Sobre la muerte: consuelo en Cristo frente a la temporalidad de la vida

En este extracto del libro Sobre la muerte, publicado por Poiema, Tim Keller nos invita a reflexionar sobre la muerte desde una perspectiva bíblica, considerando a Cristo, nuestro campeón que venció a la muerte, y en Él, nosotros también hemos vencido.
Foto: Envato Elements

En lugar de vivir temiendo la muerte, deberíamos verla como un estimulante espiritual que nos despierta de nuestra falsa creencia de que viviremos para siempre. Cuando estés en un funeral, especialmente el de un amigo o un ser querido, escucha la voz de Dios diciéndote que todo en la vida, a excepción de Su amor, es temporal. Esta es la realidad.

Todo en esta vida nos será quitado, excepto una cosa: el amor de Dios, que puede acompañarnos en nuestra muerte y ayudarnos a atravesarla para llegar a los brazos del Señor. Es lo único que no perderás. Sin el amor de Dios, siempre nos sentiremos fundamentalmente inseguros, y con razón.

Uno de mis profesores de teología, Addison Leitch, le contó a la clase sobre una enseñanza que dio en una conferencia misionera. Dos mujeres jóvenes que escucharon su predicación decidieron que querían entregar sus vidas al servicio misionero. Los padres de ambas se molestaron bastante con el Dr. Leitch porque sintieron que había llenado a sus hijas de fanatismo religioso. Le dijeron:

Sabes que el misionero no tiene seguridad. La paga es poca y las condiciones de vida pueden ser peligrosas. Hemos tratado de hablar con nuestras hijas. Necesitan conseguir un empleo y seguir una carrera profesional, tal vez hacer una maestría o algo así para poder tener cierta seguridad antes de irse como misioneras.

Y esta fue la respuesta del Dr. Leitch:

¿Quieren que ellas tengan seguridad? Todos estamos en una pequeña esfera de roca llamada Tierra y estamos girando en el espacio a millones de kilómetros por hora. Algún día, una trampilla se va a abrir debajo de cada uno de nosotros y caeremos por ella. Y nos encontraremos con millones y millones de kilómetros de nada o nos encontraremos con los brazos eternos de Dios. Y ¿ustedes quieren que ellas hagan una maestría que les dé algo de seguridad?

Cuando estés en un funeral, especialmente el de un amigo o un ser querido, escucha la voz de Dios diciéndote que todo en la vida, a excepción de Su amor, es temporal. / Foto: Unsplash

En la muerte, Dios dice: “Si Yo no soy tu seguridad, no tienes ninguna seguridad, porque Yo soy lo único que no te pueden quitar. Yo te sostendré en Mis brazos eternos. Todos los demás brazos te fallarán, pero Yo nunca te fallaré”.

Las sales aromáticas son muy desagradables, pero también son efectivas. Al despertar de tu delirio, puedes estar en paz porque esto es lo que Jesucristo nos ofrece si lo tenemos como nuestro Salvador por la fe.

En el libro de Hebreos dice:

Dios —para quien y por medio de quien todo fue hecho— eligió llevar a muchos hijos a la gloria. Convenía a Dios que, mediante el sufrimiento, hiciera a Jesús un líder perfecto, apto para llevarlos a la salvación… el Hijo también se hizo de carne y sangre. Pues solo como ser humano podía morir y solo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte (Heb 2:10, 14-15, NTV).

Para salvarnos, Jesús se convirtió en el “líder perfecto” de nuestra salvación a través del sufrimiento y de la muerte. La palabra griega aquí es archēgos. William Lane, un erudito de la Biblia, dice que en realidad debió traducirse como “nuestro Campeón”.

Un campeón era alguien que participaba en un combate representando a otros. Cuando David se enfrentó a Goliat, ambos pelearon como campeones de su respectivo ejército. Pelearon como sustitutos. Si ganaba tu campeón, todo tu ejército ganaba la batalla, aunque nadie moviera un dedo. Eso es lo que hizo Jesús. Él se enfrentó con nuestros mayores enemigos: el pecado y la muerte. A diferencia de David, no solo arriesgó Su vida, sino que la entregó y, al hacerlo, los derrotó. Él tomó el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados —el castigo de la muerte— como nuestro sustituto. Pero debido a que Él mismo fue un hombre que tuvo un amor perfecto y sin pecado por Dios y el prójimo, la muerte no lo pudo detener (Hch 2:24). Él se levantó de la muerte.

Es por eso que en Hebreos 2:14, el escritor dice que Él destruyó el poder de la muerte porque murió por nosotros, quitando nuestro castigo y garantizando la resurrección futura de todos los que se unen a Él por la fe. Jesucristo, nuestro gran Capitán y Campeón, mató a la muerte.

