Enero 28
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
Un vago presentimiento de que uno es despreciable no es lo mismo que una convicción de pecado. Sentirse podrido no es lo mismo que estar arrepentido.
Esta mañana empecé a orar y me sentí indigno de hablarle al Creador del universo. Era una vaga sensación de indignidad. Entonces, se lo dije. ¿Y ahora qué?
Nada cambió hasta que empecé a ser específico acerca de mis pecados. Sentirse mal con uno mismo puede ser de ayuda si estos sentimientos nos llevan a la convicción de pecado. Una vaga sensación de que somos malas personas no ayuda mucho.
La neblina de la falta de dignidad necesita tomar la forma definida de los oscuros pilares de la desobediencia. Después podemos señalarlos, arrepentirnos, pedir perdón y apuntar hacia ellos para destruirlos.
Entonces empecé a traer a la mente los mandamientos que quebranto frecuentemente. Los siguientes vinieron a la mente:
- Amar a Dios con todo mi corazón, alma, mente y fuerzas. No con un 95 por ciento, sino con un 100 por ciento (Mateo 22:37).
- Amar al prójimo como a mí mismo. Tener tantos deseos de que todo le vaya bien como el que tengo para mí mismo (Mateo 22:39).
¡Ya basta de pretensiones de gran santidad! Estoy arruinado.
Esto es peor que sentimientos vagos e incómodos. Oh, pero ahora el enemigo es visible. Los pecados son específicos. Ya salieron de su escondite. Los miro a los ojos. No estoy lloriqueando por sentirme miserable. Estoy pidiendo perdón a Cristo por no obedecer cosas específicas que me ha mandado.
Estoy quebrantado y enojado por mi pecado. Quiero destruir mi pecado, no destruirme a mí mismo. No soy un suicida. Soy alguien que odia el pecado y soy un asesino de pecados (“hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal”, Colosenses 3:5 NVI; hagan “morir las obras de la carne”, Romanos 8:13). Quiero vivir. Por eso soy un asesino… ¡de mis pecados!
En este conflicto, escucho la promesa: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La paz aumenta.
Nuevamente, las oraciones parecen posibles, apropiadas y poderosas.
Devocional tomado del artículo “How I Approach God When Feeling Rotten”.
