Marzo 8
“Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios”. Romanos 4:20
Antes de que Abraham tuviera hijos, Dios le prometió que su descendencia se convertiría en una enorme multitud. Pasó el tiempo y parecía que Abraham y Sara, su esposa, nunca tendrían hijos. La promesa se veía en riesgo de fallar, así que Abraham y Sara decidieron tomar el asunto en sus propias manos. Sara le ofreció a Abraham a su criada, Agar, para que le diera un hijo; y Agar tuvo un bebé, Ismael. Sin embargo, Dios dejó en claro que los descendientes que Él había prometido no surgirían de la línea de Ismael. Dios estaba mostrando a Abraham y a Sara que, si Su promesa iba a cumplirse, Él sería el único que podría hacerlo. Abraham recibió una tarea: confiar en la promesa de Dios… una promesa que enfrentaba dificultades abrumadoras y que, por lo tanto, requería un Dios todopoderoso para ser cumplida.
A medida que pasaban los años, Sara seguía sin concebir. Dios vino a Abraham de nuevo y le aseguró que, incluso a pesar de la edad avanzada de ella, concebiría un hijo. Eventualmente, a los noventa años, Sara dio a luz a un niño, Isaac, cuyo nombre significa “el que ríe”. Abraham, que alguna vez se rio de la idea del nacimiento de Isaac (Gn 17:17), seguramente estaba ahora inundado de asombro.
Dios cumple Sus promesas. Es imposible que una mujer de noventa años dé a luz, pero Dios lo hizo posible. La promesa de un heredero para esta anciana pareja requería nada menos que el regalo sobrenatural de la vida. Sin la intervención de Dios, no habría habido descendencia; no habría habido nacimiento. De manera similar, no puede haber vida espiritual sin la intervención de Dios. ¡Sin embargo, por Su poder, puede haber vida nueva, vida verdadera! Desde el principio, Dios estaba enseñándole a Su pueblo que era necesario un milagro para que el evangelio echara raíz en la vida de una persona.
Dios cumple Sus promesas… y Sus promesas a Su pueblo son muchas, son sorprendentes y son todas sí en Cristo (2Co 1:20). Nuestra parte es hacer lo que Abraham aprendió a hacer: confiar en las promesas de Dios, aun cuando nos parecen distantes o imposibles. Después de todo, una promesa que enfrenta dificultades abrumadoras requiere de un Dios todopoderoso para ser cumplida… y ese es precisamente el Dios a quien tú y yo llamamos Padre.
¿Hay alguien a quien conozcas que necesite recordar que Dios cumple Sus promesas hoy? Seamos honestos: este es un recordatorio que todos necesitamos. Tal como Abraham, pon tu esperanza solo en Dios. Él cumple Sus promesas solo a través de Su poder. Y, solo con mirarte en el espejo, tú ya sabes que Dios hace milagros porque fue necesario el mismo poder divino que colocó en su lugar las estrellas y que sostiene el mundo para despertar tu corazón, llevarte a la fe y darte vida eterna.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
