Hombre sabio en mi iglesia: explorando la sabiduría bíblica en comunidad

En este artículo, se nos recuerda que la sabiduría en un hombre (y una mujer) debe usarse para el beneficio de la iglesia local.
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La gran comisión señala que la predicación de este evangelio continúa con la formación de discípulos que, en definitiva, seguirán el paso de una santificación progresiva para ser conformados a la imagen de Jesús (Mt. 28:19‑20; Ro. 8:29). En la teología paulina, esto también se ve expresado como la formación de un hombre sabio. A los Colosenses les dice que él anuncia a Cristo “amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col 1:28).

De manera que el hombre en proceso de santificación en la iglesia local es aquel en quien la sabiduría práctica está demostrando cómo Cristo va siendo formado en su vida. Nos preguntamos entonces, ¿cómo se ve reflejada esta sabiduría en un hombre en la iglesia local? La santificación es un proceso por el cual el Espíritu Santo opera principalmente a través de la Palabra de Dios (Jn 17:17), pero se ve reflejado de manera práctica en nuestra conducta en general: “¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Stg 3:13).

El hombre en proceso de santificación, es aquel en quien la sabiduría práctica está demostrando cómo Cristo va siendo formado en su vida. / Foto: Envato Elements

El manual y el oxígeno del la sabiduría

El hombre sabio en la iglesia local será primariamente un hombre de la Palabra, que es el manual de la sabiduría. Faltaría espacio para aprender todo lo que esta nos enseña sobre el tema, pero los hombres que no tienen el hábito de la lectura diaria de las Escrituras y la meditación en esta no podrán tomar decisiones sabias ni serán miembros “sabios para lo bueno e inocentes para lo malo” (Sal 1; Jos 1:8‑9; Ro 16:19).

Antes de definir los deberes de la nueva vida en Cristo, Pablo dice que “la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría…” (Col 3:16); ningún hombre podrá desempeñarse adecuadamente como miembro de una iglesia a menos que la abundancia de la Escritura le enseñe cómo hacerlo. El hombre que garantiza su membresía saludable es aquel que imita a Cristo en su convicción de que “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4).

El hombre sabio en la iglesia local será primariamente un hombre de la Palabra, que es el manual de la sabiduría. / Foto: Simon Ray, en Unsplash.

La sabiduría de la unidad 

Cuando Jesús oró por los Suyos, una de Sus peticiones más destacadas fue en favor de la unidad (Jn 17:11, 21, 22). El hombre sabio en la iglesia local tendrá muy en cuenta esta verdad porque, de hecho, es una de las primeras características del andar cristiano, tal como lo declara Pablo estando preso en el Señor (Leer carta a los efesios).

¿Quieres ser un hombre sabio en tu iglesia local? Entonces tienes que velar por este aspecto que llenó el corazón de nuestro Señor a pocas horas de morir en la cruz.

La sabiduría de vivir en comunidad

El rey Salomón dijo: “El que anda con sabios será sabio…” (Pro 13:20). Sabiendo que la iglesia está formada por personas regeneradas y renacidas por la obra del Espíritu Santo, el hombre sabio entiende la importancia de cuidar la comunión con aquellos que son sabios por su temor al Señor (Pro 1:7). Ningún hombre puede vivir aislado, la exhortación a no dejar de congregarse está precedida por la necesidad de “estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras” (Heb 10:24‑25).

En una cultura prominentemente individualista, que pondera la sabiduría por declaraciones y conductas egocéntricas que se enfocan en los logros y el provecho a nivel personal, el hombre, miembro de su iglesia, entiende que es sabio poder relacionarse con otros, ser exhortado para no caer en el engaño del pecado, aprender de ellos y, a su vez, enseñarle a su prójimo en el marco del estímulo del amor y las buenas obras. Su práctica de vivir intencionalmente en comunidad a pesar de las diferencias y la diversidad del cuerpo es una demostración de sabiduría de lo alto porque responde a lo que Salomón dijo siglos atrás (Heb 3:13; 1Co 12).

