Estar unidos por medio de iglesias locales es una muestra de la sabiduría de Dios. Sabemos que es un despliegue de Su sabiduría, pero a veces nos parece una locura. A veces nos cansamos de estar rodeados de personas pecadoras, egoístas, a las que todavía les queda mucho camino por recorrer. En otras palabras, nos cansamos de estar rodeados de personas que son como nosotros. En momentos así, podemos beneficiarnos de un recordatorio de lo que Dios está haciendo en y por medio de Su pueblo.
En el libro de Romanos, Pablo identifica un problema dentro de la iglesia, que tiene el potencial de dividir a la congregación. Lo aborda en los capítulos 14 y 15, y dice lo siguiente: “Yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también de amonestarse los unos a los otros ” (Ro 15:14). Me encanta el lenguaje superlativo que Pablo utiliza aquí. Indica que está totalmente convencido de que esta iglesia está llena de bondad y plena de conocimiento y absolutamente llena de la capacidad de instruirse unos a otros en la perfecta Palabra de Dios.

Es obvio que esto no puede ser completamente cierto. Estas personas todavía están vivas así que en realidad no tienen toda la bondad y todo el conocimiento. No son completamente capaces de ayudarse unos a otros a entender y obedecer la Palabra de Dios. Entonces, ¿por qué Pablo actúa como si lo fueran? Porque los ama y quiere animarlos. No los está adulando; les está expresando amor, alegría y confianza.
Pablo nos muestra aquí y en muchos otros lugares que hay dos maneras de mirar a otros cristianos. Hay dos maneras de mirar a la gente en tu propia iglesia local: puedes mirarlos de dónde han venido o por donde todavía necesitan ir. Puedes escoger enfocarte en todo el progreso que han hecho, o puedes escoger enfocarte en todo el progreso que todavía necesitan hacer.
Una y otra vez, Pablo opta por fijarse en el progreso que ha hecho la gente y centrarse en ello. Sabe que tienen un largo camino por recorrer antes de reflejar perfectamente a Jesucristo, pero elige centrarse en sus virtudes. Elige centrarse en lo lejos que han llegado. Elige estar satisfecho.

¿Y tú? Cuando pasas tiempo con los hermanos y hermanas de tu iglesia local, ¿te sientes fácilmente frustrado por ellos? ¿Te sientes consternado por su comportamiento? ¿Te cansas de su pecado y pecaminosidad? Tal vez lo mejor que puedes hacer es dar un paso atrás para considerar de dónde han venido y recordar quiénes fueron una vez. Piensa en sus testimonios de bautismo cuando hablaron de esos profundos patrones de pecado que habían consumido sus vidas durante tantos años. Piensa en quiénes eran cuando entraron por primera vez por esas puertas como no creyentes o como nuevos creyentes.
Hazlo, y creo que te encontrarás motivado para dar gracias a Dios por todas las evidencias de Su gracia que ves en sus vidas. Espero que también te sientas motivado a contarles todas las evidencias de la gracia que ves en sus vidas. Sí, inevitablemente también verás muchas áreas del remanente de pecado. Pero elige enfocarte en la gracia. Eso te animará y te equipará para animarlos a ellos.

La iglesia no es un museo de arte para exponer obras maestras perfectas. No es un museo natural para exhibir especímenes perfectos. La iglesia es un hospital para curar a los enfermos, y se necesita tiempo para curar a la gente de una enfermedad mortal. No puedes sorprenderte de que un hospital está lleno de gente enferma y no debería sorprenderte cuando una iglesia está llena de gente desordenada y pecadora. Después de todo, no son los que están bien los que necesitan un médico, sino los que estamos enfermos. No son los que son justos los que necesitan a Jesús, sino los pecadores.
Sigue el ejemplo de Pablo y haz un hábito el ver la gracia. Escoge elogiar a otros, animarlos, ser animado por ellos, y deliberadamente compartir evidencias de la gracia de Dios con ellos. Te bendecirá ser una bendición para ellos.
Publicado originalmente en Challies.