Jesús destruyó el poder de la muerte porque murió por nosotros, quitando nuestro castigo y garantizando la resurrección futura de todos los que se unen a Él por la fe. Jesucristo, nuestro gran Capitán y Campeón, mató a la muerte. / Foto: Junior Reis

Todas las religiones hablan de la muerte y de la vida después de la muerte, pero suelen proclamar que debes tener una vida buena para estar listo para la eternidad. Sin embargo, a medida que nos acercamos a la muerte, todos sabemos que ni siquiera estuvimos cerca de dar lo mejor de nosotros; no hemos vivido como debimos hacerlo. Así que nos quedamos esclavizados al temor a la muerte hasta el final.

El cristianismo es diferente. No te abandona para que enfrentes la muerte solo, esperando que tu historial sea suficiente. En cambio, te da un Campeón que ha derrotado a la muerte, que te perdona y te cubre con Su amor. Enfrentas la muerte “en Él” y con Su historial perfecto (Fil 3:9). Cuando creemos, conocemos y abrazamos estas verdades, somos liberados del poder de la muerte.

De modo que cuando Hamlet habló de la muerte como “el país desconocido de donde no regresa ningún viajero”, estaba equivocado. Alguien sí ha regresado de la muerte. Jesucristo ha destruido el poder de la muerte y “se ha abierto una grieta en las paredes implacables del mundo” para nosotros.[3] Cuando comprendemos esto por la fe, ya no debemos temerle a la oscuridad.

El apóstol Pablo escribió estas famosas líneas:

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? (1Co 15:55).

Pablo no está enfrentando la muerte de manera estoica. En cambio, se está burlando de ella.

¿Cómo puede alguien en su sano juicio mirar de frente al enemigo más poderoso de la humanidad y burlarse de él? Él mismo da la respuesta inmediatamente: “El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1Co 15:56-57). Dice que el “aguijón de la muerte” (como dice Hamlet) es nuestra conciencia, nuestro reconocimiento del pecado y del juicio ante la ley moral. Pero Cristo ya lo llevó. En realidad, lo llevó sobre Sí mismo por todos los que creen en Él.

La postura del cristianismo frente a la muerte es distinta a la de otras religiones. En vez de traer un peso difícil de sobrellevar, te da un Campeón que ha derrotado a la muerte, que te perdona y te cubre con Su amor. / Foto: Pavel Danilyuk

Donald Grey Barnhouse era pastor de la iglesia Tenth Presbyterian Church en Philadelphia cuando su esposa, que apenas se acercaba a los cuarenta años, murió de cáncer, dejándolo con cuatro hijos menores de doce años. Cuando iba de camino al funeral con sus hijos, hubo un momento en el que un camión grande pasaba por el carril de la izquierda, de modo que el auto de ellos quedó bajo la sombra del camión. Barnhouse les preguntó a todos en el auto: “¿Preferirían ser atropellados por el camión o por la sombra del camión?”. Su hijo de once años respondió: “Por la sombra, claro”. Su padre concluyó: “Bueno, eso fue lo que le sucedió a su mamá… Lo único que pasó sobre ella fue la sombra de la muerte, porque la muerte ya atropelló a Jesús”.

El aguijón de la muerte es el pecado, y el veneno entró en Jesús.

Así que todo cristiano tiene el poder para triunfar sobre la muerte de esta manera. Una vez estaba hablando con un amigo sobre su esposa, quien tiene una enfermedad crónica y que una y otra vez había desafiado las predicciones médicas y había “vencido la muerte”. Ahora estaba muy enferma de nuevo, y esta vez existía la posibilidad real de que no se recuperara. Hablando con su esposo, estuvimos de acuerdo en que no importaba lo que pasara, un creyente siempre vence la muerte, ya sea que muera o no. Jesucristo ha vencido la muerte y ahora todo lo que esta puede lograr es hacernos más felices y amados de lo que hemos sido hasta ahora. Si Jesús murió por ti y ha resucitado para ser tu Salvador viviente, ¿qué te puede hacer la muerte?


Libro: Sobre la muerte

Autor: Timothy Keller

Páginas: 27-36

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Timothy Keller

Timothy Keller (1950-2023) estudió en Gordon-Conwell y Westminster Theological Seminary. Fundó la iglesia Redeemer en la ciudad de Nueva York y la pastoreó por más de 25 años. Fue autor de reconocidos libros como Encuentros con Jesús, Dioses que fallan y Esperanza en tiempos de temor, entre otros.

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