Caminar la vida cristiana junto a otros

 Por gracia, he podido comprender la importancia de caminar con otros en este mundo caído para encontrar aliento, exhortación, ánimo y también ser confrontado para crecer en Cristo.
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Me emociona mucho escribir este artículo, pues a través de él puedo darles a conocer lo que he experimentado y aprendido en estos años al compartir mi vida con otros.  Por gracia, he podido comprender la importancia de caminar con otros en este mundo caído para encontrar aliento, exhortación, ánimo y también ser confrontado para crecer en Cristo. Algo que el mundo no comprende a cabalidad y que los cristianos necesitamos recordarnos constantemente.

La amistad

Creo que todos desde niños hemos tenido amigos, algunos permanecieron y otros no. Algunos fueron buena influencia, y otros no tanto (de acuerdo con lo que creíamos que era una “buena influencia”). Aún recuerdo a mis 12 años llamar amigos a aquellos con los que salía a divertirme, jugar futbol o ver un evento deportivo. La diversión era lo que teníamos en común. Pero luego, crecimos, algunos se mudaron de casa o sus vidas tomaron otro giro, aquello que era una amistad o que teníamos en común ya no existía. Y, lamenté no tener amigos verdaderos, aun cuando crecí. Reflexioné que quizás lo único que nos unía era aquello que nos brindaba alegría, distracción y de cierta manera enseñanza. A esto, el mundo lo presenta con las siguientes frases: “únete a los que son como tú”, “busca amigos que sumen a tu vida”, “júntate con los que te ayudarán en la vida”, “busca amigos que se parezcan a ti”, “aléjate de los que no están de acuerdo contigo”, etc. De pronto, sin percatarte, caes en esta mentira, aún en el cristianismo. De este modo, llegas a definir la amistad como algo que te beneficia a ti en lo que tú quieres y bajo tus términos. Pero ¿así luce el ser “amigos en Cristo”?

En Cristo

Por la inmerecida gracia de Dios, Cristo me llama “su amigo” (Jn 15:14-15). Todos los que hemos sido lavados por la sangre del Cordero, somos sus amigos. Los que nos hemos arrepentido de nuestros pecados por su misericordia. Como consecuencia de la amistad con Cristo, podemos experimentar cambio acerca de cómo vemos a los demás y a nosotros mismos. Desde que estoy en el Señor, la amistad ha sido un proceso y un aprendizaje, uno maravilloso porque es Cristo quien nos une a mí y mis amigos, siendo Cristo a quien tenemos en común y quien ciertamente es beneficioso para nuestras almas. Su Espíritu que mora en nosotros nos asegura que somos sus hijos y, nos une en familia con otros hijos de Dios a los cuales llamamos hermanos en la fe (Hech 1:15). Es aquí donde se lleva a cabo el “caminar la vida cristiana junto a otros”.  Tenemos hermanos en la fe en nuestra iglesia local, en nuestro país y en todo el mundo. Sin embargo, no caminaremos con todos de la misma manera. Con algunos compartiremos gustos –deportes y otro tipo de diversión–, pero también luchas y dolor, esto llevará a una convivencia que nos permitirá construir una amistad más profunda. Si bien es Cristo quien nos une y aunque todos somos hermanos, debemos aprender que una amistad crece al exponer nuestro corazón, abrir las puertas de nuestra casa y compartir luchas, reconociendo que en cada circunstancia Cristo usará a nuestro hermano para acercarnos a Él. La Palabra dice: “Puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pe 1:22). Jesús dijo: “amarás a tu prójimo como ti mismo” (Mt 22:39), como cumplimiento de la ley.

