Le da a Su amado el sueño

¿Qué podríamos darle a nuestros seres queridos si tuviéramos todo el poder del Dios todopoderoso, si pudiéramos dispensarles algún don de Su infinito depósito?
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De todos los  pensamientos divinos que aparecen registrados en las páginas del escrito sagrado, de todas las promesas que Dios hace a la humanidad, tal vez ninguna es más conmovedora, ninguna es más bendita, ninguna es más necesaria que esta: le da a su amado el sueño. ¿Qué podríamos darle a nuestros seres queridos si tuviéramos todo el poder del Dios todopoderoso, si pudiéramos dispensarles algún don de Su infinito depósito? Le daríamos la valentía de un héroe, la voz de un ángel, la riqueza de un rey, la fuerza de un campeón. Dios no hace tales promesas. En cambio, la promesa que Dios hace es esta: Él da a su amado el sueño. ¿Qué concedemos a aquellos con quienes compartimos nuestras vidas? No sólo les concedemos muchas bendiciones, sino también algunas tristezas. Les damos con una mano, pero les quitamos con la otra. Bendecimos y maldecimos, guardamos recuerdos que son maravillosos y otros que son dolorosos. Sonreímos para que otros queden satisfechos, pero también derramamos lágrimas que hacen daño, pero el Dios que no retiene ninguna cosa buena a quienes Él ama, les da el sueño. «¡Que duermas bien, mi amor!», decimos a veces, aunque sabemos que no tenemos el poder para calmar un corazón que está atribulado, una mente enturbiada, o a un cuerpo que siente dolor. «¡Que duermas bien, mi amor!», susurramos a veces, aunque sabemos que los sueños pueden llegar, y la noche aún puede ser muy larga y espantosa. Sin embargo, ninguna pesadilla puede perturbar y ningún dolor perdura cuando Dios da a Su amado el sueño. Este mundo está marcado por el ruido y esta tierra está plagada de razones para gemir, llorar y lamentar. Nuestros días están llenos de muchas situaciones de estrés, tensiones y ansiedades dolorosas. Aunque muchas veces anhelamos el descanso y lo necesitamos desesperadamente, simplemente y con demasiada frecuencia, no llega. Sin embargo, siempre podemos descansar en esta dulce promesa: Dios le da a Su amado el sueño. A medida que pasan los años, a medida que el cuerpo se debilita y la fe se hace más profunda, nos abrazamos a las promesas de Dios pues sabemos que las necesitamos; sabemos que si no estamos con la Palabra, no tenemos esperanza. Así como vamos envejeciendo, también va creciendo nuestra confianza y nuestra dependencia, de modo que la fe de un viejo cansado, es la fe de un joven vigoroso—la fe en el Dios que le da a Su amado el sueño. Y al final de nuestros días en la tierra, cuando hayamos llegado al fin de nuestro viaje y hayamos dado nuestro último suspiro, nuestros amigos se reunirán para darnos una cariñosa despedida. Y en aquel día, quizás alguien dirá, por fe, «Seca tus lágrimas y piensa en la preciosa promesa que tanto atesoró. No llores más, pues Dios le dio a Su amado el sueño». Inspirado por el poema «The Sleep», de Elizabeth Barrett Browning

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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