¿Por qué tanto afán con el tiempo?

Los cristianos hablan mucho acerca del tiempo. Se nos dice que redimamos el tiempo, que hagamos cosas difíciles y que no desperdiciemos nuestras vidas.
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Los cristianos hablan mucho acerca del tiempo. Se nos dice que redimamos el tiempo, que hagamos cosas difíciles y que no desperdiciemos nuestras vidas. La mayoría de nosotros lo hemos escuchado cientos de veces, y estamos tan familiarizados con ello que nos perjudica. Es uno de esos conceptos con los que todos los seguidores de Jesús están de acuerdo, pero a la hora de practicarlo estamos perdidos. Lo decimos, publicamos acerca de ello y leemos las palabras, pero vivimos como si no las creyéramos. Estamos de acuerdo con que el evangelio cambia lo que somos. Cambia cómo nos relacionamos con la iglesia, por supuesto. Cambia nuestras disciplinas y nuestra forma de ver el pecado, el discernimiento, la lectura, la música, los sermones, las redes sociales… listo, listo, listo. Pero ¿qué hago hoy en la mañana? Ahí es donde nos atascamos. ¿Cómo es que el evangelio cambia mis sábados? Ahí es donde caemos en la trampa del egoísmo, y de repente la manera en que pasamos el tiempo luce exactamente igual a la de todos los demás. Nos ahogamos en las ocupaciones, nos estancamos en la pereza o nos quedamos atrapados en el limbo. Necesitamos ayuda. Pero antes de eso, retrocedamos un minuto y preguntémonos: ¿Por qué es necesario tener esta conversación? ¿Por qué tanto afán con el tema del tiempo? Primero, porque el tiempo es tremendamente importante. Jonathan Edwards decía que el tiempo es más valioso que el dinero. Su razonamiento era que el dinero que perdemos puede volver a ganarse, pero el tiempo que perdemos no. Esos cinco minutos por aquí y por allá suman días y semanas y años. Suman toda tu vida. Lo que hagas hoy tiene un impacto eterno. Aún más, Dios nos ordena usar bien nuestro tiempo. Efesios 5:16 nos llama a “[aprovechar] al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”. Vivimos en una época de idolatría, y la Palabra de Dios demanda que nuestras vidas sean diferentes a las de las personas que nos rodean. Nos llama a invertir nuestros minutos y horas tratando de honrar a Jesús en lugar de estar procurando placeres temporales para nosotros mismos (Col 4:5). Finalmente, y quizá lo más importante, nuestro tiempo no nos pertenece. Solo somos mayordomos de esta vida y somos responsables delante de Dios por lo que hacemos con ella (1P 4:10). Esa es la verdad profunda que hemos perdido. Hemos olvidado que nuestro rol en el uso del tiempo no es el de un amo, sino el de un administrador. Dios es el que nos ha dado esta vida, y aún le pertenece. No tenemos la libertad de usar nuestro tiempo como queramos. Así como Él nos ha confiado una medida de dinero y de talentos, solo somos mayordomos de Sus posesiones. Y tendremos que responder delante de Él por lo que hagamos con ellas. ¿Cómo podemos invertir Su tiempo exactamente? Cómo perder tu tiempo Jonathan Edwards tenía un miedo intenso de perder el tiempo. Un miedo realmente intenso. Leer sus resoluciones siempre me trae claridad. Piensa, ¿qué clase de chico de diecinueve años escribe: “Resuelvo nunca hacer nada que temería hacer si supiera que no falta más de una hora para escuchar la trompeta final”? Pero Edwards entendió algo que nosotros normalmente no entendemos. Él sabía que la vida es breve y que solo vale la pena si se vive para la gloria de Dios. Él entendió que perder el tiempo es un resultado directo de quitar nuestros ojos del evangelio.

  • No hagas las cosas que sabes que deberías hacer.
  • Abusa de las redes sociales.
  • Ocúpate con las cosas incorrectas u ocúpate por las razones equivocadas.
  • Evita tus problemas con distracciones.
  • No descanses.

El problema es que sí quitamos los ojos del evangelio, y eso quiere decir que desperdiciamos el tiempo. _________________________ Este artículo fue adaptado de una porción del libro Esto lo cambia todo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace. _________________________ Página 114-116

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