Es sujeción, no aprisionamiento

El pecado daña las dinámicas en el ser humano, una de estas es la sujeción y el liderazgo, por ello, es propicio repasar la enseñanza bíblica.
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La Biblia tiene mucho que decir acerca de la sumisión. Es un tema, un mandato, que aparece con regularidad. A los cristianos se les dice que se sometan “unos a otros en el temor de Cristo” (Ef 5:21). A las esposas se les instruye a que “estén sometidas a sus propios maridos” (Ef 5:22). A los miembros de la iglesia se les ordena a sujetarse a sus pastores (Heb 13:17). En resumen, todos debemos someternos a Dios en todos los sentidos (Stg 4:7) porque toda autoridad en última instancia procede de Él (Ro 13:2). Resulta que nuestra sumisión a las personas es indistinguible de nuestra sumisión a Dios.

La sumisión es un concepto delicado que se hace aún más difícil por nuestra rebelión naturalmente pecaminosa a la noción misma de ella. La sumisión es simplemente reconocer las fuentes de autoridad y organizarnos a nosotros mismos en consecuencia. Sin embargo, todos estamos bastante convencidos de que podemos relacionarnos perfectamente bien sin ceder a la autoridad. Entendemos cómo otros pudieran necesitar ese tipo de liderazgo, ¡pero nosotros no! Esta rebelión comienza en la infancia y continúa hasta la muerte. Odiamos someternos a la gente porque odiamos someternos a Dios. Así como la sumisión a las personas es una faceta de nuestra sumisión a Dios, la rebelión contra las personas es una faceta de nuestra rebelión contra Dios. 

También podemos rebelarnos contra la sumisión porque fallamos en distinguirla cuidadosamente de otro término: aprisionar. Sumisión no es lo mismo que aprisionar. ¿Cuál es la diferencia entre los dos? Aprisionar describe las acciones tomadas por el que tiene autoridad, mientras que la sumisión describe las acciones tomadas por el que está bajo autoridad. Cuando se trata del matrimonio, la iglesia y nuestra vida compartida con otros creyentes, se nos instruye a someternos, no a ser prisioneros. 

Aprisionar es el acto de un gobernante para forzar la obediencia. Él usa el miedo, la fuerza o la intimidación para quebrantar la voluntad de la gente, a fin de que se rindan a él. Se dan por vencidos y ondean la bandera blanca. Han sido conquistados. Ahora están en sometimiento a este líder.

Aprisionar es el acto de un gobernante para forzar la obediencia. Él usa el miedo, la fuerza o la intimidación para quebrantar la voluntad de la gente, a fin de que se rindan a él. / Foto: Unsplash

El sometimiento es el acto de alguien que reconoce la autoridad legítima y se dispone voluntariamente en consecuencia. La sujeción es voluntaria, nunca forzada. Es responder al orden divino de las cosas primero en el corazón y luego en la vida. 

La iglesia no es prisionera de Jesucristo; no hemos sido conquistados despiadadamente por Él. No, la iglesia ha sido ganada por Jesucristo, así que voluntariamente nos sometemos a Su gobierno, guía e instrucción. Reconocemos Su derecho a gobernar, reconocemos Su amor sobreabundante, respondemos a Su Espíritu y nos disponemos en consecuencia.

Una esposa no es prisionera de su esposo. Ella no ha sido reclamada soberanamente por él. Más bien, ha sido buscada, atraída y ganada. Ahora Dios la llama a sujetarse al liderazgo de su esposo, a reconocer que en el diseño de la familia Dios ha ordenado que los esposos asuman el rol de liderazgo y que las esposas se sujeten a ese liderazgo. Por tanto, ella reconocerá la voluntad de Dios y se ordenará en consecuencia, sujetándose a su propio marido en todo (Ef 5:24). 

Una esposa no es prisionera de su esposo. Ella no ha sido reclamada soberanamente por él. Más bien, ha sido buscada, atraída y ganada. / Foto: Candice Picard

Los miembros de la iglesia no son prisioneros de sus pastores. No se les ha forzado a asumir un compromiso cristiano ni se les ha engatusado para que sean miembros de una iglesia. Más bien, se han unido voluntariamente a este cuerpo y ahora están deseosos de usar sus dones al servicio de los demás. Para hacer esto al máximo, para mantener el orden correcto de la iglesia y para que la tarea de los pastores sea fácil en lugar de onerosa, deberían sujetarse al liderazgo de su iglesia.

La instrucción constante de la Biblia es que el que está bajo autoridad debe sujetarse a los que están sobre él. Ajeno a la Biblia es que el que tiene autoridad debe forzar la sujeción de los que están bajo él. Muchos de nuestros problemas surgen cuando el pecado afecta ambos lados de esa dinámica. El problema no es solo con las personas que deberían sujetarse y no lo hacen, sino que es igualmente cierto para los que deben guiar bien y no lo hacen. No es solo nuestra sumisión la que ha sido confundida por la caída, sino también nuestro liderazgo. Así como pecaminosamente nos negamos a sujetarnos como debemos, pecaminosamente nos negamos a liderar como debemos. Nos rebelamos en la manera en que lideramos, así como nos rebelamos en la manera en que somos liderados. ¡Qué desastre somos! Y qué alegría cuando lideramos y somos liderados en la manera que manda Dios.


Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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