La iglesia debería cantar en aras del cielo: cuándo y por qué dejamos de cantar acerca del cielo y cómo empezar de nuevo

Durante siglos la iglesia cantó con anhelo del cielo como su patria futura; hoy gran parte de la adoración se centra en la experiencia presente. ¿Hemos dejado de cantar como peregrinos que esperan su hogar eterno?

Las iglesias evangélicas estadounidenses no cantan acera del cielo tan a menudo ni tan bien como solían hacerlo. Y esta no es solo mi opinión personal. Como parte de un proyecto de investigación de mayor envergadura, comparé dos grandes selecciones de cánticos de adoración.[1] La primera selección fueron los cánticos congregacionales más comúnmente cantados en Estados Unidos entre 2000 y 2015; en el segundo grupo se encontraban los cánticos congregacionales más comúnmente publicados en Estados Unidos entre 1737 y 1960.[2] Entre muchas similitudes, una diferencia fue sorprendente: el tema del cielo, del que antes se cantaba frecuente y ampliamente, ahora casi ha desaparecido.

Este artículo comienza rastreando ejemplos de las diferencias entre estos dos grupos de cánticos y brinda algunas explicaciones de los cambios. Preocupado por lo que indican estos cambios, concluí exhortando a las iglesias locales a seguir cantando acerca del cielo.

Lo que ha cambiado

Para empezar, piensa en las diferentes formas en que los creyentes cantan acerca de la presencia de Dios. A grandes rasgos, los himnos estadounidenses tradicionales describen nuestro recorrido hacia la presencia de Dios en un futuro hogar celestial como el peregrinaje desde la ciudad caída hacia la celestial, al igual que la historia de John Bunyan, El progreso del peregrino.[3] En contraste, gran parte de la música de adoración contemporánea (MAC) se refiere a la presencia de Dios como una experiencia actual y cercana.[4]

Durante siglos, las iglesias en Estados Unidos cantaron con frecuencia sobre el cielo; hoy, ese tema casi ha desaparecido de la adoración congregacional. / Foto: Lightstock

Una breve comparación de los cánticos de cada período demuestra esta diferencia.[5] El himno de William Williams de 1745, “Guide Me, O Thou Great Jehovah” [“Guíame, oh gran Jehová”] habla acerca de ser un “peregrino” (verso 1). Le pide a Dios que lo guíe “durante todo [su] viaje” (verso 2) hasta “llegar a salvo del lado de Canaán” (verso 3). El coro del himno de John Cennick de 1743, “Jesus My All to Heaven Has Gone” [“Jesús, mi todo al cielo ha ido”] repite: “Estoy en mi viaje a casa, a la nueva Jerusalén. Estoy en mi viaje a casa, a la nueva Jerusalén”. Y el antiguo y famoso himno irlandés “Sé Tú mi visión” expresa: “Guíame al cielo a morar en Tu hogar”.

Quizá el ejemplo más claro de un himno de peregrinación es el de Samuel Stennett, “Estando a orillas del Jordán”. En la frase inicial, el creyente describe su ubicación actual como “tormentosa” y mira hacia “la tierra feliz y hermosa”. El segundo verso desarrolla el tema: “Sobre esos anchos llanos, amanece eterna luz, y por fin la noche acabará, pues es cual sol Jesús”. Stennett luego contrasta este mundo caído con la bienaventuranza del mundo venidero: “Allá en la costa de salud no hay pestes ni dolor; no más tristeza o mortandad, allá no habrá temor”. El último verso se esfuerza por ver la presencia de Dios como una realidad distante: “¿Cuándo he de entrar en el país bendito y ver la faz de Aquel con quien iré a morar en sempiterna paz?”. Casi se puede sentir el dolor, el anhelo de lo que se ha prometido y esperado, pero que aún no se ha visto.

