Supongamos motivos y no supongamos

[dropcap]A[/dropcap] pesar de que nos jactamos de grandes cosas y confiamos en nuestro conocimiento, en realidad somos pequeñas criaturas finitas restringidas por un millón de limitaciones. De hecho, nuestro conocimiento es tan limitado que ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos. A menudo no tenemos claridad sobre las motivaciones detrás de nuestros mejores o peores actos. Podemos hacer grandes cosas para el Señor mientras aún abrigamos motivos pecaminosos; podemos hacer cosas terribles que deshonran al Señor mientras aún abrigamos motivos nobles. Nuestro corazón es engañoso y desesperadamente malvado. ¿Quién puede conocerlo sino Dios mismo? No obstante, nos apresuramos tanto en suponer lo mejor respecto a nuestros propios motivos y lo peor respecto a los motivos de los demás. De seguro esto es parte de lo que el salmista clamó en el Salmo 139: «Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno». De seguro esto es lo que Salomón quería que supiéramos cuando dijo: «A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los motivos». Esto está lejos de agotar todo lo que la Biblia tiene que decir sobre los motivos. Aunque 1 Corintios 13 es un popular pasaje de bodas, su propósito principal no es guiar la relación entre esposos, sino la relación entre un creyente y otro. Y en ese pasaje, Dios nos dice lo que el amor exige de todos nosotros. Si hemos sido tocados por el amor de Dios, así es como debe manifestarse ese amor en nuestras relaciones con los demás: «Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:7). Varias de estas palabras y frases dicen algo sobre tema de los motivos. El amor todo lo disculpa, lo que significa que nunca se rinde. Nunca se cansa de soportar a otra persona en sus mejores y peores actos. El amor todo lo cree, y escoge creer lo mejor acerca de la otra persona en vez de lo peor. Deja de lado el escepticismo pecaminoso para suponer que los demás están actuando por buenos motivos en vez de malos motivos. El amor todo lo espera mirando a los demás creyentes con el sincero deseo de que estén actuando con las mejores intenciones y la esperanza de que logren grandes cosas para el Señor. Y el amor todo lo soporta, no rindiéndose rápidamente, sino perseverando a través del pecado o la apariencia de pecado. Perdona rápidamente, pasa rápidamente por alto una ofensa, y es lento para dudar. Y si 1 Corintios 13 no hace ya lo suficiente para llamarnos a examinar lo que suponemos acerca de los demás, también podemos volvernos a Santiago 3:17-18, donde leemos que «la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera». Podemos ir a las aleccionadoras palabras de 1 Corintios 4:5: «Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda». Esta es mi conclusión: es pecaminoso suponer malos motivos; es pecaminoso no suponer buenos motivos. Así que cuando veas en redes sociales una publicación que te impacte, no interpretes de inmediato que dice algo contencioso o defensivo. Cuando veas un artículo o veas un video, escoge conceder el favor de creer, esperar, disculpar y soportar todas las cosas. Piensa en esa persona como un hermano o hermana en Cristo y elige buscar la mejor explicación posible, no la peor. Es bueno hacer suposiciones si la suposición es que los motivos de la persona son buenos; es pecaminoso hacer suposiciones si la suposición es que los motivos de una persona son malos. Cuando miramos a otros cristianos —sus creencias, palabras y actos—, el amor nos llama a suponer lo mejor en vez de lo peor. El amor nos llama a considerarlos con esperanza antes que con suspicacia. Por amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas, debemos concederles la misma misericordia, la misma gracia, la misma esperanza que nos concedemos a nosotros mismos.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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