¿Cómo disfrutar amorosamente de nuestra libertad cristiana?

Un correcto entendimiento de la ley y el evangelio nos ayuda a disfrutar amorosamente de nuestra libertad cristiana.
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La doctrina de la libertad cristiana fluye de la doctrina de la libertad que tenemos en Cristo. La libertad en Cristo incluye no solo libertad de la ley como pacto, libertad del dominio del pecado y de Satanás, sino también libertad del dominio de los hombres sobre la conciencia del cristiano. Los fariseos eran maestros del dominio sobre la conciencia de otros, añadiendo reglas y leyes a las leyes del Sinaí para atar las conciencias de los hombres. Jesús los confrontó muchas veces en esto (Mt 15:1ss, 23:1ss). La enseñanza de Pablo sobre la libertad cristiana está detallada en 1 Corintios 8-10, Romanos 14 y en todo el libro de Gálatas.

Los asuntos modernos relacionados con la libertad cristiana incluyen el consumo de alcohol, la vestimenta de las mujeres, la educación de los hijos, el seguro, las cubiertas de la cabeza de las mujeres, la anticoncepción, el uso de la televisión, internet y dispositivos electrónicos, las elecciones musicales, la Escuela Dominical, los campamentos juveniles, las posturas políticas, etc. No hay duda de que la Escritura debe ser la determinante final de estas elecciones para el creyente, pero el problema de la libertad surge cuando reglas y opiniones hechas por el hombre más allá de la Escritura asumen el papel de ley para la membresía de la iglesia, la disciplina de la iglesia y la unidad de la iglesia. 

La libertad cristiana protege la conciencia del creyente de cargas que la Escritura no impone. / Foto: Lightstock

La doctrina de la libertad cristiana es necesaria para hacer que los “fuertes” sean pacientes y sacrificiales hacia los “débiles” y los “débiles” sean caritativos y respetuosos hacia los “fuertes”. La ley y el evangelio dan dirección para construir unidad en la iglesia en la doctrina de la libertad cristiana: “Unidad en las cosas esenciales, libertad en las cosas no esenciales, caridad en todas las cosas”.

Cada iglesia tiene una doctrina y práctica de libertad cristiana. El movimiento fundamentalista de los últimos 150 años ha traído confusión sobre esta doctrina a la iglesia, con frecuencia, creando división sobre opiniones fuertemente sostenidas, o bien dominando las conciencias de los cristianos con culpa falsa. El orgullo, frecuentemente, ha sido un resultado de este movimiento simplemente porque el énfasis en el comportamiento externo ha creado un ojo vigilante, un espíritu crítico y mucha autojusticia por aferrarse a ciertos comportamientos. Cada iglesia debe estar dispuesta a tener su práctica de libertad cristiana examinada a la luz de la ley y del evangelio con el fin de establecer verdadera unidad y amor, así como para enseñar a cada creyente qué es libertad y qué no lo es.

La libertad cristiana, guiada por la ley y el evangelio, nos llama a vivir en unidad, con libertad en lo no esencial y caridad en todo.

El problema más común para la libertad cristiana en las iglesias del Nuevo Testamento era el choque entre judíos y gentiles uniéndose en la misma iglesia, incluyendo el choque entre judíos helenistas y hebreos nativos. Los judíos tenían un trasfondo arraigado en las leyes mosaicas de limpio e inmundo, las leyes ceremoniales. Los gentiles tenían un trasfondo en las religiones paganas así como en la cultura de Roma y Grecia. Los judíos tendían a practicar las costumbres de la ley de Moisés en la iglesia, requiriendo en ocasiones, que los gentiles también lo hicieran. Los gentiles a menudo se rehusaban debido a su comprensión del Nuevo Pacto y de las enseñanzas apostólicas. Los judíos habían sido oprimidos y perseguidos por los gentiles, mientras que los gentiles habían sido tratados como inmundos por los judíos.

Cada uno se volvía crítico, poco amoroso e implacable hacia el otro en la sociedad. La iglesia estaba compuesta por tales cristianos. No se necesita un estudio demasiado profundo para ver los problemas de la libertad cristiana en las epístolas a Roma, Corinto, Colosas y Galacia, cada iglesia teniendo sus propios problemas distintivos relacionados con la libertad cristiana y la unidad de la iglesia. ¿Cómo debían resolverse estos asuntos?

Con respecto a la teología de la ley y el evangelio, es muy provechoso ver cómo Pablo trató los asuntos de la libertad cristiana en cada contexto eclesiástico. En todos ellos, Pablo usó la base de la ley como el filtro para juzgar un comportamiento como justo o no, y el evangelio para enseñar el equilibrio misericordioso que debe mantenerse al otorgar libertad a todos.

La libertad cristiana fue puesta a prueba desde el inicio de la iglesia, y Pablo enseñó a vivirla con verdad y misericordia para preservar la unidad del cuerpo de Cristo. / Foto: Lightstock

A. En Gálatas

El asunto de la libertad cristiana se había transformado en un evangelio falso que amenazaba la verdadera salvación de algunos cristianos profesantes. La libertad en Cristo estaba siendo amenazada por la libertad cristiana. Judaizantes habían descendido de Jerusalén, afirmando que los gentiles necesitaban ser circuncidados según el Pacto Mosaico para ser salvos. Ellos estaban enseñando una salvación de “Cristo más obras”, lo cual corrompía el evangelio de gracia sola mediante la fe sola en Cristo solo.

