El resultado de la fe: una apologética que no busca la contienda

Defender la fe no tiene como objetivo destruir a alguien, sino mostrar la esperanza viva del creyente.
Foto: Masson

Es lamentable saber que tantos cristianos tienen cierta repulsión hacia la apologética. En casos extremos, se llega a escuchar que “es del diablo”. ¡Uy, el diablu! 

Una parte de mí los entiende. Porque vemos un uso inadecuado en redes sociales, al usar la apologética; se utiliza como un fin para pelear, sacar la espada y ultimadamente, dejar callado al oponente. Este es un uso totalmente errado. La apologética no es un fin, sino un medio. Un medio evangelístico que derrumba los pretextos, muros y desinformación que muchos no creyentes tienen. Tampoco se trata de dejar callado al oponente, pues no es nuestro enemigo, sino el prójimo que necesita las buenas nuevas. 

Cuando entendemos que la apologética es una herramienta para entablar conversaciones fructíferas sobre nuestra fe, comprendemos la seriedad de nuestra Gran Comisión, y del compromiso que nos implica. 

Hacer apologética de forma adecuada

Estando en una sociedad tan anti-cristiana, es nuestro deber mantenernos informados y preparados para llevar el mensaje de salvación a los demás. Necesitamos hacer uso de las herramientas que tenemos disponibles para abrir el camino para una charla espiritual, donde podamos hablarles de las verdades del cristianismo y presentarles a Jesús.  

Para lograrlo, debemos estar atentos a sus respuestas, tenemos que darnos el tiempo de escuchar a la persona. Estamos tan mal acostumbrados a estar de prisa, que estamos cazando palabras clave para de inmediato refutarlos, decirles que están mal y hablarles de Jesús. Así no funcionan las relaciones de verdad. Incluso en una amistad, el valor de respetarnos, y escucharnos es imprescindible; y lo mismo debemos ofrecer al prójimo. 

Cuando sabemos escuchar, sabemos responder. A veces la respuesta amerita ser el silencio, a veces es un abrazo, a veces es tragarnos las ganas de ser un cazador de herejías y esperar el momento preciso, para brindar las palabras precisas y corregirles de creencias falsas que puedan tener. 

Lo importante es crear lazos genuinos, para presentar el Evangelio.  

La apologética es una herramienta esencial para dialogar sobre nuestra fe. Debemos usar nuestras herramientas para iniciar conversaciones espirituales, compartir las verdades del cristianismo y presentar a Jesús. / Foto: Pexels

La esperanza que tenemos

Es aquí, donde llegamos a 1 Pedro 8, pero quiero darles contexto desde 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes”. 

Este contexto nos está hablando de nuestra esperanza, es una esperanza viva en nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos sido rescatados, para nacer de nuevo gracias a Su misericordia. Esto nos debe de alentar mucho al hablar con los incrédulos, y poder mostrarles un poco de esa misericordia y mucha de esa esperanza viva. Tenemos la promesa de una herencia incorruptible que no se marchitará. ¿No es esto algo que con gozo debamos compartir al mundo? 

Este pasaje de 1 de Pedro 1-12 es en verdad una piedra preciosa, que se oculta para quien goza de su inmundicia. Pero, cual tesoro que es hallado, queremos compartirlo con todo aquel que necesite de él, porque amamos a aquel que no hemos visto: “A quien sin haber visto, ustedes lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas”. 

Amamos a Dios por la fe. Esta fe debe llenar nuestras palabras con regocijo en cada una de nuestras charlas apologéticas. Es la fe la que inyecta nuestro deseo por el bien del prójimo, es esa esperanza viva la que nutre nuestro deseo de ver, incluso a quien no conocemos, recibir Su salvación.  

Este es el trabajo del apologista bíblico, no el apologista de redes sociales. El trabajo de alguien que se esmera no solo en prepararse diligentemente, sino del apologista que ora, que con humildad sirve, que con sometimiento al Señor se prepara para ser la Gran Comisión. 

Dios te use de gran manera.

Priscila Fonseca

Priscila Fonseca

Priscila es conocida como la Bibliotecaria de la Apologética en la comunidad hispana. Estudia la Licenciatura en Teología Aplicada en el Seminario Bíblico de México, y ha sido ponente de varias conferencias apologéticas. Además es traductora de textos teológicos y apologéticos en Worldview Media, bloguera y creadora de «Encuéntrame en el Cielo», y profesora en Facts. Colabora con Papiro 52 y Editorial Clie en la difusión de literatura cristiana. Vive en México junto a su esposo Cristian y su perrito Chance.

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