Los días festivos finalmente han llegado a su fin. Algunos de tus hijos probablemente ya regresaron a la escuela y, quizás, seas de los pocos que aún siguen de vacaciones. Pero todos vamos a enfrentar la misma lucha: motivar a nuestros hogares a volver a la vida real. Si eres como la mayoría del mundo occidental, acabas de pasar varias semanas comiendo, viendo televisión, jugando, durmiendo y visitando personas… y ninguna de nuestras vidas funciona realmente así.
De hecho, te sorprendería y entristecería saber que las tasas de suicidio alcanzan su punto más alto justo después de las vacaciones y de las grandes fiestas. Las personas pasan todo el año preparándose para este evento, y cuando termina, se quedan pensando: “¿Eso es todo? ¿Esto es todo lo que hay?”. Y, aunque quienes conocemos a Dios no deberíamos luchar con esos pensamientos, seguimos siendo humanos, y volver a la rutina nunca ha sido nuestro pasatiempo favorito. Por eso, para lograrlo, quiero darte cuatro ideas para comenzar el nuevo año con el pie derecho.

1. Empieza la vida real ahora
Para quienes, como yo, aún están de vacaciones, no dejen de lado la vida real. Tú y tu familia no deberían tomar vacaciones de su tiempo devocional personal con el Señor. Ya sea que estén en casa o en un hotel, las tareas del hogar y la higiene personal son vitales para mantenerse saludables y cómodos. Y, aunque puede ser aceptable tener un maratón de películas durante el receso, eso no debería ser lo único que hagan. Empieza a trabajar en esas resoluciones de crecimiento personal que te propusiste o guía a tu familia en alguna oportunidad de servicio comunitario. “Empezar la vida real ahora” también aplica a lo que comes. Sí, por supuesto, disfruta la comida, pero ya sea que comas o bebas, hazlo todo para la gloria de Dios (1Co 10:31). No debería haber una diferencia drástica entre la alimentación durante las vacaciones y después de ellas. Incluso si comes fuera de casa, debes cuidar el templo de Dios.

2. Habla de la vida real ahora
La mayoría de quienes tenemos hijos pequeños sabemos lo valioso que es darles avisos con anticipación. “Nos vamos del parque en unos cinco minutos”. “Ya casi nos vamos, en cuatro minutos salimos”. “Bien, les quedan tres minutos más”. “Aprovechen para deslizarse unas veces más, y continúen jugando”. Esto también es muy valioso durante las vacaciones. No se trata de anunciar cosas sin sentido cada minuto, pero, al menos una vez al día, deberías enfocarte en la semana que viene.
Eso sí, no lo hagas como si fuera una amenaza. Decirle a tu hija adolescente: “Oye, no te olvides de que la escuela empieza la próxima semana”, no la animará mucho. En cambio, podrías decir: “Estoy deseando ayudarte más este año con tus tareas. Creo que podemos mejorar tu calificación de inglés del primer semestre”. La capacidad de una persona para cumplir sus propósitos de año nuevo depende, en parte, de que estos se comuniquen con claridad. Empieza ese proceso ahora, para que no parezca que el crecimiento personal solo ocurre en la monotonía de la “vida normal”. ¡También debemos buscar la semejanza a Cristo durante las vacaciones!

Para reenfocar a tu familia, asegúrate de estar viviendo elementos de la “vida real” ahora, y también de hablar sobre ideas para después de las vacaciones que ayuden a todos a prepararse mentalmente para el final del receso.
Ahora, nuestro siguiente punto es para cuando las vacaciones ya hayan terminado oficialmente. Para algunos, eso ya pasó, y desearían haber sabido hacer las dos primeras cosas, pero no pueden volver en el tiempo… ¡porque su cuñado les compró un suéter en lugar de una máquina del tiempo! Pero no pasa nada. Donde yo trabajaba, en Victory Academy of Boys, nuestros estudiantes terminaban sus vacaciones regresando a un internado en el Northwoods de Wisconsin. No iban a ver a sus familias por meses, y tenían que soportarme a mí durante el resto del semestre. No tuve la oportunidad de hacer los pasos uno y dos con ellos; lo único que tenía era el momento en que regresaban por la puerta.

3. Continúa la diversión ahora
Claro, el receso terminó y la escuela volvió a comenzar. Sé que tienes que trabajar, pero eso no significa que tu familia deba dejar de pasar tiempo junta, de tener comidas especiales o de disfrutarse mutuamente. Pocas personas manejan bien los cambios bruscos, y esta no es la excepción. Sugiero reducir la diversión familiar de manera gradual. De hecho, algunas familias necesitan aumentar su tiempo juntos, y muchas más, necesitan aprender a hacer que ese tiempo sea más honroso para Cristo.
Hablando hipotéticamente, si durante las vacaciones el nivel de tiempo familiar fue de 100, y la vida diaria no debería bajar de 40, entonces reduce las actividades festivas a lo largo de la primera semana de regreso y busca un nuevo promedio, preferiblemente uno que implique pasar más tiempo juntos que el año pasado.

4. Haz la transición con una buena actitud
Somos los líderes, los modelos y quienes marcan el ritmo. No termines las vacaciones quejándote del trabajo del lunes. ¡No tengas una mala actitud! Alaba a Dios delante de tus hijos por las bendiciones de un trabajo estable y de una buena educación. Sé proactivo, muestra entusiasmo por la vida real. ¿Deberían nuestras familias aprender a detestar la voluntad de Dios para sus vidas? ¡Claro que no! Sin embargo, lo hacemos con frecuencia cuando nos deprimimos porque llegó el temido último día de vacaciones. Establece el estándar en tu hogar. Sé el ejemplo.
Por supuesto, esto requiere un plan intencional. Determina qué tareas y oportunidades de servicio deben realizarse. Planea un tiempo familiar más intencional una vez que terminen las vacaciones y prepárate espiritualmente para ser el ejemplo que necesitas ser al entrar en la parte más emocionante del año… mañana.
¡Feliz Año Nuevo!
