Vuelve a Dios, que Él se volverá a ti

¿Qué hace Dios cuando pecamos? Se esconde, no por rechazo, sino por misericordia. Este texto revela por qué y cómo volver a Él.
Foto: Envato Elements

Diles, pues: “Así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘Vuélvanse a Mí’, declara el SEÑOR de los ejércitos, ‘y Yo me volveré a ustedes’, dice el SEÑOR de los ejércitos” (Zac 1:3). 

Estar en pecado es tan traumático para nosotros que, por nuestro bien, Dios se esconde. Él no se aleja; somos nosotros quienes nos alejamos y entonces nos es más difícil sentir que está cerca. Nuestro Dios no es solamente un ser Santo, sino que Él es tres veces Santo; en contraste, los seres humanos somos pecadores. Esto nos pone en una situación peligrosa: a causa de Su santidad, sentimos que Él se aleja de nosotros, o huimos de Él en temor. 

Pero, a pesar de esto, la Escritura nos muestra que Dios quiere estar cerca de Su pueblo. Revisemos cómo es que, aunque el pecado nos aleja, Él nos da los medios para que volvamos a estar cerca.

Dios invita a Su pueblo a volver, prometiendo cercanía incluso cuando el pecado nos aleja./ Foto: Lightstock

¿Por qué estar en pecado nos hace sentir temor? 

Antes de Génesis 3, donde se describe la caída, Adán y Eva tenían una relación cara a cara con Jehová. Sin embargo, tan pronto como el pecado se halló en ellos, su reacción fue esconderse. ¿Por qué? Por miedo (Gn 3:10). La Santidad de Dios es peligrosa para nosotros los pecadores. Esta es la razón por la cual Dios dijo en Éxodo 33:20: “No puedes ver Mi rostro; porque nadie me puede ver, y vivir”. La analogía o comparación más cercana en que puedo pensar es esta: mientras más nos acercamos al Sol, su brillo quema nuestros ojos hasta el punto de producir ceguera, y si seguimos acercándonos, su calor nos quema hasta la muerte.

Antes de la caída, Adán y Eva disfrutaban de una relación directa y cercana con Dios.

La reacción de Isaías al estar en la presencia de Dios fue de temor, tal y como leemos: “¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos” (Is 6:5). La reacción de Pedro en Lucas 5 no fue diferente. Después de que él había estado pescando toda la noche sin éxito, Jesús le mandó echar las redes de nuevo, y la cantidad de peces fue tan grande que las redes estaban rompiéndose, demostrando así Su superioridad sobre las fuerzas de la naturaleza. Entonces, leemos en Lucas 5:8: “Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: ‘¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!’”.

Ante la santidad de Dios, como Adán, Isaías y Pedro, reconocemos nuestra condición y nuestra necesidad de gracia. / Foto: Envato Elements

En nuestra naturaleza finita hay cosas que son imposibles para nosotros, y ¡estar en la presencia del Señor sin haber recibido perdón por nuestros pecados es una de ellas! Tal y como Pedro le rogó a Jesús, el pecador sabe que no puede estar cerca de un Dios Santo y vivir, así que el temor lo hace huir o separarse de Él.

Además, esta separación también produce un temor vulnerable en nosotros, pues quedamos a nuestra propia suerte y a merced de nuestros enemigos. Vivimos en un mundo caído, en medio de una guerra espiritual. Aunque no siempre son visibles, las fuerzas de las tinieblas son evidentes y mayores a nosotros. Sin la protección de Dios, viviríamos sobrecogidos de miedo, preocupados, ansiosos y avergonzados; sólo podemos sentirnos seguros si tenemos la certeza de que Él está con nosotros, caminando a nuestro lado.

Solo en la presencia del Dios Santo encontramos verdadera seguridad; lejos de Él, el temor nos domina. / Foto: Lightstock

Dios se esconde por nuestro bien

La única forma de erradicar el temor es por medio del evangelio: la noticia de que podemos ser perdonados y limpiados de nuestro pecado por la vida y obra de Jesucristo. Él vivió la vida santa que nosotros no podíamos vivir, murió la muerte que merecíamos y resucitó para que podamos ser declarados justos delante de Dios el Padre. La Biblia nos enseña que no solo somos perdonados de todos nuestros pecados, sino que también, por medio de Jesucristo, somos adoptados en la familia de Dios. Al estar en la condición de hijos amados, podemos decir: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Ro 8:31). Por la obra de Jesucristo ahora tenemos libre acceso a Dios y no debemos temer en acercarnos a Él.

