San Valentín, comunismo y comunicar bíblicamente

El amor se enseña con verdad y carácter, guiando al que hiere hacia el arrepentimiento y formando corazones humildes que aprendan a perdonar y servir, para que cada gesto en San Valentín nazca de la obediencia a Dios.
Foto: Envato Elements

Cuando yo enseñaba sexto grado en una escuela cristiana cerca de Chicago, una de mis compañeras de primaria me dio la noticia así, me dijo: “Todos tus alumnos tienen que dar un San Valentín a todos los demás en la clase”.

Aún hoy, tantos años después, creo que mi respuesta fue genial. Dije: “Lo siento. No soy comunista”.

Probablemente mi respuesta no fue tan amable como podría haber sido, y aunque lo tomé como una broma, probablemente debería haber pensado antes de hablar. Pero, verás… fue culpa de mi mamá.

Ella me enseñó a nunca aceptar la idea de que si comparto mi chicle con una persona, automáticamente debo compartirlo con todos los demás. Es mi chicle. Puedo compartirlo con quien yo quiera. Puedo dárselo a mi mejor amigo y no compartirlo con mi peor bully. Por otro lado, también podría compartirlo con mi peor bully en un intento de amontonar “ascuas de fuego” metafóricamente.

La forma en que mi mamá me comunicó esas verdades igualmente válidas, aunque aparentemente contradictorias, cuando era niño, fue absolutamente crucial. Creo que mi mamá lo hizo de la manera correcta, y creo que todos necesitamos enfrentarnos a esta realidad.

Educar el corazón de nuestros hijos significa enseñarles a amar con intención, discernimiento y fidelidad a la verdad bíblica. / Foto: Lightstock

Como cristianos, no debemos ser perezosos al comunicarnos. Al educar a nuestros hijos necesitamos ser tan completos y relevantes como las Escrituras. Y hay tres profundas verdades bíblicas que influyen en dar San Valentín y que nuestros hijos necesitan escuchar.

1. Bíblicamente hablando, ninguno de nuestros hijos “merece” un San Valentín, y nosotros, los padres, tampoco.

Como pecadores ante un Dios todopoderoso, todos merecemos el infierno. Nuestros hijos necesitan comprender eso. Esto ayuda mucho a lidiar con la insatisfacción y las quejas. Establecer esta base nos permitirá guiar a nuestros hijos a través del trauma de no recibir un San Valentín de alguien.

Nuestros hijos necesitan entender la gracia desde la raíz, reconocer que nada se gana por mérito y que todo regalo es misericordia de Dios. / Foto: Unsplash

2. Según la traducción de la Reina Valera 60, Proverbios 18:24 enseña que los niños (y adultos) que no se muestran amistosos no tendrán amigos, y por extensión, nadie querrá darles San Valentines.

Esta es una realidad bíblica que se manifiesta en más lugares que solo Proverbios. Demasiados jóvenes en nuestra cultura se sienten con derecho. Piensan que merecen ser invitados a fiestas de cumpleaños porque están en la misma clase que la cumpleañera. Merecen educación gratuita porque son de determinada nacionalidad. Merecen atención médica gratuita porque están enfermos. ¡Merecen un San Valentín porque es el día de San Valentín, y eso es lo que se hace! Y no importa que sean crueles con todos los que conocen, sienten el derecho de quejarse y enojarse cuando nadie les da un corazón de papel.

Libro de Proverbios recuerda que la amistad se cultiva con carácter, no con exigencias ni derechos. / Foto: Jhon Montaña

3. Nuestros hijos deben reconocer que Dios nos manda amarnos unos a otros… incluso a quienes nos maltratan.

Debemos vivir cada momento de nuestras vidas prefiriendo a los demás sobre nosotros mismos con bondad, intentando superarlos en honor (Ro 12:10).

