La primacía de la predicación en Pentecostés y de forma permanente en la iglesia 

Pentecostés nos recuerda la primacía de la predicación. No espectáculo ni pragmatismo, sino la Palabra clara, centrada en Cristo y respaldada por el Espíritu, el medio de Dios para dar vida a su iglesia.

El 8 de noviembre de 1939, podría haber cambiado el mundo, pero no fue así. A las 9:20 p. m., una bomba explotó en Alemania con Adolf Hitler como objetivo, pero debido a un cambio de última hora en la agenda, este se marchó 13 minutos antes de la explosión. La bomba, colocada por Georg Elser, habría puesto fin a la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial incluso antes de que comenzara.

La historia cambió en 13 minutos.

Aunque la historia está llena de “qué pasaría si…”, también está llena de “lo que fue”, es decir, de momentos que sí ocurrieron y que sí cambiaron el mundo.

Hechos 2 es uno de esos momentos, una explosión de gracia y verdad soberanamente ordenada. El nacimiento de la iglesia. El derramamiento del Espíritu Santo. Y el sermón que cambió el mundo.

Hechos 2 es uno de esos momentos, una explosión de gracia y verdad soberanamente ordenada. / Foto: Jhon Montaña

Pedro predicó

En Hechos 2:14, Pedro, el mismo Pedro que una vez negó a Jesús ante una sirvienta, ahora se presenta en público con valentía, alzando su voz por encima de la multitud para predicar. No dialoga. No da una charla TED. No se sienta en un taburete con un café con leche y hace preguntas. No se pone allí con su esposa y mantiene un diálogo. Él predica.

Tres indicadores en Hechos 2:14 nos muestran que se trata de una predicación:

  • Pedro se pone de pie con los once: no actúa por su cuenta. Se pone de pie con autoridad apostólica, como representante de los testigos comisionados por Cristo.

  • Levanta la voz y se dirige a ellos: se trata de una proclamación autoritaria. Un monólogo claro, desafiante y empoderado por el Espíritu en medio de la confusión y la burla.

  • “Sea esto de su conocimiento y presten atención a mis palabras”: Pedro exige atención. Su mensaje es importante. La eternidad está en juego. Está tomando autoridad sobre la asamblea.

Este no es un momento para bromas y tuits. No se trata de estadísticas deportivas, críticas de películas o anécdotas. Se trata de predicar con urgencia eterna.

En Hechos 2 no hay diálogo casual, hay proclamación de Cristo que confronta a los oyentes. / Imagen: VaE con IA

La prioridad de la predicación

El milagro de las lenguas atrajo a la multitud, pero fue la predicación lo que trajo claridad y conversión. De hecho, toda la estructura de Hechos 2 enfatiza la predicación. Sí, las lenguas son milagrosas. Sí, el derramamiento del Espíritu es sobrenatural. Pero ¿qué es lo que mantiene el centro de gravedad? El sermón.

Hoy, algunas iglesias cantan durante una hora y predican durante quince minutos. Me encanta el canto rico y doctrinal. Me encanta que mi propia iglesia cante en voz alta y bíblicamente. Pero el canto nunca debe reemplazar ni eclipsar la predicación.

El canto congregacional no debe opacar ni desplazar la predicación de las Escrituras, sino servirla y acompañarla. / Foto: Unsplash

La predicación calibra nuestras emociones con la verdad. Fundamenta nuestros sentimientos en los hechos. No basta con sentir profundamente, debemos sentir correctamente. Y eso sucede por medio de la predicación respaldada por el Espíritu.

La Iglesia primitiva no se reunía en torno a un animador. Se reunía en torno a la Palabra.

Las iglesias sanas de hoy, se caracterizan por esa misma prioridad. No porque la predicación esté de moda o cuente con el apoyo cultural, sino porque es el diseño de Dios. “La predicación es fundamental para el cristianismo”, como acertadamente señala Sam Waldron.

La predicación alinea nuestras emociones con la verdad y nos enseña no solo a sentir intensamente, sino a sentir correctamente por la obra del Espíritu. / Foto: Lightstock

El propósito de la predicación

He aquí un resumen aproximado del sermón de Pedro:

  • Esto es lo que está sucediendo (vv 15-21)

  • Así es cómo hemos llegado hasta aquí (vv 22-36)

  • Esto es lo que deben hacer (vv 37 y siguientes)

Este es un modelo sólido para la predicación: exposición, exaltación y exhortación.

El sermón de Pedro en Hechos 2 ofrece un modelo claro de predicación cristiana que explica, exalta a Cristo y llama a responder con obediencia. / Foto: Lightstock

1. Exposición

Pedro expone Joel 2:28-32. Presenta el Salmo 16 y el Salmo 110. Interpreta el Antiguo Testamento de manera cristocéntrica, incluso sin tener a mano el Nuevo Testamento.

Debemos hacer lo mismo. No me importan las opiniones de un predicador. Dame la Palabra. ¿Qué dice? ¿Qué significa? ¿Cómo se aplica?

2. Exaltación

El corazón del mensaje de Pedro es Cristo. Los versículos 22-24 resumen el evangelio: la vida, muerte y resurrección de Jesús. Él no predica un mejor comportamiento ni siete pasos para alcanzar la paz financiera. ¡Él predica a Cristo crucificado, resucitado y reinando!