Caminar con otros

Hay un propósito claro del porque necesitamos caminar o vivir nuestra vida con otros: representar a Jesús (Jn 13:35).  Jesús nos dio el mayor ejemplo. Él no solo escogió a sus discípulos, sino que caminó y vivió durante tres años con ellos. De día y de noche Jesús les mostró el verdadero amor, servicio, humildad y la revelación de quien era Él y lo que haría por ellos, y los que vendrían después de ellos (Jn 17:20-21). Vemos la importancia de caminar con otros porque Él nos ha hecho hermanos para forjar amistades que le representen. En mi iglesia local tenemos grupos de casa que llamamos “Comunidades Misionales”. Un lugar especial donde mi familia y yo hemos encontrado amistades verdaderas, porque el centro de ellas es el amor del Señor Jesucristo. Nos reunimos, no solo para crecer en su Palabra, sino para conocernos, compartir nuestras vidas sinceramente. Somos intencionales en conocer más profundamente a otros hermanos, servirlos y amarlos. Durante cinco años, mi familia y yo hemos servido a otros, lo que ha sido una bendición, ya que por medio de esta labor hemos aprendido más de lo que jamás imaginamos. Además de la hermandad que ya tenemos en Cristo, es una bendición ser verdaderos amigos. Hoy puedo llamar a otros hermanos y amigos por caminar juntos al mostrar el amor incondicional de Cristo. Esto es, no esperar recibir para dar, sino que nos quitamos del centro para ver las necesidades del otro. En el camino habrá diferencias, como Salomón lo dijo: “El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro” (Prov 27:17). Sin embargo, esto no es motivo de separación, aún si se mudan de casa o sus vidas toman otro giro. Nos mantenemos unidos por el perdón que hemos recibido en Cristo, sin que dejar de amarnos y siempre relacionándonos.

Se hermano y amigo

Mi exhortación para ti, hermano o hermana, es que no pretendas llevar tu vida cristiana en soledad. No quieras aparentar que estás bien o que no tienes necesidad de compañía. Dios te ha injertado en una familia para que acudas a ella. No esperes que siempre te busquen, sino que al ver tu necesidad sal de ese lugar de comodidad en donde tu eres el centro. O serás presa fácil del pecado, cederás a la tentación y te alejarás del lugar donde Dios te ha puesto para crecer y madurar. Caminar juntos no es fácil, pero está supuesto a no ser fácil para depender de Él. Suelo meditar en este ejemplo: “es como si fueras a la guerra, y en lugar de ir junto a otros soldados, te aísles y te presentes al frente de batalla para luchar solo, en una guerra que es de todos”. Sería una locura ¿verdad? Somos el Cuerpo de Cristo, podemos y necesitamos caminar con otros para representar a Jesús, amar, apoyar a otros; y sí, recibir de lo que Dios les ha dado también, hasta que Dios nos llame a su presencia. Caminar juntos es morir al yo, es dar de lo que el Señor nos ha dado, es reconocer que somos débiles, que solos no podremos crecer en Cristo. Es mejor tener a otros hermanos, que son pecadores como nosotros, para compartir los momentos buenos, de alegría y cotidianidad, o en los difíciles como la enfermedad y la escasez. La amistad crece porque dejamos de vernos a nosotros, nos esforzamos para que otros vean a Cristo y su necesidad de Él, como nosotros también la tenemos. El mundo individualista podrá seguir con sus enseñanzas sobre la amistad, pero los hijos de Dios sabemos que nos necesitamos unos a otros. Somos familia en la fe, una fe dada (Ef 2:8); somos familia por gracia (Ef 2:8-9); somos familia por Cristo (Gal 4:6); somos familia eternamente (Apo 7:9-10). Caminemos en este mundo con otros hasta que el Señor quiera, porque al final, viviremos juntos eternamente. ¡Amén!

Sergio Cano

Sergio Cano es esposo de Susana tienen tres hijos, Susana María, Sergio Alejandro y Daniela. Vive en la ciudad de Guatemala. Es diácono de iglesia Reforma, donde juntos sirven en discipulado a matrimonios e individualmente. Tiene un diplomado en consejería bíblica con la Organización Hope for the Heart.

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