Todo lo falso, todo lo deshonroso, todo lo injusto

Todo pensamiento forma un camino. Si quieres caminar en santidad, llena tu mente de lo que es verdadero, justo y digno de alabanza. Ese es el estándar de Dios.
Foto: Lightstock

¿Qué hace que las personas santas sean santas? ¿Qué hace que la gente impía sea impía? En gran medida es lo que llena sus mentes y corazones. Por eso la batalla por la santidad es, en primer lugar, una batalla para inundar tu mente y corazón con lo más apropiado, con lo mejor, y por eso es igualmente una batalla para evitar inundar tu mente y tu corazón con las cosas inapropiadas y peores. Así que permíteme preguntarte, cuando se trata de lo que ves, lo que miras, lo que lees, lo que reflexionas, lo que disfrutas, lo que te parece entretenido, lo que llena tu mente y emociona tu corazón, ¿cuál es tu estándar? ¿Qué invitas a entrar en tu mente, en tu corazón, en tu vida? ¿Qué es lo que desechas deliberadamente? ¿Cuál es tu estándar? A continuación compartiré tres opciones, cada una de ellas es una variación de Filipenses 4:8. 

Por lo demás, hermanos, todo lo que sea falso, todo lo deshonroso, todo lo injusto, todo lo perverso, todo lo repulsivo, todo lo indigno, si hay alguna imperfección, si hay algo indigno de honor, piensen en estas cosas: denles peso y valor, y dejen que influyan en su forma de vivir, pues lo harán. Es inevitable. 

Por lo demás, hermanos, todo lo que sea razonablemente exacto, todo lo que no sea demasiado escandaloso, todo lo que sea mínimamente injusto, todo lo que no sea salvajemente impuro, todo lo que no sea absolutamente vil, todo lo que no les haga sentir demasiado incómodos, si hay algo que no vaya demasiado lejos, si hay algo que no esté completamente desprovisto de virtud, piensen en estas cosas; llenen su mente con ellas, dejen que desciendan a lo más profundo de su ser, y vivan de acuerdo con ellas. 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. Mediten en estas cosas hasta que llenen sus mentes y corazones, y gócense mientras estas producen un comportamiento amoroso tanto para con Dios como para con el prójimo. 

La santidad comienza en la mente y se refleja en lo que dejamos entrar en el corazón. / Foto: Lightstock

Vuelvo a preguntar: ¿cuál es tu estándar? 

Recientemente, con motivo de la muerte de Alec Motyer, varias personas escribieron memorias de él y un hilo conductor fue su santidad. Tal vez Motyer se sintió profundamente impactado por estos versículos al escribir su excelente comentario sobre ellos. Mientras escribía ese comentario, plasmó este desafío: 

Hemos de meditar, estimar como valioso y dejarnos influir por todo lo que es verdadero, todo lo que amerita una reflexión seria y fomenta la sobriedad, todo lo que está de acuerdo con la justicia y la pureza moral, todo lo que es fragante y hermoso, todo lo que trae consigo una buena palabra, lo que habla bien, todo lo que tiene un valor genuino de cualquier tipo y merece alabanza. La voluntad de Dios es que, al prestar atención a las cosas que Él aprueba, formemos nuestras mentes para que se parezcan a la Suya: a quienes lo hacen, les promete Su paz protectora y Su propia presencia como el Dios de paz (Tomado de The Message of Philippians [El mensaje de Filipenses]). 

Alec Motyer / Foto: Christ church

Motyer fue precedido a la gloria por Jerry Bridges, otro hombre del que se hablaba con respeto y honor por su santidad, por su deseo de agradar a Dios en todo lo que hacía y decía. Esto es lo que escribió en su gran obra, La búsqueda de la santidad

Como creyentes ya no debemos conformarnos a los esquemas de este mundo, sino que tenemos que lograr la renovación de nuestro entendimiento (Ro 12:1-2; Ef 4:23; 1P 1:14). La santidad comienza en la mente y se extiende hacia las acciones. Ya que esto es verdad, lo que permitimos que ingrese en la mente tiene una importancia capital. Los programas de televisión, las películas que vemos en el cine, los libros y revistas que leemos, la música que escuchamos y las conversaciones en las que participamos afectan nuestra mente. Tenemos que evaluar honestamente los efectos de estos medios, utilizando Filipenses 4:8 como parámetro. ¿Son honestos los pensamientos que despiertan estas interacciones? ¿Son puros, justos, amables, excelentes y dignos de alabanza? 

Renovar la mente es un acto de santidad diaria que exige discernir qué cosas dignifican y cuáles contaminan. / Foto: Lightstock

Entonces, vuelvo a preguntar: ¿cuál es tu estándar? 

Permíteme darte la última palabra a Charles Simeón: “Piensa en su naturaleza, para que puedas darte cuenta de su alcance; piensa en su obligación, para que puedas darte cuenta de su importancia; piensa en su dificultad, para que obtengas la ayuda de tu Dios; piensa en su excelencia, para que te estimule a abundar en ellas; y piensa en sus complicados efectos en el mundo que te rodea, de modo que que hagas brillar tu luz ante los hombres, y para que otros, al contemplarla, glorifiquen a tu Padre que está en los cielos”. ¡Piensa en estas cosas!


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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