Como dijo Spurgeon: “¡Un sermón sin Cristo! Es como hablar de una barra de pan sin harina. ¿Cómo puede alimentar el alma?”.

Y Charles Hodge nos recordó: “Hacer que el fin de la predicación sea la práctica de la virtud… es intentar cultivar frutos sin árboles”.

No predicamos la autoayuda. Predicamos el evangelio.

El corazón de nuestro mensaje debe ser Cristo. / Imagen: Lightstock

3. Exhortación

Pedro suplica a sus oyentes: “¡Sean salvos de esta perversa generación” (v 40).

Predicar no consiste simplemente en llenar la mente con información, sino en buscar aplicar la verdad a la vida. No queremos mentes brillantes y corazones fríos. Queremos ver a los pecadores salvados y a los santos edificados. Esperamos que los labios del predicador muevan las vidas de las personas por el poder del Espíritu Santo.

El poder de la predicación

¿Qué hizo que este sermón fuera tan eficaz? El poder provenía de:

1. La Palabra de Dios

J. C. Ryle escribió: “La Palabra expuesta y revelada… es la protección de la verdadera iglesia de Cristo”.

La predicación es poderosa porque las Escrituras son poderosas. ¡Son las palabras inspiradas por el Dios vivo!

Predicar no consiste simplemente en llenar la mente con información, sino en buscar aplicar la verdad a la vida. / Foto: Lightstock

2. La obra del Espíritu

Un sermón bíblico que exalta a Cristo significa que el Espíritu Santo está obrando. Incluso si el predicador no tiene puntos bien construídos o historias ingeniosas, incluso si no sabe griego o hebreo, incluso si nunca ha asistido a una clase de seminario, el Espíritu aplica la Palabra con precisión.

La predicación cristiana es poderosa porque Dios el Espíritu Santo obra en ella.

3. El camino de Pedro

Es decir, Pedro fue valiente. Esto es El fuego del pescador.

Apenas cincuenta días antes, Pedro había negado a Cristo. Ahora lo predica con fuego. No por su personalidad. No por teatralidad. Sino por el poder de la gracia soberana en su vida.

No entra en el escenario en motocicleta ni con ningún otro truco extravagante. Simplemente predica la verdad con una claridad intrépida. ¿Por qué? Porque el pragmatismo es impotente.

¿Pero la valentía? Ahí hay poder. Lleno del Espíritu, Pedro se presenta ante la multitud de Jerusalén y declara: “Ustedes mataron a Jesús. ¡Pero Dios lo resucitó!” (comparar vv 23-24, 36).

La Palabra de Dios, predicada con claridad por hombres llenos del Espíritu, enciende el mundo.

Cuando la Palabra de Dios es proclamada con claridad por hombres llenos del Espíritu, el mundo arde en transformación. / Foto: Lightstock

¿Cómo deberíamos responder?

Si este es el sermón que cambió el mundo, ¿cómo deberíamos relacionarnos con la predicación hoy en día?

Discernir

No todos los “sermones” son bíblicos. Muchos son superficiales, egocéntricos o carecen de Cristo. Pon a prueba lo que escuchas. Compáralo con el modelo de Hechos 2.

Apreciar

La predicación fiel es un don de la gracia. Alaba a Dios por ello. Da gracias por los hombres que predican de esta manera.

Anhelar

Prepara tu corazón. Incluso el sábado por la noche. Ora por tus pastores. Elimina las distracciones. Enseña a tus hijos a valorarlo. El púlpito no es entretenimiento. Es una cita divina.

Apoyar

  • Ora por aquellos que predican la Palabra

  • Protege su tiempo de preparación del sermón

  • Fomenta la centralidad del púlpito

  • Responde a la Palabra con obediencia

El 8 de noviembre de 1939, el mundo casi cambió. Se colocó una bomba. Se estableció un plan. Pero el momento tuvo un desfase de trece minutos. Lo que podría haber evitado una guerra terrible, se convirtió en una nota olvidada al pie de página. Todo lo que sucedió fue un montón de ruido que no cambió nada.

Pero en Hechos 2, no encontramos un “casi”. No encontramos un intento fallido ni una oportunidad perdida. Encontramos un fuego que cayó y permaneció.

La predicación de Pedro no fue un intento fallido. No fue un montón de ruido sin efecto. Fue un momento soberanamente ordenado que lanzó a la iglesia a la historia. Ese sermón sí cambió el mundo.

Nunca debes permitir que la predicación se convierta en una nota al pie de página para tu ministerio. La predicación bíblica y centrada en Cristo sigue cambiando vidas hoy.


Publicado originalmente en Founders Ministries.

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Allen Nelson

Allen S. Nelson IV es pastor de Perryville Second Baptist Church en Perryville, Arkansas, Estados Unidos. Él y su esposa Stephanie se casaron en el 2006 y tienen cinco hijos. Además de disfrutar tiempo con su familia, Allen ama enseñar la Biblia, leer buenos libros y la actividad al aire libre. Es el escritor del libro From Death to Life: How Salvation Works [De muerte a vida: cómo funciona la salvación] (Free Grace Press, 2018).

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