Enero 12
Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra (2 Corintios 9:8).
Sabemos que la fe en la gracia de Dios para el futuro es la clave para la experiencia de la generosidad, porque Pablo abraza esta promesa maravillosa: “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).
En otras palabras, si quieren ser libres de la necesidad de acumular dinero, si quieren poseer sobreabundancia (¡de gracia!) para toda buena obra, entonces pongan su fe en la gracia de Dios para el futuro. Confíen en la promesa de que “Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes” en todo momento del futuro con este mismo propósito.
Acabo de decir que fe en la gracia de Dios para el futuro es “la clave para la experiencia” de la generosidad, no para negar el hecho de que también hay una clave histórica. Existe una clave de experiencia y una clave de historia. Al hablar de la gracia que ellos recibieron, Pablo recuerda a los corintios: “Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos” (2 Corintios 8:9).
Sin esa obra histórica de la gracia, la puerta de la generosidad que exalta a Cristo seguiría cerrada. Esa gracia pasada es la clave del amor.
Notemos cómo esa gracia en el pasado funciona en este versículo. Esta creó la base (Cristo se hizo pobre) para la gracia del futuro (de que llegáramos a ser ricos). Es así que la clave histórica a nuestra generosidad opera al poner en nuestras manos la clave para la experiencia de fe en la gracia para el futuro.
Por tanto, la clave para la experiencia del amor y la generosidad es la siguiente: pongamos nuestra fe firmemente en la gracia para el futuro, la fe en que “Dios puede hacer [en el futuro] que toda gracia [venidera] abunde” para nosotros, de manera que cubra nuestras necesidades y que así podamos sobreabundar en la libertad del amor.
La libertad de la avaricia es el resultado de la fe en la gracia de Dios para el futuro.