La razón por la cual he incluido esta discusión bajo libertad cristiana es porque Pablo había circuncidado a Timoteo con el fin de hacerlo más aceptable para los judíos como testigo del evangelio (Hch 16). Pablo sabía que ni la circuncisión ni la incircuncisión significaban nada respecto a la salvación (Ga 6); así, el hecho de que Pablo hiciera de la circuncisión un problema tan grande para los gálatas gentiles parece contradictorio en la superficie. Sin embargo, la razón de la oposición de Pablo no es que los gálatas fueran a ser circuncidados por la oportunidad de evangelizar a los judíos, sino porque ellos estaban siendo tentados a ser circuncidados para salvación.

Cuando la libertad cristiana se mezcla con obras para la salvación, deja de ser libertad y se convierte en un falso evangelio que Pablo confrontó con firmeza. / Foto: Getty Images

Entonces, ¿cómo trata Pablo el problema allí? ¡Por medio de la correcta enseñanza de la ley y el evangelio! Él establece la magnitud del asunto como una corrupción del evangelio. Él narra su reprensión a Pedro por comer con los judíos en lugar de con los gentiles debido a su apego a las leyes de limpio e inmundo. Luego, explica muy claramente que el Pacto Sinaítico y sus leyes han terminado con la venida de la Simiente a quien fueron hechas las promesas. Ya no es necesario que los cristianos, judíos o gentiles, cumplan sus estatutos pactuales dados a Israel como nación. Enseñar que uno debe ser circuncidado para ser salvo, o que debe comer ciertos alimentos para ser aceptado por Dios, es ponerse nuevamente bajo el pacto de obras de la ley para justicia delante de Dios.

En esta explicación, Pablo usa los elementos condicionales del Pacto Sinaítico como un ejemplo del pacto original adámico de “obras de la ley” para enmarcar su objeción. Los judíos interpretaron erróneamente estos elementos condicionales para salvación. Así que Pablo, por así decirlo, lanza ese error al rostro de los requisitos de los judaizantes para refutar la necesidad de la circuncisión para la salvación:

Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: “Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”. Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque “El justo vivirá por la fe”. Sin embargo, la ley no se basa en la fe. Al contrario, “El que las hace, vivirá por ellas”. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: “Maldito todo el que cuelga de un madero”, a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe (Ga 3:10-14).

En la carta a los Gálatas, Pablo enfrenta la falsa libertad recordando que la justicia no viene por la ley, sino por la fe en Cristo que nos redime de su maldición. / Foto: Jhon Montaña

Por supuesto, había gracia y fe bajo la añadidura del Pacto Sinaítico al Pacto Abrahámico. Sin embargo, las demandas de obediencia para maldición y bendición en la tierra prometida estaban condicionadas a la obediencia a toda la ley. Así que Pablo usa el elemento condicional del Pacto Sinaítico, que también fue erróneamente interpretado como salvación por obras por los judíos, para condenar la enseñanza de los judaizantes como un evangelio falso y un retorno a la autojusticia delante de Dios. El asunto no era la libertad cristiana para circuncidarse o no (como en el caso de Timoteo), sino la libertad en Cristo; libertad del pacto de obras de la ley “bajo la ley” para condenación versus la libertad de la justificación por la fe sola.

Así que Pablo enseña la visión correcta de la ley y el evangelio a fin de corregir la visión errónea de la libertad en Cristo y la libertad impuesta por los judaizantes sobre los gálatas:

Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por tanto, permanezcan firmes, y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud. Miren, yo, Pablo, les digo que si se dejan circuncidar, Cristo de nada les aprovechará. Otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley. De Cristo se han separado, ustedes que procuran ser justificados por la ley; de la gracia han caído. Pues nosotros, por medio del Espíritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor (Ga 5:1-6).

Solo una comprensión correcta de la ley y del evangelio puede evitar que la libertad cristiana destruya la libertad en Cristo.

La verdadera libertad cristiana se sostiene en la justificación por la fe sola y se pierde cuando la ley ocupa el lugar del evangelio. / Foto: Lightstock

B. En Corinto

Aquí surgió el problema opuesto al de Galacia. El asunto en Galacia era que los judaizantes influenciaban a los gentiles para que fueran circuncidados buscando la justificación, claramente una herejía y un evangelio falso. El asunto en Corinto era que los cristianos estaban siendo influenciados a comer carnes gentiles sacrificadas a los ídolos. Nuevamente, Pablo usa la ley y el evangelio para corregir el problema.

Pablo afirma que los fuertes saben que solo hay un Dios y que los ídolos realmente no significan nada. Por tanto, comer carne que ha sido sacrificada a los ídolos no es incorrecto en sí mismo. Sin embargo, el hermano débil que piensa que es incorrecto no debe ser tentado a comer contra su conciencia por el ejemplo de los fuertes. Por tanto, los fuertes deben estar dispuestos a renunciar a su libertad por causa del hermano más débil (1Co 8:1-13).