El hombre sabio entiende la importancia de cuidar la comunión con aquellos que son sabios por su temor al Señor. / Foto: Unsplash

La sabiduría bajo autoridad

Cuando el apóstol Pablo le escribe su carta final a Timoteo, le recuerda que los tiempos difíciles de los últimos días incluirán, entre algunas de sus características, la manifestación de hombres amadores de sí mismos y soberbios. El pastor que ministra su don y rol pastoral se enfrentará a este tipo de personas dentro de la misma congregación y debe evitarlos (2Ti 3:2, 5). Es claro que la autoridad pastoral será resistida de una u otra manera, porque también es un derivado de cómo la sociedad va desarrollando esta falta de respeto.

En la iglesia local, el ministerio pastoral es una responsabilidad delegada por Cristo para perfeccionar a los santos; esta certeza es de una relevancia medular, y el hombre sabio no la subestimará (Ef. 4:11‑12). La sabiduría espiritual le enseña a un hombre a vivir considerando el resultado de la conducta del pastor o los pastores y así poder imitar su fe (Heb 13:7). También lo capacita para estimar y amar a quienes lo lideran, lo que incluye el reconocimiento del bien recibido (1Ts 5:13; Ga 6:6).

En la iglesia local, el ministerio pastoral es una responsabilidad delegada por Cristo para perfeccionar a los santos; esta certeza es de una relevancia medular, y el hombre sabio no la subestimará / Foto: Envato Elements

La sabiduría, el mejor recurso para la iglesia local

¿Quién sabe cuántas áreas pudieran incluirse en este breve espacio que se refieren a cómo un hombre debe experimentar la sabiduría dentro de su iglesia local? Resta expresar que solamente una vida piadosa y dependiente del Espíritu de Dios le permitirá a un hombre recordar, repasar y advertir las distintas situaciones en las que, con un corazón que ha cultivado la sabiduría, puede confesar con el rey Salomón que “la sabiduría tiene la ventaja de impartir éxito” (Ec 10:10). Aunque la palabra “éxito” suene un tanto a publicidad comercial, la realidad es que no es otra cosa que lo que le pasa al hombre que mantiene una relación íntima con Dios: “Todo lo que hace, prospera” (Sal 1:3).

Un hombre así es piadoso y útil en su congregación, refleja el carácter de Cristo, tiene hábitos saludables, discierne conflictos potenciales, conoce las circunstancias que es necesario evitar y se asemeja a los hombres de Isacar en tiempos de David, quienes eran “expertos en discernir los tiempos, con conocimiento de lo que Israel debía hacer” (1Cr 12:32). Recordando al Predicador una vez más: “El sabio tiene los ojos en su cabeza” (Ec 2:14).

Conclusión  

El hombre sabio y el hombre necio son confrontados por Jesús y la diferencia básica entre ellos fue que uno puso en práctica lo aprendido y el otro no. Frente a la inevitable adversidad, el resultado fue favorable para el sabio, pero catastrófico para el necio (Mt 7:24‑27). Los problemas llegan tanto para el hombre sabio como para el necio, pero la gran diferencia está en poner en práctica lo que se aprende, porque el sabio no solamente sabe escuchar, sino que también sabe practicar. Cristo es ese fundamento sólido y roca fuerte al que recurre un hombre para constituirse en un miembro sabio que contribuye desde su lugar a la extensión del reino de Dios.

Ricardo Daglio

Ricardo es pastor en la iglesia de la Unión de Centros Bíblicos en la ciudad de Villa Regina, Río Negro – Patagonia Argentina. Casado con Silvina, tiene tres hijos, Carolina, Lucas y Micaela. Sirvió al Señor como pastor en Uruguay, en la ciudad de Salto durante dieciséis años. Desde el año 2008 pastorea la iglesia local en Villa Regina. La filosofía de enseñanza bíblica es «La Biblia, versículo por versículo», la predicación expositiva secuencial de la Palabra de Dios.

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