Enero 25
Al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron (Hechos 16:26).
En esta vida, Dios rescata a Su pueblo de algunos males, no de todos. Es reconfortante saber esto porque, de otra manera, podríamos deducir por nuestro sufrimiento que Él nos ha olvidado o rechazado.
Anímate con el recordatorio de que, en Hechos 16:19-24, Pablo y Silas no fueron liberados, pero en los versículos 25-26 sí.
Primero no hubo liberación:
- “…prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza…” (v. 19);
- “…los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas…” (v. 22);
- “…Después de darles muchos azotes…” (v. 23);
- El carcelero “les aseguró los pies en el cepo…” (v. 24).
Luego hubo liberación:
Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios… De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron (vv. 25-26).
Dios pudo haber intervenido antes, pero no lo hizo. Tiene Sus razones. Él ama a Pablo y a Silas.
Una pregunta para ti: si colocaras tu vida en una línea a lo largo de estos sucesos, ¿dónde estás actualmente? ¿Estás en el episodio de ser despojado y azotado, o en el de las celdas abiertas y las cadenas sueltas?
Ambos escenarios son formas en que Dios cuida de ti. Él no te ha dejado ni te ha desamparado (Hebreos 13:5).
Si te encuentras en la etapa de estar en cadenas, no pierdas la esperanza. Canta. Tu liberación está en camino. Es solo cuestión de tiempo, incluso si esta llegara a través de la muerte. “Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).
Devocional tomado del artículo “2 Stages of God’s Care for Us: Fettered and Freed”.