Los himnos antiguos respiraban anhelo eterno: hablaban del creyente como peregrino, del Jordán como frontera y del cielo como patria prometida. / Foto: Envato Elements

Por el contrario, las canciones más populares de MAC, por lo general, hacen énfasis en la presencia de Dios como una realidad que se siente actualmente. Estos cánticos celebran la presencia de Dios en términos espléndidos y absolutos. Considera el tercer verso del himno “Reinas por la eternidad” de Jason Ingram: “Aquí estás, aquí estás, Tu presencia es real”.[6] Otras canciones sitúan la presencia de Dios en el creyente como individuo en lugar de en la comunidad reunida. El coro minimalista de Marie Barnett “Eres mi respirar” comienza con las palabras: “Eres mi respirar, Dios, Tu presencia vive en mí”.[7]

Esta misma tendencia aparece incluso en las nuevas adaptaciones de los clásicos, la principal de ellas, “Sublime gracia: de mis cadenas libre soy” de Chris Tomlin, que es una adaptación del himno de John Newton de 1779, “Faith’s Review and Expectation” [“Revisión y expectativa de la fe”], que todos conocemos como “Sublime gracia”.[8] Como se observa en su título original (“Expectativa”), Newton resaltaba la orientación futura de la fe (por ejemplo, “Y cuando en Sión por siglos mil…”). Tomlin, sin embargo, altera el énfasis cronológico de Newton eliminando el verso anticipatorio más fuerte: “En los peligros o aflicción, que yo he tenido aquí, su gracia siempre me libró y me guiará feliz”. ¿Con qué reemplazó un verso que tanto ha resistido la prueba del tiempo? Con un coro que celebra la experiencia subjetiva actual de la fe: “De mis cadenas libre soy, mi Salvador me rescató”.

Versión actual de Sublime gracia, por Chris Tomlin.

Pero aquí sucede algo incluso más sutil. Así es como Newton termina su himno: “La tierra pronto se disolverá como nieve; el sol dejará de brillar; pero Dios que me llamó aquí abajo, será mío por siempre”. Tomlin adapta la letra orientada hacia el futuro para enfatizar la realidad actual de la presencia de Dios. Repite esta línea: “Será mío por siempre”, en lo que se conoce como una “muletilla”. Pero cuando Tomlin hace esto, cambia los tiempos verbales para que la presencia de Dios pase de una expectativa futura de “todavía no” a una experiencia actual de “ya”. La frase “será mío por siempre” de Newton, se convierte en la frase “eres mío por siempre” de Tomlin.

Para ser justos, la MAC sí canta, aunque brevemente, acerca de la era venidera. En términos generales, resalta la universalidad de la alabanza. En otra canción popular, Tomlin escribe: “Y todos lo verán, cuán grande es Dios”.[9] Ingram extiende la metáfora por encima de la alabanza de las personas a la alabanza de todo el orden creado: “Eres rey, la creación proclamará”.[10] ¿Qué harán los creyentes en la era venidera? Según las canciones más coreadas en la Música de Adoración Contemporánea, los creyentes harán exactamente lo que están haciendo ahora mismo: alabar a Dios y disfrutar de Su presencia.

En muchos cantos contemporáneos, el cielo se presenta como la continuidad de la adoración presente, ahora sin interrupciones. / Foto: Lightstock

Ciertamente hay ejemplos de MAC que reflejan ricamente la orientación futura de la fe cristiana, pero el acento retórico de las canciones contemporáneas populares se centran en la presencia de Dios y nuestra experiencia de ella en el aquí y ahora. Mientras que a algunos les resulta fácil permitirse el rechazo total del género MAC, los críticos más sabios investigan las fuerzas que conducen a las iglesias a provocar el eschaton con su lenguaje celestial y a cantar acerca del cielo solamente como una experiencia presente.

¿Por qué el cambio?

Este cambio de énfasis entre los himnos estadounidenses es demasiado sustancial para atribuirlo a una sola influencia. Así que permíteme enfocarme en tres: ciertas ramas del pentecostalismo, la juvenilización y la comercialización.

Así como es reduccionista caracterizar a todas las ramas de, digamos, la fe bautista como idénticas, puede ser útil reconocer la amplia variedad de creencias y prácticas entre los carismáticos y pentecostales. Muchos de estos creyentes poseen una escatología rica y matizada; muchos podrían usar la terminología y las categorías de lo que comúnmente se denomina “escatología inaugurada”.[11]

Habiendo observado la extensa variedad del pensamiento carismático, parece importante identificar la influencia desproporcionada que algunas ramas del pentecostalismo han ejercido sobre los cánticos congregacionales del evangelicalismo más amplio. ¿Cuáles ramas han sido las ramas más influyentes? Por lo general, las del pentecostalismo de la “obra terminada” y del pentecostalismo “unitario”. Estos pentecostales afirman que los logros pasados de Cristo hacen que todos los beneficios espirituales estén actualmente disponibles para el creyente lleno de fe. Desde una perspectiva evangélica, esto debería reconocerse como una escatología sobrerealizada, una que puede abrir la puerta a varias formas de teología dañina.[12]

