Abril 16
“Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” Juan 19:30
Los acontecimientos que rodearon la muerte de Jesús fueron en gran medida procedimientos rutinarios de la jurisdicción romana. Los juicios, los azotes, la humillante procesión y la dolorosa crucifixión formaban parte de la rutina de los soldados encargados de ejecutar a los criminales. Lo que no fue rutinario, sin embargo, fue la oscuridad que descendió sobre todo el evento en pleno día (Mt 27:45), como si Dios hubiera cerrado Sus ojos ante la dolorosa escena. Se trataba tanto de una ejecución rutinaria como del mayor punto de inflexión de toda la eternidad.
Lo que lo hizo tan importante fue la identidad del hombre que colgaba en la cruz del medio: nada menos que Dios encarnado. Nuestras mentes nunca deberían dejar de asombrarse ante esto:
Sobre una cruz mi buen Jesús
Su sangre derramó
Por este pobre pecador,
A quien así salvó.¹
Las Escrituras no hacen mucho hincapié en los sufrimientos físicos de Cristo en la cruz. Ciertamente, sufrió un dolor físico muy fuerte, pero “los sufrimientos de Su cuerpo no eran nada comparados con los sufrimientos de Su alma; estos fueron el alma de Sus sufrimientos”.² Jesús experimentó plenamente todo el dolor y la agonía de estar separado de Dios Padre: física, mental y espiritualmente. En cualquier circunstancia a la que te enfrentes, debes saber que Jesús ha pasado por cosas peores y, por tanto, entiende cómo te sientes. No solo eso, sino que la angustia inimaginable que Él soportó fue por ti. Solo cuando llegó el momento, Cristo proclamó triunfalmente: “Consumado es”; tetelestai: la deuda está satisfecha y liquidada.
La crucifixión de Cristo se representa a menudo con la cruz erigida en lo alto de la multitud que la mira. En realidad, sin embargo, una vez que la cruz fue colocada en su lugar, es probable que los pies de Jesús estuvieran muy cerca del suelo. De la misma manera, la vida, la muerte y la resurrección de Cristo no están por encima de nuestras vidas, sino íntimamente cerca de ellas. No, la muerte de Jesús no fue una muerte común, sino una muerte que promete dar, mediante la fe, vida verdadera. Todo cambia cuando consideramos todo lo que ocurrió en esa cruz y nos decimos:
Herido por mí, herido por mí,
Allí, en la cruz, fue herido por mí;
Se fue mi transgresión, y ahora libre soy,
Todo porque Jesús fue herido por mí.³
1 Isaac Watts, “En la cruz”, trad. Pedro Grado (1707).
2 George Swinnock, “The Christian Man’s Calling” [“El llamado del hombre cristiano”], en The Works of George Swinnock [Las obras de George Swinnock], M. A. [James Nichol, 1868], Vol. 1, 194.
3 W. G. Owens, “Wounded for Me” “Herido por mí”.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
