De las tinieblas a la luz: cómo Cristo transforma nuestras viejas prácticas

Antes, en la época de Navidad, buscábamos luz en rituales, supersticiones y “energías”. Hoy caminamos en una identidad nueva: somos luz en el Señor.
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Porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de la luz. Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinen qué es lo que agrada al Señor, y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien desenmascárenlas (Ef 5:8-11).

La Navidad es una temporada llena de luces, colores, cantos y palabras de esperanza. Pero para muchas mujeres que han llegado a Cristo después de un pasado rodeado de supersticiones, rituales, energías, tarot, adivinación o prácticas de la nueva era, estas fechas despiertan memorias mezcladas: algunas dulces, otras sombrías. Diciembre te recuerda que hubo un tiempo en que buscabas sentido y protección en lugares equivocados. Y aunque ahora caminas con Jesús, todavía sientes esa tensión entre lo que fuiste y lo que eres hoy.

La Palabra de Dios describe esa realidad con una belleza y una claridad asombrosas: antes no solo estabas en tinieblas; eras tinieblas. Ese era tu estado espiritual, tu identidad sin Cristo. No era solo ignorancia; era esclavitud espiritual. No era solo confusión; era ceguera. Pero la buena noticia del evangelio es que ahora eres luz en el Señor. Él no te pidió perfección para aceptarte. No te exigió conocimiento teológico para librarte. No esperó que resolvieras tu vida sola. Él te encontró en tu noche, apagó el poder del engaño y encendió en tu alma una luz que jamás se extinguirá.

Diciembre enciende luces afuera, pero también despierta memorias del pasado. / Foto: Envato Elements

Este artículo no busca revivir la culpa del pasado, sino mostrar la grandeza de la gracia que te rescató. Caminarás a lo largo de tres verdades esenciales:

  • La oscuridad de la cual Cristo te rescató.

  • La identidad luminosa que ahora tienes en Él.

  • Cómo vivir una Navidad verdaderamente cristiana, sin supersticiones, miedos ni mezclas.

1. La oscuridad de la cual Cristo te rescató

Cuando miras atrás, quizás recuerdas prácticas que en su momento parecían inofensivas o incluso “espirituales”:

  • Velas encendidas “para atraer paz o buena energía”.

  • Baños rituales para “limpiar la mala vibra”.

  • Amuletos para la protección del hogar.

  • Cuarzos para atraer prosperidad o claridad.

  • Lecturas de cartas, limpias o trabajos energéticos.

  • Creencias en horóscopos y decretos.

  • Ritualitos familiares en diciembre: ropa de cierto color, manzanas, monedas, quemar papeles al finalizar el año, entre otros.
Al mirar atrás, algunas prácticas que parecían inofensivas o “espirituales” revelan hoy lo que realmente eran: búsquedas de paz y protección fuera de la verdadera luz. / Foto: Envato Elements

La mayoría de estas cosas no parecían “brujería”; se presentaban como prácticas culturales, terapéuticas o “alternativas”. Pero la Biblia los clasifica de otra manera: obra de las tinieblas. No porque todo lo que hacías fuera explícitamente con una mala intención, sino porque provenía de una fuente espiritual que no es Dios.

Y lo más profundo es esto: la oscuridad no se medía por el ritual que hacías, sino por la ausencia de Cristo en tu vida.

La oscuridad es confusión espiritual, es buscar respuestas donde no las hay, es depender de cosas creadas en lugar del Creador. La oscuridad es creer que el universo decide, que la energía se mueve, que la suerte cambia, que la protección depende de objetos o palabras humanas.

Muchas prácticas se disfrazaron de cultura o terapia, pero la Escritura las llama tinieblas. No por la intención, sino por la fuente. / Foto: Envato Elements

La Palabra, parafraseada, en Efesios 5:8 te recuerda: “Hubo un tiempo en que vivías oscurecida espiritualmente: no tenías luz, no tenías dirección, no tenías a Cristo. Caminabas de un lado a otro buscando paz, pero la paz no estaba en esos caminos”.

Pero lo más glorioso de este texto es la primera palabra del versículo: “antes”, es decir: ya no es tu historia presente. Cristo apagó la noche de tu alma y encendió Su luz en ti. No te definió por tu pasado; te transformó por Su gracia.