El cambio en los himnos se debe a diversos factores, entre ellos ciertas corrientes del pentecostalismo, la juvenilización y la comercialización. / Foto: Unsplash

Segundo, es importante notar la influencia que la juvenilización ha tenido sobre la iglesia estadounidense en general y la MAC en particular. La música juvenil, como los eruditos usan el término, es música que apunta a los más jóvenes y, por tanto, se adapta a sus experiencias de vida, deseos y niveles de madurez emocional. Resalta la inmediatez, por ejemplo, en lugar de llamar a las personas a que sean perseverantes y pacientes. Debido a que muchos creyentes han experimentado momentos formativos de fe en ministerios de la escuela secundaria y la universidad, estos movimientos dirigidos generacionalmente, sin querer, ocasionaron cambios en la adoración contemporánea. Con el tiempo, estos eventos de adoración informal pronto forjaron las expectativas de toda una generación de adoradores.[13]

No debería sorprender a nadie que la himnodia forjada en contextos dirigidos a los valores y las necesidades percibidas de los jóvenes muestre poca preocupación por los temas que atraen a los santos mayores. Permíteme ofrecerte un solo ejemplo: la muerte. La MAC rara vez habla de la muerte, o al menos de nuestra muerte. El tema, cuando surge, normalmente se refiere a la muerte de Cristo o a la muerte derrotada.[14]

La juvenilización ha moldeado la adoración contemporánea, priorizando la inmediatez juvenil y dejando casi ausentes temas como la propia muerte. / Foto: Unsplash

En una inusual referencia a la muerte del creyente, Matt Redman escribe: “En ese día cuando ya no tenga fuerzas, y se acerque ya el final”. Esta es una buena línea y nos recuerda a la generación de himnos más antiguos. Sin embargo, observa cómo rápidamente la canción pasa a otro tema, más alegre: “Aun así te seguiré cantando, por 10,000 años y la eternidad”.[15] Una verdad magnífica, dentro de lo que cabe, pero que apenas nos pide meditar en la amarga realidad de la muerte, que armaría a los adoradores mientras luchan contra este último enemigo, haciendo que las reflexiones sobre la promesa de los 10,000 años sea incluso más dulce. En cambio, la canción salta rápidamente de la dulzura de conocer a Dios ahora a más de lo mismo más adelante con —bueno, está bien— el rápido destello de la muerte en el medio. ¿Eso prepara a los santos que podrían pasar años cuidando de un cónyuge en el lento descenso del Alzheimer? ¿O décadas casado con un cónyuge emocionalmente insensible? ¿O toda una vida intentando superar las heridas del abuso infantil y la sensación crónica de la ausencia de Dios?

10,000 Reasons de Matt Redman

Esto es un poco aparte, pero podría ser valioso en todo esto considerar la edad promedio de nuestros cantautores más populares. Estoy agradecido por los muchos compositores jóvenes y talentosos con carreras prometedoras y ministerios en ascenso. Pero las alegrías del cielo probablemente preocuparían las mentes de los santos mayores que han sufrido pérdidas, aquellos cuyos “mejores años” están muy atrás y no por venir. (A menos que, por supuesto, consideres que los “mejores años” de un creyente sean los posteriores a la resurrección).

Después de todo, los momentos de más profunda angustia han provocado algunos de los anhelos más incitantes del cielo. Considera el himno de Fanny Crosby de 1868, “Salvo en los tiernos brazos”. Crosby escribió estas palabras después de la muerte de su pequeña hija.[16] Desde la riqueza litúrgica de la iglesia de refugiados de Calvino en Estrasburgo hasta el profundo lamento de los espirituales negros, hasta los Himnos de Canaán de la autora de himnos de la iglesia china, Lu Xiao-Min, la historia de la iglesia ha demostrado que los cristianos que enfrentan persecución producen algunas de las expresiones más ricas de anhelo por el cielo.[17]

Lu Xiao-Min / Foto: Sing 4 Jesus Ministry

Por último, deberíamos considerar cómo la comercialización ha afectado nuestras canciones de adoración.[18] La composición, publicación y venta de cánticos congregacionales está lejos de ser un nuevo fenómeno.[19] Pero que los sellos discográficos independientes de música cristiana estén siendo comprados por los principales sellos discográficos de música secular lo es. Dichas adquisiciones ofrecen ventajas: más dinero para invertir, mejor calidad de producción y mejor acceso de distribución, por nombrar algunas. Este arreglo ha permitido la proliferación de materiales basados en la adoración para la venta.

