Julio 15
“[Él] nos dio a conocer el misterio de Su voluntad, según la buena intención que se propuso en Cristo, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra”. Efesios 1:9-10
Cuando uno ve la construcción de un edificio desde afuera, todo lo que sucede bajo los andamios y armados puede parecer un misterio. Evidentemente, algo está tomando forma, pero es difícil que otro que no sea el arquitecto pueda imaginar el resultado final.
En el desarrollo del drama del Antiguo Testamento, el misterio de la voluntad de Dios se parece a estos andamios y armados que velan ciertas partes de la historia bíblica hasta que llega, como lo dice Pablo, “la plenitud del tiempo” (Ga 4:4). Incluso cuando los profetas mismos anunciaban a Aquel que habría de venir, solo podían adivinar todo el significado que yacía detrás de las pistas e indicios entrelazados en sus escritos (1P 1:10-11).
En términos bíblicos, un “misterio” no es un rompecabezas que debe ser resuelto por el ingenio humano; más bien, es un secreto que espera a ser revelado por Dios. Mediante la obra de Su Espíritu en nuestro corazón y mente, muchos de los misterios de Dios se vuelven comprensibles para nosotros. Sin Su obra, no podemos entenderlos.
Después de Su resurrección, cuando Jesús tuvo la oportunidad de charlar con los viajeros descontentos en el camino a Emaús, les respondió de manera amorosa, aunque estratégica (Lc 24:18-27). Al principio, no lo reconocieron y le preguntaron: “¿Eres Tú el único visitante en Jerusalén que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos días?” (¡qué irónico!). Jesús solo les respondió: “¿Qué cosas?”. Él quería que ellos hablaran. Después, cuando compartieron la historia de Su crucifixión y resurrección, les dijo: “¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!”. Ellos todavía no habían entendido el misterio y, por tanto, Lucas nos dice que el Señor se los aclaró: “¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en Su gloria? Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras”.
“El misterio de Su voluntad” ha sido (y, en verdad, sigue siendo) dado a conocer al pueblo de Dios para que Él pueda “reunir todas las cosas en Cristo”. Algún día, cuando todos los tiempos que el Señor ha establecido por Su propia autoridad se hayan cumplido, esta unidad se manifestará. Finalmente, los andamios, los armados y las lonas serán retiradas y podremos ver el edificio terminado. Hasta que llegue ese día, podemos estar agradecidos de que el Señor nos haya revelado el misterio de la salvación y de que podemos caminar en servicio y alabanza a Él, confiados en que, aunque no podamos entender los planes o el progreso hacia su terminación, el Arquitecto divino está obrando todas las cosas para el bien de Su pueblo y para la gloria de Su Hijo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
