Se trata de un versículo en el que todo cristiano cree hasta que sufre alguna gran injusticia. Es un versículo que todo cristiano afirma hasta que es llamado a ponerlo en práctica en su propia vida. Y es allí cuando las palabras parecen pasar de ser claras a opacas y la aplicación, de simple a oscura. En 1 Corintios 6:7, Pablo habla de los litigios entre creyentes y dice: “¿Por qué no sufrís mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados?”. Es mejor sufrir la injusticia dentro de la iglesia, dice, que perjudicar la causa de Cristo ante el mundo. Es mejor sufrir el daño en silencio que expresar la indignación públicamente. Si demandas a un hermano y ganas, la iglesia ya ha perdido.
Esta es solo una aplicación de un principio mucho más amplio que se repite a lo largo del Nuevo Testamento, un principio que llama a los cristianos a comportarse con humildad y mansedumbre, incluso frente a graves injusticias. Los cristianos no deben tomar represalias cuando son agraviados, ni devolver el mal con el mal, ni maldecir a quienes les hacen daño. Más bien, hemos de soportar con paciencia el sufrimiento y la persecución, debemos resistir las dificultades, tenemos que encomendarnos a Dios. Debemos hacer todo esto incluso, y quizás especialmente, cuando nuestras pruebas vienen de la mano de aquellos que profesan a Cristo.
Nada de esto es fácil. No es poca cosa suprimir nuestro instinto natural de tomar represalias o dejar de lado nuestro deseo natural de venganza. No es poca cosa permitir que nos agredan y luego sufrir las consecuencias con mansedumbre. Es posible que sea uno de los mayores retos a los que estamos llamados a enfrentarnos. Sin embargo, podemos estar a la altura del desafío si nos aferramos a la gracia que Dios nos ofrece.

Para estar a la altura de ese reto, tendremos que mirar hacia atrás, hacia arriba y hacia adelante.
Tendremos que mirar atrás a Jesucristo, nuestro ejemplo perfecto, que nos llama a no hacer más de lo que Él ya ha hecho. Por muy injustos que sean nuestros perseguidores, los Suyos ciertamente fueron peores. Por muy dolorosas que sean nuestras pérdidas, las Suyas fueron sin duda mucho mayores. Sin embargo, soportó Su sufrimiento mansamente y ahora, “para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos” (1P 2:21). Él se encomendó a Dios y lo obedeció hasta el final, y lo mismo podemos hacer nosotros. Y así debemos hacerlo.
También, tendremos que levantar la vista para ver a Dios como soberano, a Dios como el que reina sobre este mundo y todos sus asuntos. Tenemos que creer y comprender que nuestro sufrimiento cae bajo la soberanía de Dios. Cualquier cosa que hayamos sufrido no ha tenido lugar fuera de Su voluntad, más allá de Su providencia o más allá de la jurisdicción de Su soberanía. Esta injusticia no fue inesperada para Dios y no lo tomó por sorpresa. Más bien, de alguna manera la quiso y la permitió. Y ahora espera que respondamos de forma coherente con Su Palabra, incluso cuando hacerlo nos lleva más allá de nuestras capacidades naturales.

Y finalmente, tendremos que ver hacia adelante, esperar el día en que todos los sufrimientos sean aliviados, todas las injusticias sean corregidas y todas las recompensas sean distribuidas. Al sufrir con mansedumbre hoy, nos estamos preparando para ser recompensados en el futuro. Cuando nos negamos a exigir satisfacción en el presente, expresamos la fe en que llegará un momento en el que Dios arreglará todas las cosas. Cuando la fe se convierta en vista, no tendremos la menor duda de que Dios lo ha hecho todo bien, incluso esto.
Es probable que la voluntad de Dios sea que lo más difícil que te llame a hacer es soportar ser agraviado, y hacerlo de una manera que muestre el carácter cristiano. Puede que el mayor desafío de tu vida sea soportar la injusticia con mansedumbre y paciencia. Quizá el llamado específico de Dios para ti sea sufrir el agravio y hacerlo sin tomar venganza y sin perder el gozo de tu salvación. Pero si miras hacia atrás, hacia arriba y hacia adelante, puedes sufrir bien, puedes sufrir mucho y puedes sufrir de tal manera que demuestres las bellezas del evangelio de la gracia, la hermosura de Jesucristo.

(Inevitablemente, habrá muchas preguntas al estilo “¿qué pasaría si…?” que vienen como consecuencia de un artículo como este y, de hecho, que siguen a cualquier estudio de 1 Corintios 6:7. Esas serían un tema para otro día, pero ahora permíteme desafiarte con esto: con este pasaje, al igual que otros más [por ejemplo, la sumisión al gobierno y la honra a los padres], nuestro primer instinto suele ser cómo evitar su enseñanza evidente en lugar de cómo ponerla en práctica. Así que hoy vamos a centrarnos en su enseñanza más clara: “Así que, en efecto, es ya un fallo entre ustedes el hecho de que tengan litigios entre sí. ¿Por qué no sufren mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados?”).
Publicado originalmente en Challies.