Efesios 5:8 nos recuerda que hubo un antes: cuando vivíamos sin luz, sin dirección y sin Cristo, buscando paz donde no estaba. Pero ese ya no es el presente. / Foto: Jhon Montaña

2. “Ahora son luz en el Señor”: una nueva identidad para vivir sin miedo

El texto no dice que ahora tienes un poquito de luz, ni que estás en proceso de llegar a ser luz, ni que tu luz depende de tu estado emocional o espiritual. No. Dice algo mucho más fuerte: “Ahora son luz en el Señor”.

Es una declaración de identidad, es un sello espiritual, es una realidad que no depende de tu pasado ni de tus debilidades, es un cambio profundo, radical y permanente. Pero ¿qué implica ser luz en Cristo? Implica que…

…ya no vives bajo el miedo espiritual

El miedo es la semilla de todas las supersticiones: “¿Y si no hago esto me irá mal?”.  “¿Y si me echan mala vibra?”. “¿Y si esa persona me desea mal?”. “¿Y si dejo este amuleto algo malo pasa?”. Pero la Palabra parafraseada enseña: “El amor de Dios expulsa y destierra todo temor”. Ahora perteneces a Aquel que gobierna el cielo y la tierra. No estás en manos del destino, ni de la energía, ni del azar, ni de la intención ajena.

No estamos en manos del destino, de la energía, del azar ni de la intención ajena, sino en las manos de Aquel que gobierna el cielo y la tierra. / Foto: Envato Elements

…ya no necesitas señales externas para vivir en paz

Cristo te guía. Su Palabra es tu mapa. Su Espíritu es tu compañía. No necesitas números repetidos, cartas, astros, cuarzos o intuiciones. Tu refugio no está en energías invisibles, sino en el Dios que hizo el universo y sostiene tu vida en Sus manos.

…tu pasado no determina tu presente

Quizá alguien te dijo que “quien se mete en cosas espirituales queda marcada para siempre”. Pero Cristo rompe cadenas, no las prolonga. Él cancela todo derecho del enemigo sobre tu vida. La cruz no deja cabos sueltos.

…puedes hablar sin vergüenza de lo que Dios te ha sacado

Tu historia no te avergüenza: ahora es un testimonio. Tu pasado no es una sombra; es una plataforma para exaltar la fidelidad del Señor. Como dice el pasaje parafraseado: “Muestren las obras de la oscuridad como lo que son, para que otros entiendan la verdad de Dios”.

Cristo te guía, Su Palabra es tu mapa y Su Espíritu tu compañía. Ya no necesitas números, cartas, astros, cuarzos ni intuiciones: en Él tienes dirección segura y suficiente. / Foto: Lightstock

3. Una Navidad luminosa: cómo celebrar desde la libertad en Cristo

Tu nueva identidad te permite celebrar diciembre de una manera completamente diferente. Ya no sigues tradiciones supersticiosas. Ya no te aferras a rituales. Ya no temes el cambio de año. Ya no mezclas prácticas culturales con tu fe. Aquí tienes cuatro maneras de vivir una Navidad verdaderamente bíblica:

Limpia tu corazón y tu hogar de antiguas influencias

Si aún guardas objetos de tu vida pasada, considera entregarlos o desecharlos. No porque tengan poder, sino porque representan una etapa que Dios ya cerró. Pero más importante que limpiar tu casa, es limpiar tu mente:

  • Reemplaza decretos con oración.
  • Reemplaza rituales con la Palabra.
  • Reemplaza supersticiones con confianza en la soberanía de Dios.
  • Reemplaza objetos “protectores” con fe en la protección divina.
Cambia decretos por oración, rituales por la Palabra, supersticiones por confianza en la soberanía de Dios y objetos “protectores” por fe en Su protección. / Foto: Envato Elements

Celebra la Navidad centrada en Cristo, no en mitos modernos o energías navideñas

La Navidad no necesita “energía positiva” porque tiene la presencia del Salvador. No necesitas supersticiones como: ropa de cierto color, comida “con suerte”, rituales del 31 de diciembre, decretos del año nuevo, objetos “para atraer prosperidad”. Todo eso es oscuridad disfrazada de tradición. Recuerda que la Navidad es la celebración de la entrada de la Luz verdadera:  Jesús, el Hijo de Dios, vino a deshacer las obras del enemigo.