Pero también viene con un costo: un mayor escrutinio en los resultados finales.[20] Las disqueras seculares se preocupan por las ganancias, no por el discipulado y la teología. Y la mejor manera de asegurar ganancias a largo plazo es avivar el ya creciente poder estelar de los líderes y compositores de adoración.[21] Así que esta industria en crecimiento alienta a los consumidores a adquirir álbumes de adoración, a registrarse en conferencias de adoración y a asistir a “conciertos de adoración”.[22] Más allá de las interpretaciones presenciales pagas, los consumidores también miran regularmente videos de música de adoración, ya sea eventos en vivo o colecciones seleccionadas de imágenes detrás de las letras.[23] Inevitablemente, los distintos modos de participación determinan las expectativas que los creyentes llevan a sus servicios dominicales.

La comercialización ha llevado la adoración a la lógica del mercado, influyendo en su contenido y en las expectativas de la iglesia. / Foto: Pexels

Sencillamente, las preocupaciones financieras y las preocupaciones de discipulado coinciden muy poco. Convertirse en un seguidor de Cristo bien formado significa que anhelamos a nuestro Salvador venidero y a nuestro hogar eterno junto a Él en los cielos nuevos y la tierra nueva. Esta postura no mueve efectivos ni motiva a los consumidores. Tal industria compite con una consideración sobria y sustancial del cielo.

¿Cómo nos ha dañado el cambio?

Cantar no es mágico, pero lo que una congregación decide cantar los domingos, brinda funciones únicas en el discipulado de una iglesia local. Más obviamente, las letras enseñan, enseñan la verdadera doctrina y la emoción correcta; apuntan a la mente y al corazón. Más allá de las palabras en sí, el arreglo melódico y harmónico de esas palabras ofrecen contextos emocionales y sociales importantes. Esta combinación —la verdad doctrinal de las letras con el contexto emocional y colectivo de la música— parece ser lo que el apóstol Pablo tenía en mente cuando llama a los creyentes en Éfeso a cantar y alabar al Señor (Ef 5:19). La iglesia de Éfeso estaba rodeada por una ciudad inmoral y en peligro de regresar a su estilo de vida pecaminoso. Y después de diagnosticar su inclinación hacia los pecados de la carne (Ef 4:17ss), prescribe como receta espiritual cantar y alabar al Señor.[24]

Lo que la iglesia canta moldea su doctrina y sus afectos, fortaleciendo el discipulado y afirmando su fidelidad en medio de una cultura adversa. / Foto: Lightstock

Eso es cantar en general. Pero ¿por qué cantar específicamente acerca del cielo? Aquí, una vez más, Pablo nos ayuda. En 1 Tesalonicenses, enseña sobre la segunda venida y el estado final de los creyentes, terminando con la exhortación a “[animarse] unos a otros con estas palabras” (1Ts 4:18). Cantar acerca del cielo siempre ha servido como un gran estímulo para los creyentes que no se sienten (ni deberían) como en casa en este mundo caído. Cantar acerca del cielo “reduce” las expectativas de una iglesia sobre lo que los creyentes pueden anticipar en esta vida.

Si no entendemos esto, el discipulado se vuelve mucho más difícil. Las iglesias que descuidan el cielo no ayudan a sus miembros porque hacen promesas que no pueden cumplir. Sin cantar y celebrar el mundo venidero, las iglesias sugieren tanto que este mundo es todo lo que hay como que la experiencia actual del creyente refleja la plenitud del reino. Estas desafortunadas implicaciones crean expectativas irreales y doctrinalmente falsas en una congregación que adora.

