Los buenos padres “comen” sus Biblias

Los buenos padres comen la Palabra de Dios, la reciben como alimento que nutre, corrige y hace madurar, y desde esa verdad vivida guían y forman a sus hijos en el camino del Señor.
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¿Sabías que la Biblia habla mucho acerca de personas que se la comen? Esto no es un accidente; es una imagen divinamente ordenada que no solo debe impactar la manera en que interactuamos con las Escrituras, sino también la forma en que las utilizamos en la crianza de nuestros hijos.

Meditaciones a partir de los mandatos de Dios a otros

En Jeremías 15:16 el profeta escribe: “Cuando se presentaban Tus palabras, yo las comía; tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón, porque se me llamaba por Tu nombre, oh Señor, Dios de los ejércitos”.

Ezequiel usa un lenguaje muy similar en Ezequiel 2:8 – 3:3: “‘Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te hablo; no seas rebelde como esa casa rebelde. Abre tu boca y come lo que te voy a dar’. Entonces miré que una mano estaba extendida hacia mí, y en ella había un libro. Él lo desenrolló delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y en él estaban escritas lamentaciones, gemidos y ayes. Entonces Él me dijo: ‘Hijo de hombre, come lo que tienes delante; cómete este rollo, y ve, habla a la casa de Israel’. Abrí, pues, mi boca, y Él me dio a comer el rollo. Entonces me dijo: ‘Hijo de hombre, alimenta tu estómago y llena tu cuerpo de este rollo que te doy’. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel”.

Luego, en Apocalipsis 10:8-11 encontramos un escenario muy similar: “La voz que yo había oído del cielo, la oí de nuevo hablando conmigo: ‘Ve, toma el libro que está abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra’. Entonces fui al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me dijo: ‘Tómalo y devóralo. Te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel’. Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y en mi boca fue dulce como la miel; pero cuando lo comí, me amargó las entrañas. Y me dijeron: ‘Debes profetizar otra vez acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes’”. 

A partir de estos textos, hay tres consideraciones sobre las cuales debemos meditar.

1. La imagen de comer es muy natural y evidente para nosotros

Todos los seres humanos, incluso los bebés, entienden que es absolutamente necesario comer y beber. Comer y beber no tienen que ver principalmente con el disfrute o la costumbre, sino con la nutrición. Sin ello, morimos. Nuestros cuerpos requieren una variedad de nutrientes que puedan ser procesados y utilizados para mantenernos en movimiento, sanar enfermedades, crecer y fortalecernos. ¿Anhelas la Palabra nutritiva de Dios, destinada a sanarte y hacerte madurar?

La Palabra de Dios es alimento que nutre, sana y hace madurar al corazón que la recibe y la anhela. / Foto: Unsplash

2. Toda la imagen coincide en que comer la Palabra es bueno

Jeremías la describe como gozo y alegría, y tanto Ezequiel como Juan la describen como dulce como la miel.

Pero ¿por qué Juan dice que le amargó el estómago? Ezequiel nos dice que su rollo, aunque dulce, contenía lamentaciones, gemidos y ayes. También podemos concluir que el pequeño rollo de Juan contenía una verdad difícil de tragar. La realidad del evangelio es dura. Los seres humanos orgullosos debemos reconocer que estamos espiritualmente arruinados. Necesitamos afligirnos por esa realidad y humillarnos delante de Dios, y para un pueblo orgulloso y ciego, ese es un mensaje amargo.

Es apropiado decir que el contenido de la Palabra es pesado. Contiene reprensión, corrección, exhortación y advertencia. Pero, como dice Proverbios 27:6: “Fieles son las heridas del amigo”. El Salmo 141:5 declara: “Que el justo me hiera con bondad y me reprenda”. Y Proverbios 20:30 afirma: “Los azotes que hieren limpian del mal, y los golpes llegan a lo más profundo del cuerpo”. ¿Respondemos correctamente a las verdades de la Escritura, por pesadas que sean? Este es el primer paso para ser buenos padres.