Enseña a tus hijos a distinguir entre superstición y fe

Ellos te observan. Aprenden de ti. Entenderán lo que es la luz al verte caminar en ella.

Enséñales que…

  • …no existe la suerte, sino la providencia de Dios;
  • …no se “atrae lo bueno”, sino que todo proviene del Señor;
  • …no hay “decretos poderosos”; solo el poder de la Palabra viva;
  • …no hay “energías”; hay un Dios personal y soberano.
Guía a tus hijos a diferenciar la superstición de la fe. Ellos aprenden mirando tu ejemplo y descubrirán la luz al verte caminar en ella. / Foto: Envato Elements

 Agradece con profundidad lo que Dios hizo contigo

Diciembre se convierte en un altar de gratitud. No solo celebras el nacimiento de Cristo: celebras tu propio renacimiento espiritual. Dices: “Señor, gracias porque cuando yo caminaba en sombras, Tú me iluminaste”. “Gracias porque apagaste mis temores y encendiste tu paz”. “Gracias porque me salvaste de la oscuridad disfrazada de luz”. “Gracias porque hoy soy Tuya, y mi vida te pertenece”.

Cuando aún luchas con miedo o confusión

Aunque ya estás en Cristo, quizá a veces sientes temor de que lo que hiciste en el pasado te persiga. Eso es normal en quienes fueron sacadas de prácticas espirituales profundas. Pero la Biblia te recuerda que:

  • Tu pasado está crucificado con Cristo.
  • No existe “energía residual” que te amenace.
  • No hay fuerza oscura que tenga autoridad sobre ti.
  • El enemigo no puede reclamar lo que Jesús compró con Su sangre.
  • Dónde está la luz, la oscuridad no puede permanecer.

Si aún te sientes inquieta, habla con una mujer madura en la fe. La consejería bíblica trae claridad y paz.

La Biblia te recuerda que Tu pasado está crucificado con Cristo. / Foto: Lightstock

Conclusión: la Navidad marca el triunfo de la Luz sobre tu oscuridad

Tu vida contiene un milagro navideño: la Luz del mundo entró en tu historia personal y la transformó para siempre. “Jesús les habló otra vez, diciendo: ‘Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida’” (Jn 8:12).

Efesios 5:8-11, parafraseado, se convierte en tu identidad y tu canción: “Antes eras oscuridad. Ahora eres luz en el Señor. Vive como hija de la luz, produce frutos buenos, rectos y verdaderos, y aléjate de las obras que no producen vida”.

Cristo no solo cambió lo que haces; cambió quién eres. La Navidad ya no es un mes cargado de miedos, rituales o confusiones espirituales. Ahora es un recordatorio de tu libertad, tu identidad y tu propósito.

Jesús vino, y porque Él vino: tu pasado no manda; la oscuridad no reina; las supersticiones no tienen poder; las mentiras no te atan; la luz de Cristo te guía, te guarda y te define.

Esta Navidad, camina en esa luz… y deja que tu historia ilumine a otras mujeres que todavía viven donde tú ya no vives.

Y desde estas líneas te escribe alguien a quien, hace 31 años, el Señor miró con gracia y rescató de las tinieblas de la brujería, la santería, el tarot y aun de comprar revistas solo para leer los horóscopos. Por eso comprendo tu lucha, tu proceso y tus dudas. También puedo decirte, con un corazón profundamente agradecido, que rendirse por completo al Señor es la mayor bendición que una mujer puede conocer. Hoy celebro una Navidad distinta: Cristo reinando en mi vida, la libertad espiritual en la que camino y el privilegio inmerecido de ser usada por Su gracia y misericordia. A Él sea toda la gloria.

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Lily Llambés

Liliana Llambés es colombiana y sirve como misionera de IMB en Panamá. Su pasión es proclamar el mensaje de salvación y hacer discípulos con el fundamento bíblico de la Palabra de Dios. Es la autora de «7 disciplinas espirituales para la mujer» y conferencista internacional. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary, y está cursando una Maestría en Divinidades con énfasis en Consejería Bíblica. Está casada con el pastor y misionero Carlos Llambés, con quien tiene 4 hijos y 9 nietos. Puedes encontrarla en Facebook, Twitter e Instagram. @lilyllambes

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