Enero 30
He visto sus caminos, pero lo sanaré. Lo guiaré y le daré consuelo a él y a los que con él lloran (Isaías 57:18).
Aprendamos doctrina de los textos bíblicos. Perdura más de esa manera y alimenta el alma.
Por ejemplo, aprendamos de los textos sobre la gracia irresistible. Así veremos que no significa que la gracia no pueda ser resistida; significa que cuando Dios escoge, Él puede vencer, y vencerá a esa resistencia.
En Isaías 57:17-19, Dios castiga a Su pueblo rebelde al herirlo y esconder de él Su rostro: “A causa de la iniquidad de su codicia, me enojé y lo herí. Escondí Mi rostro y me indigné” (v. 17).
Aún así, ellos no respondieron con arrepentimiento. Por el contrario, continuaron con reincidencias. Se resistieron: “Y él siguió desviándose por el camino de su corazón” (v. 17).
Por tanto, podemos resistirnos a la gracia. Es más, Esteban dijo de los líderes judíos: “Ustedes… resisten siempre al Espíritu Santo” (Hechos 7:51).
Entonces ¿qué hace Dios? ¿Será que no tiene el poder para traer al arrepentimiento y plenitud a aquellos que se resisten? No es así. El versículo siguiente en Isaías 57 dice: “He visto sus caminos, pero lo sanaré. Lo guiaré y le daré consuelo a él y a los que con él lloran” (v. 18).
Es así que, frente a una reincidencia terca que se resiste a la gracia, Dios dice: “lo sanaré”. Él restaurará o hará completo o entero el consuelo. Dios promete que dará shalom o paz. Esta plenitud y paz se menciona en el versículo siguiente, que explica cómo Dios hace que un reincidente que se resiste a la gracia se vuelva a Él.
Lo hace de la siguiente manera: “produciré fruto de labios: ‘Paz, paz [shalom, shalom] al que está lejos y al cercano’, dijo Jehová; y lo sanaré» (v. 19 RV60). Dios crea lo que no existe. Es así como somos salvos; y es así como nos volvemos de nuestras reincidencias.
La gracia de Dios triunfa sobre nuestra resistencia al crear alabanza donde no existía. Él trae shalom, shalom al que está cerca y al que está lejos. Plenitud, plenitud al que está cerca y al que está lejos. Lo hace restaurando, es decir, reemplazando la enfermedad de la resistencia con la solidez de la sumisión.
El punto de la gracia irresistible no es que no podamos resistirla. Podemos, y lo hacemos. El punto es que cuando Dios decide hacerlo, Él vence nuestra resistencia y restaura un espíritu sumiso en nosotros. Él crea y dice: “Que se haga la luz”. Él sana, guía, restaura, consuela.
Por tanto, nunca hacemos alarde de que hayamos logrado salir de una reincidencia. Nos postramos ante el Señor, y con gozo y temblor le agradecemos por Su gracia irresistible.
Devocional tomado del artículo “Grace Is Resistible… Until It’s Not”.