Cantar sobre el cielo sostiene la esperanza y ordena las expectativas; olvidarlo conduce a confundir lo presente con la plenitud futura del reino. / Foto: Lightstock

Los servicios que fracasan en hablar y cantar acerca del cielo comunican una escatología sobrerealizada que trágicamente minimiza las realidades de este mundo caído. Al evocar y anhelar el cielo, los creyentes reconocen algo bastante obvio de la perspectiva de Dios: el estado caído actual del mundo no puede ser redimido con ingenio o esfuerzo humano adicional. La certeza y dulzura del cielo, como parte del anhelo regular del creyente de estar con el Señor, permite a los cristianos fieles lamentar el pecado y la corrupción de nuestra situación presente. Zack Eswine escribe: “En un mundo caído, la tristeza es un acto de cordura, nuestras lágrimas son el testimonio de los cuerdos”.[25] Los adoradores tienen que reconocer estas realidades, no solo en las áridas abstracciones que se encuentran en nuestras declaraciones doctrinales, sino a través de los afectos del corazón que se encuentran en nuestros cánticos congregacionales.

Callar el cielo en la adoración minimiza el mundo caído; cantarlo aviva la esperanza y permite lamentar con verdad el presente. / Foto: Lightstock

Lo diré sin rodeos: las iglesias que no cantan acerca del cielo paralizan a sus miembros con una vida emocional pobre. Cuando los cánticos de una iglesia están exclusivamente llenos de fervor, gozo, compromiso y victoria, omiten aspectos esenciales de la vida emocional del cristiano: duda, decepción y frustración debido al pecado continuo. Cuando los servicios de adoración evangélicos implican que los creyentes deberían experimentar la victoria completa ahora, preparan a las personas para una decepción inevitable. Cuando las iglesias evitan cantar de temas como la enfermedad, la discapacidad y la muerte, dan a entender que nuestra experiencia actual refleja la plenitud de la bondad de Dios. Los cánticos acerca del cielo y el mundo venidero nos permiten celebrar la victoria actual de Cristo mientras esperamos y anhelamos la llegada de la victoria final (Heb 2:8).

 las iglesias que no cantan acerca del cielo paralizan a sus miembros con una vida emocional pobre. / Foto: Lightstock

Como consecuencia final, cuando las iglesias insinúan que el reino está completamente aquí, el escenario está listo para la promoción de pastores celebridades. Después de todo, si esta reunión en particular es una experiencia completa de la presencia escatológica de Dios aquí y ahora, entonces el hombre que está al frente y a cargo de este reino tiene muchas posibilidades de ser visto como una especie de salvador y rey.

Por tanto, cantemos acerca del cielo. Cantemos acerca del cielo del Señor. Cuando los hacemos, nos protegemos de las expectativas poco realistas sobre nuestros pastores delegados por Dios y dirigimos nuestros corazones hacia el Príncipe de los Pastores. No puedo expresarlo mejor que Anne Cousin en su himno de 1857, “The Sands of Time are Sinking” [“Las arenas del tiempo se hunden”]:

El tiempo como arena, se hunde al romper;
del cielo la aurora, el dulce amanecer;
la noche ha sido oscura, mas va a resplandecer,
la gloria en la tierra, de nuestro Emanuel.

Publicado originalmente en la revista en español de 9Marcas.


[1] Gran parte de este artículo se basa en la investigación para mi tesis, “The Hour Is Coming and Is Now Here’: The Doctrine of Inaugurated Eschatology in Contemporary Evangelical Worship Music” [“Se acerca la hora y ya está aquí: La doctrina de la escatología inaugurada en la música de adoración evangélica contemporánea”] (Tesis de doctorado, The Southern Baptist Theological Seminary, 2016). Algunos de estos pensamientos fueron desarrollados para un artículo de DesiringGod: “Come, Lord Jesus: The Simple Prayer Our Songs Forgot” [“Ven, Señor Jesús: La simple oración que nuestros cánticos olvidaron”], 16 de abril de 2017 (https://www.desiringgod.org/articles/come-lord-jesus).

[2] Para mi discusión de la música de adoración contemporánea, utilicé datos de la CCLI para escoger una selección de 83 cánticos que comprendían las 26 mejores canciones entre 2000 y 2015. Para obtener la lista y un análisis útil de los himnos protestantes estadounidenses, véase la obra de Stephen A. Marini, “Hymnody as History: Early Evangelical Hymns and the Recovery of American Popular Religion” [“La himnodia como historia: Los primeros himnos evangélicos y la recuperación de la religión popular estadounidense”], Church History [Historia de la iglesia] 71, no. 2 (2002): 273-306; y para la discusión de un análisis actual, véase la obra de Marini, “American Protestant Hymns Project: A Ranked List of Most Frequently Printed Hymns, 1737–1960” [“Proyecto de himnos protestantes estadounidenses: Una lista ordenada de los himnos impresos con mayor frecuencia, 1737-1960”]. En Wonderful Words of Life: Hymns and Evangelical Protestant Traditions in America [Maravillosas palabras de vida: Himnos y tradiciones evangélicas protestantes en Estados Unidos], editado por Richard J. Mouw y Mark A. Noll, 251-264. Grand Rapids: Eerdmans, 2004.