En 1 Corintios 9, Pablo se usa a sí mismo como un ejemplo de abnegación para el bien espiritual de otros. Él tiene derecho a ser sostenido como apóstol para predicar a otros (incluso la ley así lo enseña), pero renuncia a esa libertad para que nadie pueda acusarlo de motivos egoístas. Además, cuando está con los judíos, sigue sus leyes y costumbres alimentarias para que estas cosas menores no obstaculicen su predicación del evangelio a ellos. Hace lo mismo con los gentiles y come lo que ellos comen. 

En Corinto, Pablo enseña que la verdadera libertad cristiana se expresa renunciando a derechos legítimos por amor y edificación del hermano más débil. / Foto: Jhon Montaña

El punto de todo esto es que Pablo sabe que Dios ha hecho todas las cosas limpias según la ley para el cristiano; pero por causa del bienestar espiritual de otros, está dispuesto a negarse libertades lícitas para obtener la libertad de predicar el evangelio. El evangelio le permite acomodar su comportamiento de manera sacrificial porque el Nuevo Pacto ha filtrado los estatutos del Sinaí para el cristiano en cuanto a lo que es esencial, lo que no es esencial y cómo actúa la caridad con todos.

Así, la ley bajo el evangelio guía a Pablo en lo que es pecaminoso y lo que no lo es, mientras que el evangelio lo impulsa a negarse por causa de otros. Él sabe que todas las cosas son lícitas para comer, pero no todas las cosas son provechosas de hacer por causa de predicar el evangelio a otros (1Co 10:23); el evangelio predica abnegación por el bien de otros. Así que el principio de general de Pablo de la ley y del evangelio se resume al final de 1 Corintios 10:

Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. No sean motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios;  así como también yo procuro agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (1Co 10:31-33).

La ley guía a Pablo en lo que es lícito bajo el evangelio y lo que no lo es. Así es como él toma sus decisiones éticas como cristiano “bajo la gracia”. Pero el evangelio lo guía en la abnegación por causa del amor a Dios y al hombre. Por lo tanto, la libertad cristiana debe ser guiada por la ley y el evangelio juntos.

C. En Roma

El asunto en Roma es muy parecido al problema de la libertad cristiana en Corinto, pero con una excepción. Pablo exhorta tanto a los fuertes como a los débiles en Roma a permitirse libertad unos a otros (Ro 14:3, 19-23). Los fuertes deben negarse por causa de la conciencia de los débiles al comer carne o beber vino o cualquier otra cosa que pudiera tentar a los débiles a pecar contra su conciencia “equivocada”. Pero los débiles no deben condenar a los fuertes por su libertad en asuntos no esenciales según la definición de la Escritura. A ambos se les llama a negarse por causa del otro, viviendo en unidad y libertad del evangelio. Ambos deben entender que cualquier cosa que no sea de fe es pecado y conceder el mismo tipo de paciencia hacia el otro que Cristo mismo concede a ambos. Porque cada uno vive y muere para el Señor (Ro 14:3-9, 14-15).

Si una iglesia ha de llegar alguna vez a una unidad y misión, debe practicar la libertad cristiana bajo la libertad que tenemos en Cristo. La iglesia debe ser enseñada acerca de lo que es lícito y lo que no lo es para el cristiano. Es la voluntad de Dios que los fuertes y los débiles finalmente lleguen a la misma opinión acerca de lo que está en conformidad con la ley de Dios. Esto elimina los obstáculos de opiniones infundadas que destruyen la conciencia y la unidad. También elimina el obstáculo de ofensas pasadas entre judíos y gentiles para la unidad cristiana.

En Roma, Pablo llama a fuertes y débiles a vivir en libertad y unidad, renunciando a sí mismos por amor y siguiendo la paciencia de Cristo. / Foto: Jhon Montaña

Pero a la iglesia también debe enseñársele el evangelio y cómo este hace que los fuertes y los débiles vivan juntos hasta que lleguen a la misma opinión. Debemos permitir que la obra de Dios en los corazones de otros proceda a Su ritmo, no al nuestro. Por esa razón, el evangelio provee la paciencia y la gracia que necesitamos para edificar la iglesia en unidad y misión. La ley y el evangelio, correctamente entendidos, son la clave para la unidad cristiana, la unidad de la iglesia y la misión de la iglesia.


Publicado originalmente en Founders Ministries.

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Fred Malone

Fred ha servido como pastor de First Baptist Church, Clinton, Louisiana, desde 1993, habiendo servido previamente once años como pastor fundador de Heritage Baptist Church, Mansfield, Texas. Él tiene un M. Div. del Seminario Teológico Reformado en Jackson, Mississippi (1974), y un doctorado en Nuevo Testamento del Seminario Teológico Bautista del Sudoeste en Ft. Worth, Texas (1989). Es esposo de Deborah, y el feliz padre de tres hijos adultos y seis nietos. El Pastor Malone fue miembro fundador de la Junta de Founders Ministriess y ha servido como Fideicomisario para el Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, Kentucky.

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