La Palabra de Dios es dulce y poderosa, aunque a veces amarga, porque corrige, enseña y transforma. / Foto: Lightstock

3. Comer la Palabra es un requisito previo para compartir la Palabra

Así como no podemos beneficiarnos de los alimentos hasta que los consumimos, tampoco podemos beneficiarnos de la Biblia hasta que la leemos, estudiamos y meditamos en ella. Pero Dios va más allá de la metáfora y revela que comer el rollo era necesario para poder comunicarlo a otros.

No podemos enseñar lo que no conocemos. La crianza es un ministerio de enseñanza inevitable, y las Escrituras son abundantemente claras respecto al contenido de esa enseñanza. Debemos criar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Somos Sus embajadores en este mundo, comenzando primero en nuestros hogares. ¿Compartes la Palabra que estás consumiendo? ¿La aplicas a la vida de tus hijos para que vean su relevancia?

Pero esto no es todo lo que la Escritura dice acerca de comer la verdad.

Para compartir la Palabra debemos primero consumirla; solo al vivirla y aplicarla podemos enseñarla y guiar a otros, empezando en nuestros hogares. / Foto: Lightstock

Meditaciones a partir de los mandatos de Dios para nosotros

1. La Palabra de Dios como pan

En Deuteronomio 8:3 leemos que “el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor”. Este es el pasaje que Jesús cita en Mateo 4:4. En Juan 6:35, Jesús, la Palabra misma de Dios, proclama: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre”. No hay vida, solo hay muerte, cuando no comemos el Pan de vida.

2. La Palabra de Dios como leche

En 1 Pedro 2:2 leemos: “deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación”. Y 1 Corintios 3:2 dice: “Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo”. Hay verdades en la Palabra de Dios que son fácilmente digeribles. Dios quiere que compartamos esa verdad incluso con nuestros hijos más pequeños, y nosotros mismos debemos anhelarla como un bebé desea su alimento.

3. La Palabra de Dios como alimento sólido o carne

La leche es adecuada para los bebés, pero no estamos llamados a alimentarnos solo de leche. Hebreos 5:12–14 dice: “…han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal”. Job 23:12 declara: “He atesorado las palabras de Su boca más que mi comida”. ¿Participamos del alimento sólido de las Escrituras como personas maduras, con los sentidos entrenados para discernir el bien y el mal?

La Palabra de Dios es alimento sólido; crecer y discernir requiere madurez y práctica en Su verdad. / Foto: Unsplash

4. La Palabra de Dios como miel

El Salmo 19:9-10 compara los juicios de Dios con la miel: “Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal”. Y el Salmo 119:103 exclama: “¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras, sí, más que la miel a mi boca!”. Si realmente fuéramos embajadores maduros y apasionados de Dios para nuestras familias, no tendríamos que ser obligados o persuadidos a pasar tiempo en la Biblia. Sería dulce para nosotros.

La Palabra de Dios es dulce como la miel, deseable y gozosa para quien la busca con pasión y madurez. / Foto: Lightstock

5. La obediencia sabia como alimento y bebida

En Proverbios 9:5, la sabiduría es personificada como una mujer que invita a un banquete: “Ven, come de mi pan, y bebe del vino que he mezclado”. En Juan 4:34, Jesús compara la obediencia a la voluntad de Dios, arraigada en Su Palabra, con alimento: “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra”. Cuando somos hacedores de la Palabra y no solo oidores, la obedeceremos, pero también la compartiremos con otros.

Es una verdad ineludible que los buenos padres comen la Biblia. La consumen, la mastican y permiten que los nutran, con el propósito de someterse a ella y criar a sus hijos a la luz de ella. Que todos nos dediquemos a consumir y comunicar diariamente la gloriosa verdad de Dios en nuestras familias.

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Aaron M. Brewster

Aaron M. Brewster

Aaron M. Brewster es el presidente de Truth.Love.Family y presentador de su galardonado podcast sobre crianza, Truth.Love.Parent. Esposo, padre, consejero bíblico, predicador y orador. Ha creado cientos de horas de recursos gratuitos para padres, incluyendo The Year Long Celebration of God [“La celebración anual de Dios”], y es autor de Quit: How to Stop Family Strife for Good [Detenlo: Cómo detener los conflictos familiares para siempre].

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