En esta era que vocifera a las mujeres que “tomen todo lo que puedan”, “que sus voces se hagan escuchar”, “derriben lo que les estorba o quien les estorba para construir sus reinos”, las hijas de Dios deben estar preparadas para decir: “No, yo seguiré a Cristo y lo imitaré”. ¿Has sido tentada en escuchar la voz del enemigo que viene por medio de la cultura diciéndote quién ahora puedes ser? Meditemos juntas sobre lo que Dios dice al respecto.
Esta necesidad ardiente de derribar a los esposos y a los hombres en general, de crear una plataforma para nosotras mismas que emana con tanto entusiasmo de nuestro ser, no es nuevo. Es el resultado de la misma mentira que dijo la serpiente a la mujer en Génesis 3. Lo que sí es nuevo, es ver como esta mentira acapara cada vez más el corazón de las mujeres cristianas. Y, con la entrada de las redes sociales, tenemos un medio de desgracia que nos ayuda con esa vieja tendencia heredada de querer ser nuestro propio dios.

¿Estás derribando a tu esposo y a otros hombres?
Las mujeres deben derribar fortalezas en sus mentes, amenazas del mundo y del enemigo que vienen a su vida y familia, en lugar de derribar a sus esposos y a otros hombres en sus vidas. Derribar es fácil, ¿lo has notado? Construir y ordenar es más difícil, ¿por qué? Porque para construir, para la gloria de Dios, seguramente tenemos que derribar aquellas actitudes que no queremos dejar.
Después de la caída en Génesis 3, el individualismo sustituyó al “nosotros”, el hacer equipo con el hombre, y el olvidar que: “Primero es Dios y, por último, yo”. La característica del pecado es que distorsiona lo bueno de Dios para que persigamos más el pecado que a Dios o para que encontremos en el pecado nuestra satisfacción. Esa distorsión nos impide construir según la voluntad de Dios. En vez de construir para Su gloria, derribamos para la nuestra.

No nos equivoquemos, el pecado siempre nos apunta a nosotras. Y, tiene un as bajo la manga: te derribaré… te destruiré. El pecado es malvado, procede de las fosas del infierno, así que te da lo que quieres para luego destruirte. Tú piensas que estás derribando lo que es justo, cuando realmente te estás hundiendo. Dios ya ha trazado el verdadero camino para construir: sobre la roca que es Cristo.
Y mira lo irónico del asunto, al seguir al pecado, es cuando destruimos lo bueno que Dios nos ha dado. Lo que nos lleva a desobedecer 2 Corintios 10:5 que nos manda a derribar “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Cuando no cumplimos el mandato de Dios, terminamos derribando a nuestros esposos al hablarles con palabras hirientes, deshonrosas y desafiantes. Derribamos su autoridad en nuestros hogares cuando les gritamos, les avergonzamos enfrente de otros, especialmente de nuestros hijos, y cuando caminamos solas sin tomarlos en cuenta.

Derribamos el liderazgo de los pastores cuando murmuramos contra ellos, cuando exigimos, nos burlamos o dejamos de servir por estar en desacuerdo con sus decisiones sin antes orar y esperar en el Señor. Derribamos nuestro hogar, como la mujer insensata (Prov. 14:1), cuando somos obstinadas en nuestra razón o en queja constante y cuando criamos según la cultura de este mundo.
Amada hermana, estas palabras no son para hacer un juicio en tu contra, tienen el propósito amoroso de hacerte meditar. Lamentablemente, muchas veces nos enojamos y nos justificamos por nuestras actitudes, en vez de derribar nuestras creencias erróneas centradas en nosotras. Todo lo que he nombrado es el resultado de corazones que no están arraigados a Dios y Su Palabra, pues no se trata de modificar una conducta, sino de afianzarte en tu relación con Dios, en arrepentimiento y fe para ser transformada por el Espíritu en tus afectos por Él. Hermana, ¿estás construyendo una relación con Dios o la estás derribando?

¿En dónde estás construyendo?
La buena noticia es que la Biblia nos enseña que Dios ordenó el caos de este mundo, para que Su luz y Su mano poderosa creadora, fuera visible y obre para el bien de Sus hijos. Es decir, construir y ordenar es un atributo de Dios, el cual podemos imitar.
Las mujeres deben construir en el reino de Dios, no en la plataforma de ellas mismas. ¿Qué sucede cuando derribas lo que no debes derribar? Simultáneamente, estás construyendo lo que no debes construir. Dios nos ha llamado a construir en Su reino y para Su reino, no para el nuestro. Mujeres, ¿podemos reconocer que diariamente pensamos más en nosotras que en Dios? La verdad, no somos valientes cuando hacemos lo que el mundo dice, sino que, somos más valientes cuando admitimos que Dios y Su reino no es lo primero que tenemos en mente, y que tampoco es la motivación natural de nuestro corazón. Y justo este, es un buen comienzo para derribar toda altivez que se levanta contra Cristo.
Construir en Su reino no se trata de nosotras, pues solo somos administradoras. Construir en Su reino es amar a nuestros esposos y honrarlos. Significa discipular a nuestros hijos para guiarlos a salvación y santificación cada día. Significa ser parte de una iglesia local y servir a nuestros hermanos y hermanas, someternos a un liderazgo y permanecer en esa comunidad. Significa proclamar el reino de Dios con palabras y acciones para que otros lo conozcan, justo como dijo Jesús en Mateo 5:16: “Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”.

Construir en Su reino nos derriba a nosotras; derriba nuestros argumentos que se vuelven fundamentos sobre los cuales respondemos en contra de Dios. Somos mujeres sabias cuando construimos sobre la Roca, y vivimos con la perseverancia de estar en Su Palabra que derriba nuestros vanos pensamientos para abrazar los pensamientos de Dios. Entonces, cuando descienda la lluvia, vengan los ríos, soplen los vientos y golpeen tu casa y tu corazón, no caerán porque está fundada sobre la roca que es Cristo. Hacer Su voluntad es buena para nuestra alma. Te invito a meditar en cómo respondes a Dios en tus relaciones con varones y a la autoridad en general, y la compares con lo que dice Su Palabra, y luego, pídele a Dios que te libre de caer en el engaño para que puedas vivir en Su verdad.