Marzo 7
“El eunuco le dijo a Felipe: Le ruego que me diga, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. Hechos 8:34-35
A medida que avanzamos por la Biblia, reconocemos que Jesús no surgió de la nada. De principio a fin, la Biblia es un libro sobre Él. De hecho, incluso los profetas del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu, escribieron sobre Jesús. Por lo tanto, si quitamos nuestros ojos de Cristo, sin importar qué tan bien conozcamos la Escritura, nos habremos perdido de su centro, de su clave y de su héroe.
En los Evangelios, Jesús señaló a los profetas del Antiguo Testamento para ayudar a los demás a entender quién era Él. En una ocasión, al principio de Su ministerio, se encontraba leyendo en una sinagoga del rollo de Isaías. Cuando terminó, Lucas nos informa, “comenzó a decirles” a los que lo escuchaban: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído” (Lc 4:21). Más adelante, mientras hablaba con personas especialmente interesadas y conocedoras del Antiguo Testamento, Jesús les advirtió: “Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna… ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!” (Jn 5:39). Después de Su muerte y resurrección, cuando encontró a algunos de Sus abatidos seguidores en el camino a Emaús, Jesús, “Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras” (Lc 24:27).
En otras palabras, Jesús claramente enseñó que cada parte del Antiguo Testamento encuentra su enfoque y su cumplimiento en Él.
Cuando lees la Escritura, te encuentras con Jesús, porque este libro da testimonio de Él. Incluso si nuestro estudio y entendimiento de los pasajes del Antiguo Testamento nos enseñan verdades éticas buenas e importantes sobre la vida, existe un gran peligro de que nos perdamos de la Verdad, Jesús. El propósito de cada página de tu Biblia es que te encuentres con Jesús, que llegues a conocerlo y que proclames Su gran nombre, todo para Su gloria.
En cada sermón que escuches, en cada lección que estudies y en cada pasaje que leas de la Palabra de Dios, pregúntate: “¿Me llevó a Cristo? ¿Descubrí a Jesús en esto?” Y no dejes de escuchar, estudiar y leer hasta que tu respuesta sea: “Sí”, porque en Él se encuentran los tesoros de la salvación, la verdad, la sabiduría y el consuelo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