[3] Para una discusión útil acerca del “cielo” como el centro de la esperanza cristiana y la presencia de Cristo, así como el inútil bagaje platónico, ver la obra de Mike Wittmer, Heaven is a Place on Earth: Why Everything You Do Matters to God [El cielo es un lugar en la tierra: por qué todo lo que haces es importante para Dios] (Grand Rapids: Zondervan, 2004).

[4] Para ser claro, los eruditos emplean diferentes términos para describir los aspectos de la adoración y alabanza contemporánea. He escogido el término “música de adoración contemporánea”, ya que estoy discutiendo los cánticos más comúnmente usados en Estados Unidos. Para una discusión acerca de los diferentes términos y las formas en que se utilizan, véase la obra de Lester Ruth y Swee Hong Lim, Presence and Purpose: The Hidden History of Contemporary Praise & Worship [Presencia y propósito: la historia oculta de la alabanza y adoración contemporánea] (Grand Rapids: Baker, 2021).

[5] Aunque existe el peligro de sacar grandes conclusiones a partir de unos pocos ejemplos, se anima a los lectores interesados a leer la discusión de mi disertación sobre este tema y analizar más ejemplos en la investigación de Marini.

[6] Jason Ingram y Reuben Morgan, “Reinas por la eternidad”, 2010.

[7] Marie Barnett, “Eres mi respirar”, 1995.

[8] Chris Tomlin, Louie Giglio y John Newton, “Sublime gracia: de mis cadenas libre soy”. En aras de la brevedad este análisis utiliza el nombre de Chris Tomlin, ya que también es el artista de grabación y líder de adoración más asociado con esta canción.

[9] Chris Tomlin, Ed Cash y Jesse Reeves, “Cuán grande es Dios”, 2004 (énfasis añadido).

[10] Ingram y Morgan, “Reinas por la eternidad”.

[11] Ver muchos de los ensayos en la obra de Peter Althouse y Robby Waddell, eds., Perspectives in Pentecostal Eschatologies: World without End [Perspectivas en las escatologías pentecostales: El mundo sin fin] (Eugene, OR: Pickwick, 2010). De hecho, Nigel Scotland argumenta: “El enfoque [de las ‘teologías carismáticas’] ha cambiado de un inminente reino espiritualizado futurista [sic] en la década de 1960 a un reino que ahora se considera en gran medida presente y futuro con énfasis en la preocupación social y la filantropía”. Nigel Scotland, “From the ‘Not Yet’ to the ‘Now and the Not Yet’: Charismatic Kingdom Theology 1960-2010” [“Del ‘todavía no’ al ‘ahora y todavía no’: teología catismática del reino 1960-2010”], Journal of Pentecostal Theology [Revista de teología pentecostal] 20, no. 2 (2011): 272.

[12] Ver la obra de Larry R. McQueen, Toward a Pentecostal Eschatology|: Discerning the Way Forward [Hacia una escatología pentecostal: discerniendo el camino a seguir] (Dorset, UK: Deo, 2012), 294. Asimismo, véase Kingdom Come: Revisioning Pentecostal Eschatology [Venga Tu reino: revisión de la escatología pentecostal] (Dorset, UK: Deo, 2010) de Matthew K. Thompson, para el fascinante argumento de que el dispensacionalismo clásico ha debilitado la escatología vibrante del pentecostalismo genuino.

[13] Thomas E. Bergler, The Juvenilization of American Christianity [La juvenilización del cristianismo estadounidense] (Grand Rapids: Eerdmans, 2012); Swee Hong Lim y Lester Ruth. Lovin’ on Jesus: A Concise History of Contemporary Worship [Amar a Jesús: una historia concisa de la adoración contemporánea] (Nashville, TN: Abingdon, 2017), 16-17.

