Haz compañerismo con gente piadosa

Una vez que nos hemos comprometido con la comunión en la iglesia local como nuestra principal prioridad, también podemos buscar otras relaciones cristianas con amigos o mentores, e incluso podemos tener comunión con los santos de antaño a través de sus libros y sermones.
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Una brasa que se deja sola pronto se enfría, pero las brasas que se colocan juntas seguirán brillando, ardiendo con fuerza e incluso encendiendo a otras. Los cristianos se asemejan a las brasas, porque nosotros, también, debemos estar unidos para crecer. «El que anda con sabios será sabio» (Proverbios 13:20), lo que significa que quien camina con los piadosos llega a ser piadoso. De hecho, quien anhela ser piadoso debe caminar con los piadosos, porque Dios ha decretado que la piedad no se alcanzará en aislamiento, sino en comunidad.

Hoy continuamos analizando las «8 reglas para crecer en la piedad», una serie de instrucciones para llevarnos a una conformidad cada vez mayor con la imagen de Jesucristo. La séptima regla es esta: Comunión con personas piadosas. Aquí puedes leer la regla 1, regla 2, regla 3, regla 4, regla 5 y regla 6.

Sazonado por los sazonados

«Vosotros sois la sal de la tierra», dice Jesús a Sus seguidores. «Pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres » (Mateo 5:13). Los cristianos somos la sal de la tierra. Pero, ¿de qué manera?

Aunque la sal tiene muchos propósitos, lo más común es que se utilice para dar sabor y conservar. La sal condimenta los alimentos, realzando su sabor natural. También conserva los alimentos, impidiendo que se descompongan. Los cristianos, entonces, deben sazonar este mundo impío con el sabor de la piedad y preservar este mundo decadente de seguir completamente su curso destructivo. Lo hacemos estando en el mundo, pero no perteneciendo al mundo, mostrando un carácter piadoso que contrasta con la impiedad circundante.

Pero en esto hay un desafío continuo, porque somos propensos a conformarnos al mundo y no a Jesucristo. Cuando dejamos de ser salados, empezamos a descuidar el llamado que Dios nos ha hecho. Aunque la sal no puede realmente perder su salinidad, es propensa a la contaminación y, de esa manera, puede llegar a ser ineficaz o incluso peligrosa para el sabor o la conservación. Del mismo modo, los cristianos no pueden perder su salvación, pero pueden caer en patrones de negligencia o impiedad y, de ese modo, volverse ineficaces o incluso peligrosos para llevar a cabo la misión que Dios nos ha dado. Por tanto, debemos ser salados, debemos mantener esas cualidades que nos hacen distintos del mundo que nos rodea.

Esta salinidad también tiene una función importante dentro de la comunidad de cristianos, ya que los creyentes comienzan su vida cristiana careciendo de las cualidades que sazonarán sus vidas con piedad y las preservarán para toda la vida. Gran parte de su condimento proviene de la instrucción y la imitación de los que ya están sazonados, los que tienen una larga experiencia en hacer morir el pecado y en vivir para la piedad. Los cristianos deben ser sazonados si han de crecer y perdurar y esto depende de la comunión con personas piadosas. Una de las maneras en que crecemos en conformidad con Jesucristo es creciendo en conformidad con aquellos que lo aman más y le sirven mejor.

Por eso, Pablo instruye a los hombres mayores para que primero busquen la piedad y luego discipulen a los más jóvenes, enseñándoles a imitar ese carácter piadoso (Tito 2:2, 6). También instruye a las mujeres mayores para que sean piadosas y «que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (4-5). Es responsabilidad de todos los cristianos tener comunión con personas piadosas, primero para ser enseñados y luego para enseñar, primero para seguir el ejemplo y luego para darlo.

Lo que nos falta, lo que necesitamos

Los nuevos creyentes inician (su vida cristiana) con una evidente carencia de varias cualidades importantes. Hasta ese punto de sus vidas se han entrenado para pensar como incrédulos y no  como creyentes, y han acumulado patrones de depravación en vez de patrones de piedad. Tienen mucho que aprender y desaprender.Como cristianos, ahora deben esforzarse por dejar de conformarse al mundo y, en cambio, ser transformados mediante la renovación de la mente (Romanos 12:2). En la medida en que sus mentes sean renovadas, sus acciones seguirán el mismo camino.