La Biblia nos enseña que no solo somos perdonados de todos nuestros pecados, sino que también, por medio de Jesucristo, somos adoptados en la familia de Dios. / Foto: Unsplash

Ahora bien, al creer en el evangelio, no dejamos de pecar. Gálatas 5:17 nos muestra la razón: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen”. Los deseos naturales de nuestro corazón son pecaminosos y la única forma de dominarlos es por medio del Espíritu Santo, a quien Jesucristo dejó como nuestro ayudador: “Anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne” (Ga 5:16). Sin el poder del Espíritu Santo actuando en nuestras vidas, nuestro corazón nos engaña (Jer 17:9) y puede llevarnos a deslizarnos cada día hacia la autodestrucción.

El evangelio elimina el temor al mostrarnos que en Cristo somos perdonados, adoptados y fortalecidos por el Espíritu para vivir cerca de Dios. / Foto: Unsplash

Cuando pecamos, Dios no se aleja, pero se esconde. Esto es beneficioso para nosotros, porque sentir que está ausente produce en nuestros corazones el deseo de volver a Él. En el Salmo 27:5 leemos: “Porque en el día de la angustia me esconderá en Su tabernáculo; en lo secreto de Su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto”. La misma misericordia de Dios es lo que produce el vacío y dolor en nuestras vidas cuando estamos en pecado para producir nuevamente el anhelo de estar cerca de Él.

La misericordia de Dios permite el vacío del pecado para despertar en nosotros el deseo de volver a Su presencia. / Foto: Envato Elements

Servimos a un Dios misericordioso; si nos volvemos a Él en arrepentimiento, Él nos hará saber que está con nosotros: “Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones” (Stg 4:8). Sin arrepentimiento, el rostro de Dios sigue escondido, pero cuando nos volvemos a Él, Él es fiel y nos sana (Jer 3:22). Aunque Su rostro se esconda, Su oído se mantiene inclinado para oír nuestras súplicas (Sal 22:24). Él es fiel a los Suyos y “está cerca de todos los que lo invocan, de todos los que lo invocan en verdad” (Sal 145:18). Cuando nos volvemos a Él, suplicamos Su perdón y obedecemos de nuevo Sus estatutos, Su presencia de nuevo se siente cercana (Mal 3:7).

La presencia de Dios en la disciplina

No siempre sentimos que Dios está ausente, sino que podemos sentir Su presencia disciplinándonos cuando hemos pecado. Por Su misericordia, Dios nos disciplina con el propósito de sanarnos y volvernos a Él (Is 54:8). Si persistimos en el pecado, Dios mismo puede entregarnos a nuestros enemigos, para nuestro bien, con el propósito de que nos volvamos a Él (Ez 39:23). Sin Él, la vida no solamente se vuelve pesada, sino que carece totalmente de propósito.

Aun cuando disciplina, Dios busca sanarnos y atraer nuestras vidas de vuelta a Su protección y propósito. / Foto: Lightstock

Dios es un Dios bueno, misericordioso, lleno de compasión y Su anhelo es tenernos cerca para recibir Su protección y para completar los planes de bienestar que Él tiene para nosotros. Y aún más, cuando nos mantenemos cerca de Él, tenemos la garantía que “los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y Sus oídos atentos a su clamor” (Sal 34:15). Él no es un juez malo, sino un juez justo que está dándonos una nueva oportunidad de obtener los beneficios que Él anhela darnos.

Vuelve a Él, que Él se volverá a ti.

Apoya a nuestra causa

Esperamos que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, queremos preguntarte si considerarías apoyar la misión de Volvamos al evangelio.

Desde el año 2013 hemos trabajado para servir a la iglesia de habla hispana publicando recursos que apuntan a Cristo y a la verdad de las Escrituras. Nuestro deseo ha sido ayudar a personas como tú a conocer y amar más a Cristo, Su Palabra y Su iglesia. Y queremos continuar proveyendo recursos para tu crecimiento y edificación en la fe.

Volvamos al evangelio siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores como tú. ¿Considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo —a ti y a la iglesia del mundo hispanohablante—. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Equipo de Volvamos al Evangelio

¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?

Catherine Scheraldi de Núñez

Catherine Scheraldi de Núñez, es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y es conductora del programa radial «Mujer para la gloria de Dios». Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y . Puedes seguirla en twitter.

Artículos por categoría

Artículos relacionados

Artículos por autor

Artículos del mismo autor

Artículos recientes

Te recomendamos estos artículos

Siempre en contacto

Recursos en tu correo electrónico

¿Quieres recibir todo el contenido de Volvamos al evangelio en tu correo electrónico y enterarte de los proyectos en los que estamos trabajando?

.