Cuando profetizamos el dolor y no la gracia

Somos visionarios sin optimismo: profetizamos el dolor, no la gracia. Nos preparamos para la pena, pero rara vez para la bondad de Dios.
Foto: Envato Elements

Si la pandemia de COVID nos enseñó algo, seguramente es que somos unos pésimos pronosticadores. Los mejores políticos, los mejores científicos y los mejores especialistas no pudieron predecir hasta dónde se extendería el virus, con qué rapidez se desplazaría y cuántas vidas tomaría. Tanto los más optimistas como los más pesimistas demostraron estar equivocados, no solo en pequeñas proporciones, sino en grandes magnitudes. Miraron el presente, hicieron sus predicciones sobre el futuro, y se equivocaron mucho.

Muchos han aprovechado la ocasión para desprestigiar a estos expertos por su falta de acierto, pero si reflexionamos un momento deberíamos darnos cuenta de que todos somos propensos a hacer malas predicciones sobre el futuro. Con un poco de humildad, deberíamos darnos cuenta de que nuestra tasa de éxito es igual de mala, y que nuestras profecías son igual de falsas. Sin embargo, nuestros fracasos pasados rara vez nos detienen para futuros intentos.

La mayor parte de nuestras preocupaciones, de nuestro miedo, de nuestra ansiedad, provienen de predecir el futuro. / Foto: Envato Elements

Me pregunto si alguna vez has reflexionado sobre la certeza de que la mayor parte de nuestras preocupaciones, de nuestro miedo, de nuestra ansiedad, provienen de predecir el futuro. La capacidad de mirar hacia delante es un rasgo esencialmente humano. Tenemos la capacidad de usar nuestra imaginación para ver y sentir el futuro, para imaginar esa victoria y sentir la emoción de ella, para visualizar esa pérdida y sentir la pena de ella. Nuestra imaginación involucra nuestras emociones, de modo que empezamos a llorar o a alegrarnos por lo que aún no ha sucedido y por lo que tal vez nunca suceda. Esto es un rasgo de nuestra humanidad, no un fallo, estoy seguro, ya que nos guía hacia lo que es deseable y nos aleja de lo que nos causaría dolor.

Pero me pregunto si alguna vez has reflexionado sobre una realidad asociada a esto: cuando miramos al futuro, cuando imaginamos lo que puede ser, somos mucho mejores proyectando la pena que la gracia. El futuro que imaginamos, y el futuro que empezamos a sentir, es a menudo más sombrío que exuberante, más doloroso que prometedor. Las fantasías que evocamos son de daño, no de ayuda, de dolor, no de apoyo. Ed Welch lo dice muy bien: “Los preocupados son visionarios sin optimismo”.

 Cuando miramos al futuro, cuando imaginamos lo que puede ser, somos mucho mejores proyectando la pena que la gracia. / Foto: Envato Elements

No soy particularmente propenso a preocuparme, pero cuando lo hago, tiendo a preocuparme por mis hijos. Al fin y al cabo, son la principal responsabilidad que me ha dado Dios y son, después de todo, lo más valioso para mí. Al reflexionar recientemente sobre el tema, me he dado cuenta de mi tendencia a imaginar un futuro en el que solo conozco la pérdida, el dolor, la tristeza. He sido ese visionario preocupado que ve un futuro de maldad, no de bondad, de una pena tan profunda que desplaza toda la alegría. Ha sido necesaria la pérdida de uno de mis hijos para ayudarme a comprender hasta qué punto mi imaginación ha sido defectuosa, para entender que solo proyectaba una parte muy pequeña y muy inexacta de la realidad.

En tiempos de turbulencia debemos mirar hacia lo que Dios ha hecho, para recordar la inmensidad de su gracia / Foto: Lightstock

La pérdida de un hijo es más dolorosa de lo que jamás hubiera podido imaginar, pero la gracia de Dios en ella ha sido más constante de lo que jamás hubiera podido imaginar. La pérdida ha sido más dolorosa, pero la alegría ha estado más presente que en cualquier fantasía que pudiera haber evocado. Nunca hubiera podido prever las formas en que las promesas de Dios se han hecho realidad, las formas en que nos ha consolado con Su Espíritu y Su pueblo, las formas en que hemos sido sostenidos por la oración, en que hemos sido alentados por palabras de verdad y actos de amor. Tenía ojos para ver algo del dolor, pero poco de la alegría, para ver mucho de la pena, pero muy poco de la gracia. Mi imaginación era defectuosa en lo que preveía y defectuosa en lo que no preveía.

No tiene ningún sentido que esté listo para decir que la gracia que hemos experimentado equilibra el dolor, en el cual esté listo para decir: “No cambiaría la situación aunque pudiera”. Supongo que ese día llegará. Por ahora mi confianza está en la bondad y la soberanía de Dios, mi confianza es que Su plan es perfecto, incluso cuando no lo parece. Y, cuando vuelven las preocupaciones, cuando siento miedo por mis hijas, cuando se me nubla la mente y se me acelera el pulso, en lugar de mirar hacia delante para proyectar la pena miro hacia atrás para recordar la gracia, en lugar de mirar hacia dentro miro hacia arriba, en lugar de detenerme en las proyecciones me detengo en la providencia. Porque la preocupación, lo sé, es tan insensata como las predicciones.


Publicado originalmente en Challies.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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