Para experimentar este tipo de renovación de la mente y el comportamiento, los cristianos necesitan el consejo de los santos experimentados. Tienen mucho que aprender, pero poco conocimiento de las obras y caminos de Dios. Tienen que tomar decisiones importantes, pero tienen poca sabiduría. Tienen hermanos y hermanas a quienes servir, pero poco amor por Dios o por el prójimo. Así que, deben depender de aquellos que tienen un mayor conocimiento, más sabiduría y más amor, los cuales pueden guiarlos en el camino que deben seguir.

Los cristianos necesitan las oraciones de los santos experimentados. Dios elige actuar a través de las oraciones de Su pueblo. Los cristianos deben orar unos por otros y unos con otros, encomendando su camino al Señor individual y corporativamente. «La oración eficaz del justo puede lograr mucho», y nadie tiene mayor necesidad de oración que los que acaban de ser establecidos en su fe (Santiago 5:16). Es mejor modelar la oración que enseñarla, y la mejor escuela de oración es escuchar a otros buscar al Señor en adoración, confesión, acción de gracias, intercesión y súplica.

Los cristianos necesitan el fervor de los santos experimentados. El fervor cristiano es el ejercicio del fruto del Espíritu a un alto nivel, involucrando todo el ser en glorificar a Dios, haciendo el bien a los demás. El fervor puede ser desarrollado o no, maduro o inmaduro, útil o dañino. Los creyentes aprenden unos de otros, tanto la importancia del fervor como su correcto ejercicio. El fervor es contagioso, por lo que se convierten en personas piadosas y útiles cuando se rodean de personas fervorosas.

Los cristianos necesitan el ejemplo de los santos experimentados. Los cristianos son personas del Libro, que se sumergen deliberadamente en la Palabra de Dios, confiando en que es suficiente y necesaria para guiarlos a toda piedad. Por ello la leen, la estudian, la escuchan al ser predicada y meditan en ella. Sin embargo, inevitablemente muchas de sus verdades se aprenden por imitación, razón por la cual Pablo le decía al joven Timoteo que «diera ejemplo» y a menudo les decía a otros: «Imitadme» (1 Timoteo 4:12; 1 Corintios 4:16, 11:1). Es en la vida cristiana donde vemos cómo se vive la verdad y se muestra la piedad. No importa la edad que tengamos o lo avanzados que estemos como cristianos, seguimos necesitando el ejemplo de otros para que nos muestren el camino para soportar las pruebas, para vivir vidas justas y para morir piadosamente.

Conclusión

Si hemos de conformarnos a la imagen de Jesucristo, debemos estar en estrecha comunión con el pueblo de Cristo. Dependemos de su consejo, sus oraciones, su fervor y su ejemplo. Dependemos de su amor. En última instancia, confiamos en que así como Cristo ha obrado en ellos y a través de ellos, obrará en nosotros y a través de nosotros. Por esa razón, debemos rodearnos deliberadamente de personas piadosas, teniendo comunión con ellos primero en el contexto de la iglesia local. Porque es en la iglesia local donde nos estimulamos unos a otros al amor y a las buenas obras, donde amamos y somos amados, donde vivimos juntos en comunidad mientras esperamos el día del regreso del Señor (Hebreos 10:24-25).

Una vez que nos hemos comprometido con la comunión en la iglesia local como nuestra principal prioridad, también podemos buscar otras relaciones cristianas con amigos o mentores, e incluso podemos tener comunión con los santos de antaño a través de sus libros y sermones. A través de todo esto, amamos, apreciamos y perseguimos la tremenda bendición de la comunión con los piadosos. No podemos esperar crecer en piedad sin ella.

Las «8 reglas para crecer en piedad» han sido extraídas de la obra de Thomas Watson. Estas son las palabras que inspiraron este artículo:«Rodéate con frecuencia de los piadosos: son la ‘sal de la tierra’, y  ayudarán a sazonarte. Sus consejos te pueden orientar, sus oraciones pueden avivarte: tales chispas santas pueden ser arrojadas a tu pecho, como pueden encender la devoción en ti: es bueno estar entre los santos para aprender el oficio de la piedad, Prov. 13:20. ‘Él que anda con sabios será sabio’

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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