[14] Para comparar esto con la himnología tradicional, ver “Singing about Death in American Protestant Hymnody” [“Cantar sobre la muerte en la himnodia protestante estadounidense”] en Wonderful Words of Life: Hymns in American Protestant History and Theology [Maravillosas palabras de vida: himnos en la historia y teología protestante estadounidense], ed. Richard J. Mouw y Mark A. Noll (Grand Rapids: Eerdmans, 2004), 179-204.

[15] Jonas Myrin y Matt Redman, “10,000 razones”, 2011.

[16] “Y cruzaré la noche lóbrega sin temor, hasta que venga el día de perennal fulgor. ¡Cuán placentero entonces con mi Jesús morar, y en la mansión de gloria siempre con El reinar!”.

[17] Para una consideración cuidadosa y teológicamente rica sobre la importancia de entonar cánticos de lamento, véase “Singing Lament” [“Cánticos de lamento”] en Finding Lost Words: The Church’s Right to Lament [Encontrando palabras: el derecho de la iglesia a lamentarse] de Rob S. Smith, editado por G. Geoffrey Harper y Kit Barker (Eugene, OR: Wipf & Stock, 2017), 204-222.

[18] Sobre este tema, considera la obra de Daniel Vaca, Evangelicals Incorporated: Books and the Business of Religion in America [Evangélicos incorporados: libros y el negocio de la religión en Estados Unidos] (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2019).

[19] Christopher N. Phillips, The Hymnal: A Reading History [El himnario: una historia de lectura] (Baltimore, ML: Johns Hopkins University Press, 2018), traza la forma generalizada en que los himnarios publicados sirvieron de manera congregacional, devocional y educativa durante los siglos dieciocho y diecinueve.

[20] Ver la discusión en la obra de Ingalls, “Awesome in this Place” [“Impresionante en este lugar”], 115. Para una discusión fascinante, véase la obra de Monique Ingalls, “Transnational Connections, Musical Meaning, and the 1990s ‘British Invasion’ of North American Evangelical Worship Music” [“Conexiones transnacionales, significado musical y la ‘invasión británica’ de la música de adoración evangélica estadounidense de la década de 1990”]. En The Oxford Handbook of Music and World Christianities (El manual de Oxford de música y cristiandades mundiales). Editado por Jonathan Dueck y Suzel Ana Reily (Oxford: Oxford University Press, 2013), 425-448.

[21] Ingalls, “Awesome in this Place” [“Impresionante en este lugar”], 116-117. Ingalls cita a Deborah Evans Price, “‘Praise and Worship’ Music Extending Its Retail, Radio Reach” [“La música de ‘alabanza y adoración’ extiende su alcance minorista y radial”, 4.

[22] Véase Singing the Congregation: How Contemporary Worship Music Forms Evangelical Community [Cantando la congregación: cómo la música de adoración contemporánea forma la comunidad evangélica] (New York: Oxford University Press, 2018) de Monique M. Ingalls; y Joshua Kalin Busman, “(Re)Sounding Passion: Listening to American Evangelical Worship Music, 1997-2015” [“(Re)Sonando pasión: Escuchando música de adoración evangélica estadounidense, 1997-2015”], (PhD dis., Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, 2015).

[23] Ver Monique M. Ingalls, “Worship on the Web: Broadcasting Devotion through Worship Music Videos on YouTube” [“Adoración en la web: transmisión de devoción a través de videos musicales de adoración en YouTube”] en Music and the Broadcast Experience: Performance, Production, and Audiences [Música y la experiencia de transmisión: interpretación, producción y audiencias], editado por Christina L. Baade y James Deaville (New York: Oxford University Press, 2016), 293-309. Véase también la obra de Teresa Berger, Worship: Liturgical Practices in Digital Worlds [Adoración: prácticas litúrgicas en mundos digitales], New York: Routledge, 2018.

[24] Steven R. Guthrie, “Singing in the Body and in the Spirit” [“Cantar, en el cuerpo y en el espíritu”], Journal of the Evangelical Theological Society [Revista de la Sociedad Teológica Evangélica] 46, no. 4 (Diciembre de 2003): 638.

[25] Zack Eswine, Spurgeon’s Sorrows: Realistic Hope for those who Suffer from Depression [Los dolores de Spurgeon: esperanza realista para aquellos que sufren de depresión] (Fearn, Ross-shire, UK: Christian Focus, 2015), 283-284, ubicación en Kindle.

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