Recientemente hice un viaje a una de las ciudades más importantes de mi país, Colombia. No era la primera vez, pero en esta ocasión pude ver la tremenda hambre espiritual que en ella hay. Algo que sin duda se replica en muchas ciudades tan concurridas y visitadas como esta en diferentes partes del mundo, y esta hambre se podía palpar en las diferentes ofertas de espiritualidad que se encontraban en todas partes (calles, edificios, bibliotecas, promotores, restaurantes, etc.).
Había letreros en los postes de las calles ofreciendo un conocimiento elevado de sí mismo, carteles promocionando el Congreso Mundial de Brujería, diferentes santuarios dedicados a santos católicos que no conocía, y tuve largas sesiones en conversaciones con una persona muy respetada y educada que creía en la devoción a los ángeles, en Buda, en los cristales, en las experiencias paranormales y en el divino niño.

Ahora, esta tendencia no está confinada a mi país, ¡Hay un movimiento a nivel mundial en busca de espiritualidad! Aunque algunos pretenden buscar un método en el que se consiga ser espiritual sin ser llamados religiosos, ya que el ser humano de hoy siente que hay algo más que el materialismo que nos rodea.
Esto es tanto inquietante como interesante, en medio de un mundo que está buscando secularizarse más y más, hay personas cuyos espíritus gimen por espiritualidad, a lo que quisiera que meditaras conmigo por un momento en las siguientes preguntas:
- ¿Qué debería hacer la iglesia cristiana ante esta hambre por la espiritualidad?
- ¿Qué debería hacer el cristiano común en medio de este ambiente que nos rodea?
Propongo 3 cosas sencillas, pero que tienen un gran impacto.

1. Tengamos una Cristología sólida
Es importante que notemos que lo que he descrito es muy parecido a lo que vivía la iglesia en Colosa. Los cristianos de este lugar se encontraban rodeados de tantos caminos que ofrecían espiritualidad, plenitud y realización, que Pablo tuvo que escribir una preciosa carta llena de cristología para ayudarlos a no seguir los seductores caminos del misticismo, del ascetismo y de la observancia de la ley del antiguo pacto para sentirse más y más espirituales.
En esta carta, Pablo habla de Cristo y dice que “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Que en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él”. Les recordó que “Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Que Cristo es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, que Él tiene toda la primacía. Que al Dios Padre le agradó que en Él habitara toda la plenitud” (Col 1:15-19)

Ellos no tenían que buscar conocimiento, crecimiento, comunión o espiritualidad en otro lugar, porque en Cristo “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2:3) y los que ponen su fe en Él, “han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad” (Col 2:10).
La razón por la que vemos que muchas personas son arrastradas a seguir estos caminos alternos de espiritualidad, es porque no conocen la gloria, supremacía y belleza de Cristo, y la iglesia es la que conserva este precioso depósito por medio de las Escrituras, nuestra vocación es seguir creciendo en el conocimiento y entendimiento de estas profundas verdades que vemos en Colosenses, y en todos los libros de la Escritura, sobre Cristo.

2. Distingamos la verdadera espiritualidad
Algo curioso de todos estos caminos de espiritualidad que el mundo ofrece, es que todos están centrados en el yo de cada uno de sus seguidores, en la adquisición de poder (sea por magia, objetos o figuras) para no depender de ninguna otra persona y de la búsqueda de felicidad emocional y mental propia eliminando la gente tóxica de sus vidas.
Aunque esto suena muy bien para corazones caídos como los nuestros, la Biblia nos muestra una espiritualidad que va en otra dirección. Esta espiritualidad ¡Que solo es producida por el Espíritu Santo en los que han creído en el evangelio! nos dirige al amor de Dios en Cristo, y al amor sacrificial por nuestro prójimo.

- Cuando la espiritualidad de este mundo busca centrarse en el yo, la espiritualidad bíblica me dice que me preocupe por los demás cuando dice: “Si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre… Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo” (Ga 6:1-2).
- Cuando la espiritualidad de este mundo nos lleva a buscar poder, la espiritualidad bíblica nos dice que debo ser un siervo por amor a los demás (Ga 5:13).
- Cuando la espiritualidad de este mundo solo se basa en conseguir objetos, figuras, magia, etc, ¡pero no cambia nuestro interior de forma permanente!, la espiritualidad bíblica produce vida nueva en nuestro interior y nos lleva a ser personas que se caracterizan por el “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio” (Ga 5:22-23).
- Cuando la espiritualidad de este mundo nos lleva a buscar nuestra propia felicidad y bienestar emocional y mental, la espiritualidad bíblica nos conduce a llevar una vida cruciforme, y decimos como el apóstol Pablo: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2:20).

Por lo que debemos estar muy atentos y discernir el tipo de espiritualidad que este mundo ofrece, cuyo resultado son más bien las obras de la carne (Ga 5:19-21) que el fruto que solo el Espíritu Santo produce en el creyente.
3. Aprovechemos este auge de espiritualidad para proclamar la verdad
Como dije al principio, este escenario es tanto inquietante como interesante, porque a pesar de sus mentiras, es un grito de auxilio del ser humano caído, y la iglesia tiene el remedio para ello: el precioso evangelio de Cristo Jesús.
Así como el apóstol Pablo veía la religiosidad de Atenas y aprovechó para proclamar el evangelio (Hch 17:16-34), podemos aprovechar este escenario para tener conversaciones espirituales deliberadas con estas personas y apuntarlas a Cristo. Preguntas como las siguientes abren puertas a conversaciones que nos pueden conducir a un terreno fértil para predicar el evangelio:
- ¿Por qué crees en esto?
- ¿Has leído alguna vez una Biblia?
- Para ti, ¿quién es Jesús?
- ¿Sabes qué significa la palabra evangelio?
Oremos al Señor para que Dios nos abra puertas para compartir Su Palabra y dar a conocer el misterio de Cristo con valentía, fidelidad y amor.
