¿Quieres crecer? El llamado urgente a la piedad masculina

¿Qué define a un “hombre de Dios”? Seis consejos poderosos para crecer espiritualmente y vivir con propósito bajo el señorío de Cristo.
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¿Quieres crecer como un hombre de Dios?

Quizá eres un nuevo creyente. Tu carácter difiere drásticamente del de hace apenas un par de años, pero sabes que te falta mucho camino por recorrer. O quizá has sido creyente por mucho tiempo, pero te has sentido estancado espiritualmente. Te sería difícil señalar una manera en la que hayas mostrado un progreso espiritual evidente en el último año.

Si cualquiera de esos perfiles encaja contigo, este artículo, y sus dos objetivos, son para ti. El primero es darte una nueva ambición, es decir, convertirte en un hombre de Dios. El segundo es darte algunas direcciones para el camino.

El “hombre” en “hombre de Dios” es deliberado; estoy hablando particularmente a los hombres. Mucho de lo que diré también aplica a las mujeres, pero la sección penúltima se enfoca en un llamado exclusivamente masculino.

Primero, aquí está la nueva ambición. Quiero que, desde ahora hasta el día en que mueras, hagas tu ambición convertirte en un hombre de Dios. Y quiero eso para ti porque Dios lo quiere. Como Pablo escribe a Timoteo: “Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad. Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura” (1Ti 4:7-8).

La piedad es “provechosa para todo”. Es más valiosa que la fuerza física o el éxito financiero. Vale más que el currículum más robusto o la propiedad más codiciada. La piedad, a largo plazo, te hará más feliz que la satisfacción de cualquier deseo terrenal.

Entonces, ¿cómo puedes obtenerla? Aquí hay seis consejos.

Convertirse en un hombre de Dios es el llamado más valioso. / Foto: Envato Elements

Sé consciente de la brecha

Primero, sé consciente de la brecha; es decir, la brecha entre tu carácter y el de Dios. Y “brecha” ni siquiera comienza a describir esa distancia. Más bien “abismo infinito”. Pero Dios te ordena cruzarlo: “Santos serán porque Yo, el Señor su Dios, soy santo” (Lv 19:2; cf. 1P 1:15-16).

Aprende a ver y evaluar tu carácter a la luz del de Dios. Pon la Escritura delante de tus ojos como un espejo para revelar lo que falta en ti pero está presente en Él, y lo que está presente en ti pero falta en Él. “Dios es luz, y en Él no hay ninguna tiniebla” (1Jn 1:5). ¿Qué tinieblas están presentes en ti? ¿Qué luz falta? Si quieres puntos de referencia específicos para medirte, estudia el Sermón del Monte (Mt 5-7), el fruto del Espíritu (Ga 5:22-23) y los requisitos para pastores (1Ti 3:1-7; Tit 1:5-9).

Una buena manera de volverte más consciente de esta brecha es buscar y estudiar a hombres piadosos. ¿A quién conoces que irradie más de la santidad, el gozo y el amor de Dios que tú? Conócelo. Acércate a él. Averigua cómo ha logrado el progreso que tiene y haz lo que él hace (más sobre modelos en un momento). La brecha entre tu carácter y el suyo puede ayudarte a ver la brecha infinitamente mayor entre tu carácter y el de Dios. Pero no solo eso: aprender cómo un hombre más piadoso llegó a ser más piadoso puede impulsar tu progreso en la piedad.

Una buena manera de volverte más consciente de esta brecha es buscar y estudiar a hombres piadosos. / Foto: Unsplash

Encuentra nuevas motivaciones

El cambio real proviene del corazón. Esto requiere (aunque de ninguna manera se limita a) un nuevo conjunto de motivaciones que debes encontrar. Para hacer cualquier progreso duradero en la piedad, tu motivo principal debe ser glorificar a Dios: “Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1Co 10:31). Entrena tu corazón para amar la gloria de Dios más que la tuya, para amar alabar a Dios más que recibir alabanzas. Haz que tu ambición sea agradar a Dios en todo lo que haces (2Co 5:9).

En nuestro versículo central, Pablo promete que la piedad es de valor en todo sentido. ¿Cuál es el valor añadido de la piedad? ¿Qué debería motivarte a perseguirla? La piedad te da un poder mayor que cualquier destreza física, alcance tecnológico o fuerza militar: “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Pro 16:32). La piedad te da una libertad más profunda que cualquier otra: libertad de la tiranía del yo y de la esclavitud del pecado. Como Jesús promete: “Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8:31-32). La piedad te da contentamiento, que es ganancia mayor que cualquier acumulación de tesoros terrenales. “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él” (1Ti 6:6-7).

¿Quieres poder, libertad o ganancia duradera y segura? Encontrarás la mejor, y la única confiable, forma de todos esos bienes en la piedad. Así que trabaja para recalibrar continuamente tus motivaciones.

La piedad empieza donde nacen de un corazón entrenado para vivir para la gloria de Dios. Allí hay verdadero poder, libertad y una ganancia que no se desvanece. / Foto: Unsplash

Forma hábitos transformadores

Para hacer esto, necesitas formar hábitos transformadores, especialmente el estudio de la Escritura, la meditación y la oración en privado y con otros. El libro de Donald Whitney Disciplinas espirituales para la vida cristiana es una guía práctica y desafiante para estos hábitos, al igual que Hábitos de gracia de David Mathis.

Si no tienes el hábito de comulgar regularmente con Jesús mediante tiempo en Su Palabra y oración, así es como te animaría a comenzar. Sea cual sea tu horario de la mañana, levántate un poco más temprano, incluso solo veinte o treinta minutos. Lee algo en la Escritura: podría ser un Salmo o un capítulo de Proverbios, o podría ser el pasaje que tu pastor va a predicar el próximo domingo, y encuentra algo que puedas convertir en oración.

