Y, sin embargo, fue en este hermoso lugar donde Judas traicionó a Cristo. Es bastante sorprendente que eligiera un lugar de tanta intimidad para realizar un acto tan infame, como un adúltero que rompe el vínculo matrimonial en su propia cama.
Imagina a Judas caminando por el sendero y dirigiendo a un grupo de soldados y funcionarios judíos (Jn 18:3). El que estaba tan terriblemente perdido espiritualmente se convirtió en un guía: el ciego guiando a los ciegos. El camino de la incredulidad es un lugar solitario que a menudo pide el falso consuelo de una compañía sin esperanza.
El huerto era un lugar hermoso y tranquilo, pero fue testigo de un acontecimiento atroz. Cuando pensamos en los lugares en los que hemos sido tentados a traicionar a Cristo —durante unas vacaciones encantadoras, en la comodidad de nuestros hogares, aun en lugares donde Cristo se reunió con nosotros, nos cortejó y nos ganó— vemos claramente la perversidad de nuestro corazón en nuestra disposición a unirnos a Judas en su traición.
Que el ejemplo de Judas nos recuerde que todos debemos estar en guardia. No hay lugar para la complacencia en la vida cristiana, no importa lo que hayas hecho y visto, y no importa tu posición en tu iglesia. Después de todo, Judas había vivido con Jesús durante tres años, había visto Sus milagros y había escuchado Sus enseñanzas. Sin embargo, lo traicionó. «Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga» (1Co 10:12).
¿Cómo podemos continuar siendo seguidores y evitar el trágico camino de Judas? Como la palabra de Dios implora una y otra vez, debemos cuidarnos de la dureza de corazón que crece lentamente y que nos hace divagar por el camino de la incredulidad. En cambio, debemos escuchar al Espíritu Santo mientras nos guía. Debemos orar para que encontremos una ternura en nuestros corazones, una apertura en nuestras mentes y un impulso en nuestros espíritus que nos diga: «¡Ahora, adelante, abraza a este Cristo!».
La contundente lección de Judas es que solo por la gracia de Dios podemos permanecer en pie. Así que ora para que nunca te encuentres entre los traidores: Sálvame, Señor, de las tentaciones reales de dudar y negarte. Muéstrame la maravilla de Tu protección y provisión, y renueva mi seguridad de que no perderás a ninguno de los que el Padre te ha dado.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