Y, sin duda, hemos compartido estas verdades con nuestros hijos en distintos momentos, pero ¿cómo enseñamos a nuestros hijos la tensión bíblica sin predicar inapropiadamente una verdad y descuidar caprichosamente la otra? Es fácil inclinarse a un extremo cuando somos los que nos quedamos con la caja de zapatos de San Valentín vacía, y deslizarse al otro lado al considerar si darle o no una tarjeta a ese bully.

Nuestros hijos necesitan ser guiados para entender simultáneamente que no merecen un San Valentín de nadie, pero que Dios espera que amen a todos. Debo amar aún más, aunque sea amado menos a cambio (2Co 12:15).

El amor verdadero se entrega primero, incluso cuando no recibe nada a cambio. / Foto: Unsplash

Cuando comunicamos estos dilemas a nuestros hijos, necesitan enfrentar la tensión. “Protegerlos” declarando santurronamente que todos recibirán un San Valentín lleva a que los niños inmaduros formulen conclusiones por sí mismos. Y, tristemente, sus conclusiones suelen ser falsas.

  • El bully se enfada cuando no recibe un San Valentín de todos porque papá dijo que la gente “debe” dar un San Valentín.

  • Pero el niño angelical se molesta porque tiene que darle un San Valentín a alguien que lo empuja en el recreo. Mamá siempre le dijo que si no es amable, la gente no querrá jugar con él. ¿¡Por qué tiene que darle un San Valentín al bully!?

La realidad es que algunos padres necesitan comunicar verdades más completas a ambos niños. El bully necesita entender que es doblemente indignante que reciba un San Valentín porque se deleita en pecar contra Dios y dañar a otros. Los Proverbios describen el destino del bully con mucho detalle, y aunque Dios ha mandado bondad a los niños de su clase, eso no le da derecho a recibir amor cuando siembra odio. Debe ser llevado a un punto de arrepentimiento por su pecado y desear no solo ser amable en el día rojo y rosa, sino también en los demás días del año.

Por otro lado, el dulce niño angelical también necesita alinear su percepción de la verdad. Si alberga amargura o enojo en su corazón contra el bully, debe arrepentirse y mostrarle amor. Debe darle un San Valentín porque comprende cuánto amor y perdón inmerecido ha recibido de Dios, y no buscar su venganza reteniendo un dulce.

Mira, estoy totalmente a favor de que los alumnos de sexto grado se den San Valentines entre ellos. Veo valor en que todos reciban un sentimiento super-heroico estilo Wal-Mart. Pero también veo valor en que el niño incómodo o el niño abusivo y enojado no reciba un San Valentín que no se ha ganado.

Amar nace de la obediencia a Dios y se expresa corrigiendo con verdad, guiando al que hiere al arrepentimiento y enseñando a cada niño a dar amor con generosidad. / Foto: Envato Elements

Aún más, encuentro la mayor alegría en los padres que hablan la verdad de Dios a la vida de los niños. Me entusiasma cuando los padres animan a sus hijos a dar San Valentines, no porque “eso es lo que se hace”, sino porque Dios manda amar a los demás como queremos ser amados, y que si no recibimos ni un solo San Valentín a cambio, podemos regocijarnos porque fuimos capaces de ser una bendición, y Dios es la fuente de nuestra felicidad. Y mis ojos brillan de deleite cuando veo a un padre dedicar tiempo a aconsejar a un niño enojado sobre la realidad del daño en sus relaciones con Dios y con otros.

Así que, por todos los medios, animen a sus hijos a celebrar el día de San Valentín, pero enséñenles a hacerlo como cristianos, no como comunistas.

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Aaron M. Brewster

Aaron M. Brewster

Aaron M. Brewster es el presidente de Truth.Love.Family y presentador de su galardonado podcast sobre crianza, Truth.Love.Parent. Esposo, padre, consejero bíblico, predicador y orador. Ha creado cientos de horas de recursos gratuitos para padres, incluyendo The Year Long Celebration of God [“La celebración anual de Dios”], y es autor de Quit: How to Stop Family Strife for Good [Detenlo: Cómo detener los conflictos familiares para siempre].

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