¿Qué en el pasaje puedes usar para alabar a Dios? ¿Qué pecados en tu vida revela el pasaje? ¿Qué razón te da el pasaje para agradecer a Dios? ¿Qué te enseña a pedir a Dios? Convierte la lectura de la Escritura en oración y aun un corto tiempo con Cristo puede convertirse en un motor de recarga regular para la transformación diaria hacia Su carácter.

Necesitas formar hábitos transformadores, especialmente el estudio de la Escritura, la meditación y la oración en privado y con otros. / Foto: Lightstock

Consigue nuevos modelos

Todos tienen modelos. Incluso si no lo admites conscientemente, presentándote como un individualista intrépido, es probable que haya hombres a quienes te esfuerzas por parecerte. Ya sea en asuntos personales o profesionales, superficiales o sustanciales, hay hombres que conoces, o al menos conoces de ellos, a los que quieres parecerte. Y si no has estado esforzándote conscientemente por la piedad durante los últimos años, entonces es probable que necesites nuevos modelos.

Así que encuentra a los hombres más piadosos que puedas, acércate a ellos lo más que puedas y aprende todo lo que puedas de ellos. Eso es lo que el apóstol Pablo le dijo a toda la iglesia de Filipos que hiciera: “Hermanos, sean imitadores míos, y observen a los que andan según el ejemplo que tienen en nosotros” (Fil 3:17). Y nuevamente: “Lo que también han aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practiquen, y el Dios de paz estará con ustedes” (Fil 4:9).

Encuentra a los hombres más piadosos que puedas, acércate a ellos lo más que puedas y aprende todo lo que puedas de ellos. / Foto: Envato Elements

Encuentra formas de ejercer paternidad

Una definición casi universal de la hombría es producir más de lo que consumes (ver, por ejemplo, Roy Baumeister, ¿Hay algo bueno acerca de los hombres?). Es fácil ver cómo funciona eso en un sentido económico, material: para proveer a una familia, necesitas ganar más de lo que usas. Debes ser un generador de excedentes. Y trabajar duro para proveer a otros es un mandato bíblico básico que recae especialmente sobre los hombros de los hombres (1Ti 5:8).

Pero esta definición abreviada de hombría, que produces más de lo que consumes, no solo se aplica a traer comida a casa. También tiene una profunda relevancia espiritual. Todos tenemos cargas, y necesitamos ayuda para llevarlas (Ga 6:2). Todos tenemos sabiduría limitada, así que todos necesitamos consejeros (Pro 24:6). Pero un hombre espiritualmente productivo es alguien que carga más de lo que necesita que otros carguen por él, y que dispensa más sabiduría de la que necesita recibir, un exportador neto para otros de bien y ganancia espiritual. Así que esfuérzate por ser un productor espiritual. Esfuérzate por tener tus deseos tan bajo control, tu corazón tan alineado con la voluntad de Dios y tu mente tan transformada por Su Palabra, que acumules un excedente de ayuda espiritual que puedas compartir regularmente con otros.

Crecer en piedad es convertirse en fuente, no solo en consumidor. / Foto: Lightstock

Otra forma de decir esto es: encuentra formas de ejercer paternidad. Si eres padre, instruye a tus hijos en todos los caminos de Dios (Ef 6:4). Si eres soltero y deseas casarte, busca el tipo de santidad, competencia, habilidad de liderazgo y madurez que te hará no solo material atractivo para ser un esposo, sino también listo y ansioso por ser un padre. La paternidad, tanto natural como espiritual, es la forma distintiva de la madurez masculina. Un padre provee y protege. ¿Qué tipo de hombre necesitas llegar a ser para proveer y proteger fielmente a otros tanto de maneras materiales como espirituales?

Haz que la membresía importe

Finalmente, haz que la membresía importe, es decir, la membresía en la iglesia. El Nuevo Testamento asume que todos los cristianos pertenecerán a reuniones locales de cristianos que se congregan regularmente y están mutua y conscientemente comprometidos unos con otros (por ejemplo, 1Co 5:1-13). Estoy poniendo esto al final, pero en cierto sentido realmente va primero.

La membresía en la iglesia es el contexto crucial y formativo para los otros cinco puntos que han venido antes. Encontrar, comprometerte y entregarte por completo a una iglesia que predique el evangelio es la mejor forma de exponerte regularmente al carácter de Dios, a recordatorios de motivos evangélicos para la piedad, a ayuda para formar hábitos espiritualmente fructíferos, a modelos piadosos a seguir y a oportunidades para llevar las cargas de otros y edificarlos en amor.

Estos seis puntos son solo un comienzo, quizás un impulso inicial para el largo y, con frecuencia, difícil camino de crecer en piedad. Pero la buena noticia sobre la membresía en la iglesia es que, cuando te reúnes regularmente con un cuerpo de creyentes comprometidos con Cristo y entre sí, cada domingo es un nuevo comienzo. Y la comunión con otros hombres piadosos que están esforzándose en la misma dirección puede refrescar continuamente tu corazón en tu búsqueda de ser más como Cristo.


Este artículo se publicó originalmente en Desiring God.

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Bobby Jamieson

Bobby Jamieson es pastor asociado de Capitol Hill Baptist Church en Washington, D.C. Él es el autor de los libros Understanding Baptism [Entendiendo el bautismo] y Understanding the Lord’s Supper [Entendiendo la Cena del Señor].

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