Hay algo perversamente fascinante en observar cómo los diccionarios cambian lenta pero seguramente sus definiciones de palabras comunes. Levanta algunas preguntas, de las cuales no es la menor la que atañe al propósito mismo de un diccionario. ¿Se supone que un diccionario es un árbitro objetivo del significado de las palabras? ¿O debe enumerar subjetivamente las formas en que las palabras se utilizan entre los hablantes de una lengua concreta en un momento determinado? Son preguntas válidas, sobre todo en momentos en que se debate intensamente sobre ciertas palabras clave.
No deja de ser significativo que la palabra del año de Dictionary.com para 2022 haya sido mujer. “Es una de las palabras más antiguas de la lengua”, dicen. “Una que es fundamental no solo para nuestro vocabulario, sino para lo que somos como humanos. Y, sin embargo, es una palabra que sigue siendo fuente de inmensa importancia personal y de debate social. Es una palabra inseparable de la historia de 2022”. Explican que las búsquedas de la palabra se dispararon ese año, primero cuando se pidió a la juez Ketanji Brown Jackson que diera su definición del término (petición que ella denegó responder), luego de nuevo con la anulación del caso Roe vs. Wade y, aunque no lo mencionan, probablemente también cuando Matt Walsh estrenó su película What Is a Woman? [¿Qué es una mujer?].

Se trata de un caso raro en el que no solo una palabra es el centro de atención, sino también una definición. En Dictionary.com no fuimos los únicos que nos dimos cuenta. La prominencia de la pregunta y la atención que recibió demuestran que los temas de la identidad y los derechos de los transexuales ocupan ahora un lugar destacado en nuestro discurso. Más que nunca, todos nos enfrentamos a cuestiones sobre quién puede identificarse como mujer (o como hombre, o como ninguna de los dos). Las políticas en las que se basan estos asuntos trascienden la importancia de cualquier definición de diccionario: afectan directamente a la vida de las personas.
Dejan clara su postura sobre los diccionarios cuando insisten en que el propósito de los suyos es reflejar “cómo utiliza la gente las palabras en el mundo real” y dejan clara su postura sobre la identidad de género cuando insisten en que un “diccionario no es la última palabra sobre lo que define a una mujer. La palabra pertenece a todas y cada una de las mujeres, se definan como se definan”. En otras palabras, creen que las personas son libres de definirse a sí mismas como mejor les parezca y que un buen diccionario servirá a las personas para asegurarse de que define las palabras de manera que afirmen la identidad propia de los individuos.

Es justo señalar que los diccionarios cambian con frecuencia las palabras para adaptarse a los tiempos. Si buscamos la palabra bomba, encontraremos definiciones relativamente recientes que pueden ayudar a la gente a entender lo que significa cuando alguien dice “esa película fue una bomba” o “no grites nunca bomba” en un cine lleno de gente. Mientras tanto, también eliminan o restan importancia a las definiciones que se han quedado anticuadas. De este modo, sí esperamos que los diccionarios ofrezcan definiciones de las palabras tal y como se utilizan en la realidad.
Sin embargo, los diccionarios también se consideran fuentes de verdad, quizá incluso de verdad objetiva, y con frecuencia se utilizan para respaldar afirmaciones verdaderas. Recurrimos a los diccionarios cuando tenemos dudas y esperamos que nos orienten bien. Hemos sido entrenados para saber que cuando nos preguntamos por el significado de una palabra, por ejemplo, mujer, debemos recurrir a un diccionario para que nos oriente. Antes habríamos encontrado una definición como “ser humano adulto de sexo femenino”. Hoy, sin embargo, también podemos encontrar algo como esto: “Adulto que vive y se identifica como mujer aunque al nacer se le haya atribuido un sexo diferente” (Cambridge). (Cabe señalar que, aunque muchas personas afirman que debemos insistir en definir a la mujer como “un ser humano adulto de sexo femenino”, algunos diccionarios también han cambiado la definición de mujer por algo así como “que tiene una identidad de género opuesta a la masculina” [Merriam-Webster]).

¿Qué sentido tiene considerar cómo están cambiando los diccionarios hoy en día? Primero, afirma que en nuestros días todo es político y que todas las estructuras e instituciones de la sociedad están supeditadas a fines políticos. De allí que se espere que incluso los diccionarios desempeñen su papel cambiando las palabras en respuesta a las cambiantes narrativas culturales. Lo que hasta hace poco era impensable ha sido consagrado por las instituciones que se consideran con mayor autoridad para definir.
Segundo, afirma que en nuestra sociedad la autodefinición se considera inatacable, de modo que la definición individual de una palabra por parte de una persona debe prevalecer sobre la de un diccionario. Un diccionario puede sugerir, pero es el individuo quien lo determina. En última instancia, si digo que soy mujer, soy mujer, diga lo que diga el diccionario (o el libro de texto de biología). Porque el individuo es soberano incluso sobre las definiciones y nadie tiene derecho a decirme que me he definido de forma errónea o inexacta.

Tercero, afirma y reafirma que, como cristianos, no hay ninguna institución terrenal en la que podamos confiar plenamente, pues todas ellas están influidas por “el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que actúa ahora en los hijos de desobediencia” (Ef 2:2). Incluso los diccionarios se volverán contra el Señor, contra Su pueblo y contra Su verdad. Incluso lo convertirán en enemigo.
Pero nada de esto debe preocuparnos en gran medida porque Dios nos ha dado una fuente de verdad que reina sobre todo libro, diccionario y fuente de información. Dios nos ha dado Su verdad en Su Palabra y ella reina suprema. Y deja bien claro en Su Palabra que la mujer es un ser humano adulto, de sexo femenino, que ha sido hecho a imagen de Dios y creado como contraparte del hombre, un ser humano adulto, de sexo masculino. Varón y hembra los creó, y varón y hembra serán siempre: varón y hembra en sus cuerpos, varón y hembra en sus mentes, varón y hembra en sus formas de relacionarse con Dios, entre sí y con el mundo que les rodea. Y cuando incluso los mejores y más grandes diccionarios hayan desaparecido y se hayan convertido en polvo, esa Palabra permanecerá firme y constante, inerrante e infalible, tan confiable entonces como lo es ahora y lo ha sido siempre.
Publicado originalmente en Challies.